Non-Stop (Sin escalas): Mismo destino, distintos pasajeros

Non-Stop

Non-Stop (Sin escalas)

Título Original: Non-Stop

Director: Jaume Collet-Serra

Guión: John Richardson, Chris Roach

Reparto: Liam Neeson, Julianne Moore, Scoot McNairy, Nate Parker, Michelle Dockery, Lupita Nyong’o

Reino Unido – EEUU – Francia / 2014 / 106′

Productora: Silver Pictures Entertainment / Universal Pictures

Representa un subgénero dentro de las películas de acción y ha entregado grandes títulos que, con mayor o menor acierto, se han grabado para siempre en las retinas de los espectadores. Los filmes que tienen como protagonistas aviones atestados de gente van unidos de forma indisociable con el suspense, el misterio y la sorpresa. Todo en uno. La excusa perfecta para que Hitchcock hubiera rodado otra obra maestra…

Representa un subgénero dentro de las películas de acción y ha entregado grandes títulos que, con mayor o menor acierto, se han grabado para siempre en las retinas de los espectadores. Los filmes que tienen como protagonistas aviones atestados de gente van unidos de forma indisociable con el suspense, el misterio y la sorpresa. Todo en uno. La excusa perfecta para que Hitchcock hubiera rodado otra obra maestra.

La saga Aeropuerto, Air Force One (Wolfgang Petersen, 1997), Con Air (Simon West, 1997), Aterriza como puedas (David y Jerry Zucker, Jim Abrams, 1980)… Los ejemplos son variopintos pero todos tienen mucho que agradecerse entre ellos. La calidad no es la misma, no hace falta ni apuntarlo, pero lo cierto es que el juego que se propone en cada uno de ellos tiene las mismas normas.

Es por ello que cada propuesta lleva adherida inevitablemente el recelo. Por muchas vueltas de tuerca que se le quiera dar al libreto, las fichas con las que se juega son prestadas y la diversión ve su finalidad sentenciada al conjunto. Si en El vuelo (Robert Zemeckis, 2013) lo que hacía volar la película era una primera media hora sublime (con un aterrizaje forzoso como pocos se han rodado), en Non-Stop (Sin escalas) (Jaume Collet-Serra, 2014) la acción va cogiendo mayor fuerza según pasan los minutos, creciendo desde un inicio prometedor pero sobado a través de un acto intermedio que define a la perfección lo que es el entretenimiento, para volver a caer hacia un final igualmente trillado.

Liam Neeson en Non-Stop

Se ha convertido en frecuente un problema que acecha a los guionistas de Hollywood. En cierto momento de brillantez dan con una premisa potente, se saben ganadores y comienzan a trabajar en ello. Una vez con las manos en la masa, el duro golpe de ver que ese arranque no aguanta 100 páginas hace que la paja cobre importancia y los clichés se magnifiquen y repitan por doquier. Non-Stop supone uno de estos casos, sin embargo, basa su atractivo en dos puntos vitales: una idea y un protagonista con mucha fuerza.

Un agente de las fuerzas americanas toma un vuelo abarrotado. A través de una ágil presentación de personajes se da a conocer a la mayoría de la tripulación así como la lista de pasajeros. Una vez en el aire, la amenaza se cierne sobre el protagonista cuando recibe mensajes de texto anónimos de uno de los pasajeros advirtiendo de las fechorías que planea cometer en caso de que no se cumplan sus exigencias. A partir de ese momento, oscuras verdades salen a la luz, mamporros se precipitan escena si escena no y es palpable el esfuerzo de un escritor tirando de ingenio luchando por sacar adelante el guión. Muchas de las situaciones a las que se presta la película están solventadas con maestría (quizá más por el saber hacer de Collet-Serra tras la cámara) y resultan frescas; otras, por el contrario, tienen difícil solución si no se quiere caer en la mediocridad estereotípica. Estas últimas, por suerte, son tan autoconscientes que vienen impregnadas de un humor negro que resulta eficaz si es bien interpretado por el espectador (como en la escena de la confesión por parte del protagonista hablando sobre sus problemas de adicción).

La otra baza del filme tiene un nombre del que ya poco queda por decir: Liam Neeson. Ese intérprete reconvertido a los cincuenta. De actor respetado pero semidesconocido a estatua de acción tomando el testigo de sus coetáneos ante la falta de jóvenes valores. Aquí no hace ni más ni menos que en todas las anteriores entregas en las que portaba una pistola: faz ruda, encanto canalla y un poco de interpretación. Tan presumiblemente sencillo que resulta doloroso que nadie lo haga como él.

Non-Stop utiliza las normas del cine de acción a favor de un espectáculo de suspense, favorecido por el continuo «quien es quien» y la originalidad con la que se esquivan los puntos más difíciles de un producto pensado para atraer, irónicamente, a través de su falta de originalidad.

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