The Prodigy

The Prodigy: Heridas abiertas

Un matrimonio estadounidense es feliz con su primer hijo, feliz hasta que (como otros cientos) el niño empieza a tener extrañas actitudes relacionadas con espiritismo, posesiones y lo de siempre. Sí, parece mentira que en 2019 el pretexto de una película de terror sea este, pero la originalidad escasea y así salen las cosas.

 

 

Durante varios momentos, mientras se ve The Prodigy es difícil discernir si lo que se está viendo no es en realidad una secuela ilegítima de Scary Movie porque es una película escrita sobre los clichés más manidos que no están precisamente bien ejecutados. Todo huele a usado, el timing de los sustos es terrible y el desarrollo de la historia es demasiado complicado como para desarrollarse bien con poco talento.

 

El director pretende aprovecharse de la moda de base realista en el cine de posesiones que tan de moda han puesto directores como James Wan o Ari Aster y utiliza la historia de un asesino en serie como detonante de todo este terror y la mezcla es, precisamente eso, terrorífica. Esto es una muestra más de que el cine de este género no puede sostenerse en cuidados efectos de sonido y que, además, está viviendo una renovación desde el lado más indie que hace que cuando algo es malo se note de más.

 

Jackson Robert Scott y Taylor Schilling

 

La dirección de Nicholas McCarthy no puede ser más plana, le da igual todo lo que cuenta y no tiene un mínimo gusto por la puesta en escena que más allá de su cuidada escala de grises no destaca en nada y, lo peor, es que más de una vez se ven las intenciones de hacer algo poético o por lo menos simétrico, que generalmente se confunde con la citada poesía. Tampoco es cuidadoso con sus actores, especialmente con su niño protagonista, Jackson Robert Scott, quien se le descontrola más y más conforme avanza el metraje y, claro, por mucho talento que tenga no deja de ser muy joven.

 

El resto de actores hacen lo que pueden, pero hasta ellos son conscientes del cuadro del que están siendo partícipes y parece que quieren salir del paso haciendo lo que mejor puede, pero ni ellos se creen las frases del guión que repiten con resignación, esto se percibe especialmente en el personaje del padre quien parece estar en otra película.

 

Probablemente a principios de los 2000 esta cinta hubiese funcionado, pero ahora mismo este producto no es digno ni de Netflix. The Prodigy ea s una película fuera de su época, una cinta que podría ser una práctica de escuela en los años 90 pero que en 2019 nadie ha pedido. Es una lástima que aparezcan películas como esta en el momento en el que todo un género parece renovarse.

Acerca de Alex Manzano

Avatar de Alex Manzano

Cine, arte y tebeos. Amarás el musical sobre todas las cosas. John Cameron Mitchel es mi dios. Si quieres encontrarme, busca en mi habitación. Si no, en cualquier rincón de Madrid.

Deja un comentario:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados