Mejor otro día: Que hoy no lo veo…

Mejor otro día

Mejor otro día

Título Original: A long way down

Director: Pascal Chaumeil

Guión: Jack Thorne

Reparto: Pierce Brosnan, Aaron Paul, Toni Collette, Rosamund Pike, Sam Neill, Imogen Poots

Reino Unido – Alemania / 2014 / 96′

Productora: Wildgaze Films / BBC Films / DCM Productions

No estoy muy segura de si Mejor otro día era justo lo que iba buscando. Lo que tengo claro es que, a grandes rasgos, básicamente me ha dado lo que demandaba: drama, comedia y final con moraleja…

No estoy muy segura de si Mejor otro día era justo lo que iba buscando. Lo que tengo claro es que, a grandes rasgos, básicamente me ha dado lo que demandaba: drama, comedia y final con moraleja.

La historia comienza como nos la pinta el tráiler. Hay pocos secretos: Martin Sharp (Pierce Brosnan), un afamado presentador de televisión, tras haberse enrollado con una niña de quince años, lógicamente lo echa todo a perder; matrimonio, trabajo y reputación. Humillado, decide terminar con su vida precisamente la noche de Nochevieja, y para ello, acude a la azotea de un emblemático rascacielos. Y bien, aunque todo esto suene muy melodramático, desde el momento en el que la voz en off de Brosnan nos va desgranando a grandes rasgos lo ocurrido, al mismo tiempo que se pertrecha para llevar a cabo dicha fechoría, nos obliga a interesarnos, entre risas, por la situación. Pero ¿y qué podría ocurrir si un suicida sube posiblemente en una de las noches más tristes del año, para algunos, acudiendo además a uno de los edificios con mayor índice de suicidios? Pues claro, lo que termina sucediendo: overbooking, señoras y señores. Y a partir de ahí, en una sucesión de diálogos y apariciones absolutamente brillantes, Pascal Chaumeil, su director, nos presenta a unos personajes de lo más variopintos, pero que bien analizados, cubren un amplio rango de posibles perfiles aptos para el suicidio.

Aaron Paul e Imogen Poots en Mejor otro día

Sea como fuere, la aparición de la chispeante, aunque loca de atar, Jess (Imogen Poots) es extraordinaria. El momento de su presentación y su personaje en definitiva, es espectacular. Y la apocada Maureen (Toni Collette), no se le queda atrás. Tal vez sea este, el personaje encarnado por Collette, el que más crece de todos. Pero volviendo al comienzo de la relación, la cuestión es que aun no sé muy bien si es un tema de habilidad a la hora de introducir a los personajes, si es por la situación en sí, o por lo patético e incluso aparatoso del asunto, pero lo cierto es que desde el primer momento te llegan a las entrañas y te tienen ganado. Después, vienen las presentaciones más próximas, y el primer hito en la historia cuando el cuarteto firma un curioso pacto: ninguno de ellos puede suicidarse antes del día de San Valentín. Pues claro, hombre… Gracias a eso no tenemos que salir del cine un cuarto de hora después de haber entrado.

El resto de la historia es un ir y venir de un personaje a otro, mientras todos van cumplimentando con su papel como individuos neuróticos, e incluso como miembros de la familia que acaban de formar. Inicialmente, el personaje de Pierce Brosnan es el que nos lleva delante de la cornisa asomándonos a su situación personal y a su desesperación, pero lógicamente, a partir de ahí, conoceremos la situación emocional y las razones por las que todos han llegado a tal extremo. Tendremos la oportunidad de analizar cada caso, principalmente, desde la perspectiva de aquél al que le ha llegado el turno. Y aunque pueda sonar muy bien; “cine coral que nos ofrece diversidad”, lo cierto es que la fórmula no termina de ser perfecta. Quizá porque, como cabe esperar, unas historias son mucho más dramáticas que las otras, y contadas en el orden en que lo hacen no funcionan del todo. No he tenido la dicha de leer la novela de Nick Hornby en la que se basa la cinta (autor de Alta fidelidad entre otras), pero me da que sobre el papel funciona mejor.

Eso sí, a pesar de este altibajo tan llamativo en el ritmo, Mejor otro día es una magnífica oportunidad de pasar un buen rato y observar cuánto tenemos de cuerdos y cuánto de suicidas. Es, a grandes rasgos, divertida y entrañable. Y, quién sabe, lo mismo a más de uno le ayuda a replantearse según qué frivolidades.

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