Red Army

Red Army: ¿Ficción sobre hielo?

En 1895 el primer registro de imágenes en movimiento, cinematográficamente hablando, fue documental. Posteriormente, el mercantilismo se apropió de dicho tipo de registro para ponerlo al servicio de la ficción. Hoy en día, más de cien años después, definir el género documental es tratar de delimitar algo tan amplio, confuso y profundamente hibridado, que ni los propios teóricos del género, como Erik Barnouw, Michael Rabiger o Bill Nichols por poner algunos ejemplos, llegan a un puñado de elementos comunes en sus definiciones. Por incidir más en la cuestión, estéticamente hablando, la evolución expresiva del cine de ficción contemporáneo se atribuye en gran medida a la fusión entre ficción y realismo derivada de movimientos como el Neorrealismo, que tomaron como base la fuerza ideológica y representativa del documental. Por ello, hoy en día sería reduccionista excluir del género documental películas como la trilogía neorrealista de Rosellini o ‘La Libertad’ de Lisandro Alonso, que contienen muchos más elementos en común con documentalistas tradicionales como Vertov, Flaherty o Grierson, que ‘Red Army’ (2014, Gabe Polsky), cuyo estilo y referencias más obvias se encuentran en películas de ficción como ‘Invictus’ (Clint Eastwood, 2009), ‘Goodbye, Lenin!’ (2003, Wolfgang Becker) o ‘Titanes, Hicieron historia’ (2000, Boaz Yakin).

 

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Dicho esto, ‘Red Army’ es una película amena, a ratos divertida, y hasta cierto punto pedagógica e informativa, que abre un gran abanico de temas históricos como son la politización del deporte, el patriotismo, la inmigración, o la lucha ideológica entre comunismo y capitalismo. Que promueve valores como la superación, la lucha por unos ideales o el orgullo de pertenecer a un grupo social. Y que mezcla una basta cantidad de material de archivo con elementos propios de la ficción como dinamizadores del relato. Sin embargo, son estos últimos elementos los que apartan la película de la objetividad y distanciamiento exigibles al documental, mediante recursos como la inclusión de cortinillas con estilo propagandístico de la época; la música extradiegética marcadamente paródica representada incluso como un karaoke; el evidente uso dramático de los travellings in en ciertas entrevistas, o el arco de desarrollo de los protagonistas, tan apegado a las estructuras clásicas de la ficción que a poco que se rasca en la biografía de alguno de ellos se antoja manipulado.
Por tanto, no hay que desmerecer ‘Red Army’ como un meritorio relato sobre el hockey sobre hielo en Rusia, su tradición, su equipo nacional y sus protagonistas históricos. Como metáfora de la historia de un país a través de un deporte que proyecta sus propias guerras a través de sus jugadores. Y como película que contiene momentos y personajes brillantes que no solo se niegan a someterse al destino de su país, sino que en el epílogo muestran cómo consiguen transformarlo. Sin embargo, durante toda la película sobrevuela en el espectador la presumible idea que debía rondar la cabeza del director: “Que la realidad no te estropee una buena historia”.

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