Retornados

Retornados: Sacrificios por amor

Una historia de zombies sin zombies. Así se podría resumir Retornados, la tercera aventura de Manuel Carballo detrás de las cámaras. El film nos traslada a un presente / futuro alternativo en el que la hecatombe de los muertos vivientes, lejos de suponer el inicio de una era apocalíptica que obliga a la humanidad retroceder unos cientos de años y recuperar costumbres de sociedades bárbaras, es una enfermedad crónica más. El primer brote que diezmara a la población mundial ha quedado veinte años atrás. Ahora, un infectado puede llevar una vida normal siempre y cuando lleve una vida sana y no olvide su dosis médica diaria. Un pinchacito al día y listo, como si de diabéticos se tratara. A este respecto y atendiendo a diversos detalles que se nos van dando a lo largo del metraje, es imposible no hacer una lectura en la que el sida no funcione como una analogía del film; aunque este juego de comparaciones es extrapolable a otros males (tanto médicos como culturales, ya sean conflictos étnicos o religiosos).

 

Carballo construye una cinta en la que, tal y como hiciera con las posesiones en La Posesión de Emma Evans, los zombies son tratados como una enfermedad. El género tiene una función instrumental en la historia, es una herramienta al servicio de un relato más íntimo sobre relaciones familiares. En su anterior película el drama giraba en torno a las relaciones entre padres e hijos, mientras que en esta, entroncando también con las inquietudes de su guionista, Hatem Khraiche, el centro de la tragedia está en las relaciones de pareja.

 

Emily Hampshire en Retornados

 

Así, al igual que en La Cara Oculta (Andi Baiz, 2011), bajo la premisa de género se esconde un relato que gira en torno al amor. En la película protagonizada por Quim Gutiérrez se hablaba de los celos y la forma en que podían pervertir una relación. En esta, en cambio, se centra en el sacrificio, pone a prueba a sus personajes para comprobar hasta donde podemos llegar por nuestro ser amado. A nivel de personajes también se aprecia cierta continuidad entre uno y otro film. En ambos el personaje femenino es el auténtico protagonista, quien lleva el peso del conflicto y quien cuenta con un abanico mayor de matices. Ocurría con Clara Lago y Martina García en su anterior guión, y ocurre aquí con una fantástica Emily Hampshire. Kate, su personaje, es una mujer fuerte, luchadora, capaz de todo.

 

La fuerza que irradia la actriz canadiense se compenetra perfectamente con la imagen de vulnerabilidad que transmite su compañero de reparto, Kris Holden-Ried, a pesar su imponente porte con sus casi dos metros de altura. Que sea la segunda vez que trabajan juntos (Chasing Cain, 2001) (también comparten créditos en las series Republic of Doyle [2010-] y Una segunda oportunidad [1999-2001] aunque participaron en momentos distintos) ha sido, sin duda, una enorme ayuda para lograr la formidable química que hay entre ellos. El desarrollo de personajes es impecable, o casi. Lo poco perfilado del rol que ocupa la catalana Claudia Bassols desmerece un aspecto que, por otra parte, se caracteriza por la riqueza de matices en los papeles protagónicos.

 

Emily Hampshire y Kris Holden-Ried en Retornados

 

Manuel Carballo establece un interesante contraste entre este fuego interno de los protagonistas y la pasión que define a Kate con un ambiente hostil, inquietantemente aséptico. A nivel formal el discurso del cineasta español está muy influenciado por el cine del primer Cronenberg, en tono, puesta en escena, fotografía… el mundo en que viven los personajes está marcado por una angustiosa frialdad que engarza con el otro gran tema del film, el terror a lo diferente. Un miedo muy condicionado por la falta de información o el exceso de la misma, en todo caso, esta lleva a la incertidumbre, lo que justifica un desenlace que muchos relacionaremos con el de La Niebla (Frank Darabont, 2007).

 

De ahí, y modo de apunte final, llegamos a un epílogo que puede no convencer a todo el mundo. Si bien puede verse como una concesión hacia los personajes y el público (dado el cambio de tono y de discurso tan brusco que plantea), no deja de ser un acto de justicia hacia el personaje protagonista, obligándole a transformarse en otra persona como medio para afrontar el futuro que le aguarda. Así, aunque sea una escena cuya adhesión o no al montaje no suponga una gran pérdida para el discurso (a esas alturas ya está todo contado), sí que resulta interesante para el desarrollo y coherencia del personaje implicado en ella.

 

En definitiva, si se entra en la propuesta que nos hace Carballo, Retornados es un título que ofrece muchísimas posibilidades y que a buen seguro, se quedará en la retina de muchos y despertará interesantes reflexiones. Los fans del género zombie se alegrarán por encontrar un film que intenta dar una vuelta de tuerca a unos esquemas que empezaban a mostrar signos de agotamiento; los espectadores casuales, por su parte, encontrarán un relato con una enorme carga dramática en el que apenas verán vísceras y que gira en torno a la lucha de dos amantes.

 

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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