Perdona si te llamo amor: Federico Moccia asalta España con su visión del amor

TitularExisten personas que reconocen la importancia del amor; entonces, y siguiendo su biografía, uno ellos debe ser Federico Moccia qué dirige su propia novela, Perdona si te llamo amor. Hay quien, incluso, supedita su felicidad al amor. Muchos, en su vertiente romántica, aceptan la máxima del amor relacionada con el sufrimiento. Negar la importancia de este sentimiento es obviar una carga que día a día se oye e intuye en boca de todos: marginados, modernos, snobs… «El amor no es una moda. Es un sentimiento. Siempre está ahí» afirmó Moccia en Madrid. Pero no todo es llanura en las creencias que emana, ya que «cada palabra que se dice del amor es válida aunque no todo el mundo pueda comprenderlo». En Perdona si te llamo amor, que llega a España con dos años de retraso, se representa un sentimiento bastante simple, si tenemos en cuenta lo enrevesado del mismo. Mucho gozo y falta de sollozo. Pero es el objetivo de «Fede, alegre controlador» como Raoul Bova (Bajo el sol de la Toscana), protagonista de la película, lo califica. Si Goethe viera este resultado, es probable que pensara en una quimera. ¿Dónde está el amor caótico con final mortuorio? No existe porque no es el fin. En esta comedia amorosa no se translucen muchos de los problemas que conlleva el amor. Uno de ellos, cómo bien alega Moccia, es el de si «algunas personas tienen miedo de vivirlo».

 

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Lo que no cabe duda, es que Federico Moccia, el escritor, ha embaucado al público nacional, o a los editores, ya que, en dos años, se han publicado en España sus cuatro novelas: Tengo ganas de ti (2008), A tres metros sobre el cielo/ (2008), Perdona si te llamo amor (2009) y Perdona pero quiero casarme contigo (2010), la única en fecha. «Yo estoy muy feliz; en mis libros existe la posibilidad de soñar, algo necesario para la vida». Con frases cómo ésta, Moccia, reunió a un nutrido grupo invitados, en su mayoría féminas, que no cesaron en buscar la lógica de las expresiones que transfiere en sus libros. En Perdona si te llamo amor, un publicista de éxito cercano a los cuarenta, Alex (Raoul Bova), se encuentra una nota de ruptura sentimental tras un periodo de asueto. Sumido en una depresión, más aparente que real, se topa, en un accidente leve, con Niki (Michela Quattrociocche), una joven estudiante de 17 años. A partir de ahí, y siguiendo la estela de una Niki insistente, surge una relación idílica con la edad como obstáculo.

TitularEn este caso, y siguiendo el rumbo de la novela, Perdona si te llamo amor se convierte en un producto decente, bien acabado, pero que peca de los tópicos clásicos que este género suele brindar. Además se nota cómo su director ha eliminado sucesos en su afán adaptador. La ciudad del amor por antonomasia, París, no se vislumbra por ningún lado. Aún así, hay que reconocer que no es necesaria su aparición, porque la esencia, tan simple y compleja como el amor, amén de que cada mentalidad es única, está claramente identificada en una película que tiene ritmo, pero que carece de la tristeza necesaria que inundan los momentos negativos de la vida en pareja. Las escenas con mayor carga dramática están inacabadas. Parece que alguien, y no digo el productor, le pidió cortar metraje. Se queda sin impacto para los que gusten de altibajos. 105 minutos para este tipo de obras parece algo largo, pero en este caso, hubieran necesitado algo más, o quién sabe, deberían haber suprimido algunas de las repetitivas situaciones cómicas. Los personajes están estereotipados, ya que por desgracia se muestra un amor elitista, en el que la edad, otro impedimento supuestamente protagonista, es aceptada de manera muy fría. No se evidencia ningún tipo de conflicto en la familia de Niki. Aún así, Moccia dejó clara una visión más humana, en la cual destacó que «el verdadero amor, es en el que antepones a la otra persona». «Pensaba que estaba contando algo extraño, poco frecuente, pero luego recibí mensajes, muchos. No es tan extraño. La edad no es un impedimento». Estas frases pueden ser la conclusión de la vida y obra de Federico Moccia, un escritor de cine que cree en los «impulsos» y la «casualidad».

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