Alberto Rodríguez / Grupo 7

Alberto Rodríguez: «En épocas de crisis el cine negro tiene otro tipo de respuestas»

Grupo 7 se presenta como una de las apuestas de la temporada. Tras las cámaras un reputado cineasta como Alberto Rodríguez y delante de ellas el oficio de Antonio de la Torre y el carisma de Mario Casas y entre todos se acercan a un contexto y unos temas pocos tratados por nuestro cine. Lo hacen, además, bajo la apariencia de un thriller policiaco con mucha acción. Ingredientes no le faltan para encandilar a la taquilla. Y nadie como el propio Alberto Rodríguez para hablar sobre la película.

 

Pregunta: Lo primero que sorprende es la cantidad de acción que hay en la película

Respuesta: ¿Sí? No sé que decirte. En principio era un poco la apuesta de la película. Hacer una película que estuviera muy viva, que tuviera mucho nervio y que no perdiera la referencia de que en el fondo lo que estamos haciendo es un fresco de personajes. Yo espero que eso se haya mantenido hasta el final. Pero vamos, no tenía yo la sensación, o sea, mientras rodábamos sí, me parecía que era otra de acción, pero luego en el resultado final me da la sensación de que la película está más o menos equilibrada.

 

Grupo 7 / Mario Casas y Alberto Rodríguez

 

P: Lo digo para bien, sobre todo porque hay mucho realismo en las secuencias. Se tiende a ir a la espectacularidad y aquí creo que se guarda el equilibrio esto –algo que no es común en España– y al tiempo son secuencias muy verosímiles, muy creíbles.

R: Eso sí que lo trabajamos desde el principio. Lo que pensaba desde el inicio es que la película sería más espectacular en tanto fuéramos capaces de hacerla creíble. O sea, que el espectador no tuviera la sensación de «bueno, ahora voy a ver una secuencia de acción», sino «¡bum!, me he caído de pronto y no puedo escaparme porque lo que está pasando está pasando de verdad»; que se quedara atrapado. Y pienso que hay algo como secretamente escondido en lo real, que al final se vuelve espectacular. Por ejemplo, vimos muchas cosas en youtube, tanto de impactos como de accidentes, golpes. Hay unas cosas increíbles, hasta vimos perros ardiendo en la red para elaborar la película porque teníamos la sensación de que lo espectacular era precisamente eso. Mientras más estuviéramos cerca de algo que pareciese real, más le iba a impactar al espectador. Y esa ha sido un poco la apuesta. Y creo que más o menos se ha conseguido.

 

P: En ese sentido me viene a la cabeza por ejemplo la secuencia de la persecución de Mario Casas en la que al final cae cuando intenta descender por un bajante. La caída parece real, lo ves y dices «vale, yo no podría hacerlo, pero sí me creo que un policía o una persona pueda hacer una persecución de esas y pueda dar ese salto».

R: Claro, esa era un poco la intención. Esa por ejemplo es de las secuencias de la película que están más al límite de lo creíble. De hecho teníamos la duda de “¿y esto podrá estar dentro de lo creíble o no?” porque se supone que el se cae prácticamente de la altura de un segundo piso e impacta contra una cuerda de tender y eso es lo que le hace frenar la caída y es la la causa por la que sobrevive. Se da la vuelta ahí y cae contra el suelo pero ya amortiguado por las cuerdas.

 

Lo que intentábamos en definitiva es que diera la sensación de “vale, a mí no me puede pasar” pero ahí por ejemplo, te estuvieras cayendo con el personaje. Y que no pensases “esto no hay quien se lo crea” o hemos entrado en otro código y esto es una película de aventuras. No es una película de aventuras. La acción está aquí para contarte otra cosa. Esa secuencia por ejemplo lo que sí está contando es el momento en el que Mario decide que ellos son la ley y punto. La acción es importante, pero lo más importante de todo es que al final saca la pistola y dice “Somos el Grupo 7, aquí no vende ni dios. Nosotros somos la ley”.

 

P: Y esta escena en concreto, ¿cómo se trabajó?

R: Es curioso porque contra más realista pretendas hacer las cosas más ensayos requieren al final. Aquí por ejemplo los especialistas estuvieron tres o cuatro días ensayando esa caída. Se montó arriba un dispositivo para que se pudieran descolgar y hacer una y otra vez la caída –que evidentemente se hace con un arnés y una seguridad para que no se matara nadie–, porque realmente Mario bajaba por ahí, igual que los especialistas y no se puede correr ningún riesgo. Se ensayó mucho la vuelta que da en el aire y en base a lo que habíamos visto se planificó buscando dos puntos de vista lo más vivos posible. También es verdad que desde el principio Alex y yo apostamos por usar multicámara –que nunca las habíamos usado hasta esta película– precisamente para tener agilidad narrativa, para tener la capacidad luego de poder abreviar donde nos hiciera falta o incluso repetir en algún momento, que también lo hay aunque no se note.

 

Por explicártelo de alguna manera que más o menos se pueda entender, primero trabajamos mucho el guión, está todo detallado en él. Luego pasamos a ver que se podía hacer real y que no y como podía funcionar y a partir de ahí elegimos una planificación determinada que fuera lo más acorde posible a lo que queríamos contar. Pero ya te digo que venía desde el guión. No me gusta nada que la acción no venga detallada de una manera o de otra. Aunque luego tengas que improvisar y tirar de otros recursos o hacer la secuencia de una manera completamente diferente, la acción tiene que estar planteada en el guión. No se puede poner “este se cae por la ventana y sale corriendo detrás de un coche”. No puede ser eso.

 

P: Sobre todo entiendo que por un lado para tener una base y por otro porque a la hora de plasmarlo, poder imaginártelo y saber que se puede hacer y que no es mucho más fácil teniendo todos los detalles.

R: Y después de todo, como el guión es una herramienta de trabajo, le viene bien a todo el mundo que esté explicado y especificado todo. Que tengan un acceso más fácil a la información, no es otra cosa.

 

Grupo 7 / Alberto Rodríguez

 

P: Algo que repetís todos los miembros del equipo es la palabra realismo. No se si llega a ser, entrecomillas, una pequeña obsesión que tenéis con intentar que sea todo lo más realista posible.

R: Quizás si fuera un poco obsesivo (risas), no te voy a engañar. Durante el proceso de rodaje y demás sí que fue un poco obsesivo. Recuerdo por ejemplo que había un asesor policial y Antonio quería que estuviera siempre para que todo estuviera bien y que hubiera una certificación y hubiera un sello ahí. Por un lado yo lo llamaría realidad, por otro también lo llamaría verdad. Lo que pretendíamos era que el espectador no se pudiera separar del discurso porque de pronto hubiese algo que le resultase inverosímil. Y esto sí que fue bastante obsesivo. Yo estoy mucho más cómodo cuando estoy trabajando en un territorio que sé donde estoy pisando. Entiendo mejor a las personas cuando se desenvuelven en una realidad concreta. Por eso más que nada es por lo que me resulta más fácil plantear luego los personajes o las acciones de estos en un mundo que parece creíble.

 

P: Y en ese sentido, el estar tan apegado a la realidad, el contar con asesores como has comentado, el querer retratar tan fielmente un contexto concreto… como narrador ¿eso puede coartar un poco el decir “bueno no puedo tirar por aquí o sí puedo tirar por aquí”, o al contrario, al saber cuáles son los límites que tienes puedes explorar mucho mejor ese mundo?

R: Verás, a veces está muy bien porque los límites que te plantea la realidad son oportunos, incluso mejoran lo que tú tienes pero yo no me he sentido nunca anclado a que en algún momento determinado diga “esto no es real”. No digo que tuerzas la realidad para poder meterla dentro del discurso pero por ejemplo al final de las preguntas a los asesores siempre terminábamos en “ah, pues sí, es posible que se diera ese supuesto”, aunque al principio me hubieran dicho que no. Creo que es muy interesante tener esos límites pero también es muy interesante pensar que te los puedes saltar cuando te parezca oportuno siempre que este dentro, digamos, de la misma baraja, del juego al que estás jugando.

 

En determinados momentos sí es verdad que nos hemos saltado la realidad pero no nos estamos saliendo del estilo y de la horma de la película, por lo que no me preocupa. No ha habido tantas cosas ¿eh? Ha habido alguna puntual que sí que realmente los asesores no creían que ocurriera, pero siempre había un “ah, bueno, pero en esa ocasión… claro sí, eso podría ocurrir”. Siempre que decían podría, entonces sí. Esta es la ocasión. O sea, que por un lado somos muy, muy fieles a la realidad y por otro también nos la saltamos cuando es conveniente. Si no es muy difícil elaborar un discurso de ficción, muy difícil.

 

P: ¿Cómo ha sido la elección y el trabajo con el casting? De primeras los roles de Antonio de la Torre y Mario Casas pueden sorprender.

R: Cuando escribimos el guión Rafael Cobos y yo, casi nunca pensamos en alguien concreto. Los personajes no tienen cara, ni siquiera tienen un aspecto físico concreto. Antonio sí que fue una apuesta desde el principio porque había hecho una prueba para 7 vírgenes pero al final no la hizo por una cuestión de química entre actores. A mí me apetecía mucho trabajar con él y cuando acabamos el guión me dio la sensación de que el personaje de Rafael podía venirle muy bien. El siguiente que entró fue Mario. Con él la directora de casting me refrescó la memoria porque había hecho una prueba también para un personaje de After, que al final no hizo el personaje por una cuestión de fechas pero sí nos llevamos muy bien. Me dio la sensación de que era un tío muy despierto y que me entendía bien. Y le pasamos el guión. La propuesta me gustó porque por otra parte me encajaba todo muy bien, incluso físicamente Mario me encajaba dentro del personaje, que probablemente es el más retorcido de todos, el más complejo de la película. Esa apariencia tan limpia, tan blanca que tiene Mario, le sentaba muy bien al personaje. Y lo que me convenció de verdad fue una reunión que tuvimos en Madrid en la que por un lado se veía que él estaba entusiasmado con el proyecto y por otro que me dejó muy claro que iba a trabajar mucho en la película como así ha sido.

 

Y luego el trabajo ha sido muy fácil. O sea, ha sido duro porque hemos ensayado todo lo que hemos podido que han sido tres semanas y pico, casi un mes, antes de rodar. El rodaje no ha sido sencillo porque teníamos un plan de rodaje bastante apretado en el que prácticamente no se podía fallar. Pero los cuatro han estado completamente concentrados todo el tiempo sin tonterías y a mí es como me gusta trabajar, al final haces un equipo y está todo el mundo al mismo nivel, no te encuentras que hay una estrella, sino que aquí está todo el mundo para lo mismo y se acabó, que es hacer la mejor película posible. Y así ha sido.

 

Y del casting, pues me falta hablar de Joaquín y de Poga. Aparecieron en una prueba. Fue muy rápido, no sé si a la segunda o tercera semana que estábamos haciendo los castings ya me propusieron una prueba con ellos cuatro juntos. Fue un domingo de estos tormentosos que no hay donde meterse. Total que al final nos fuimos a hacer las pruebas a mi casa con la Caoba y ellos cuatro y la verdad es que fue un gustazo. Ahí mismo, en el salón de mi casa donde habíamos escrito la mitad del guión de pronto era como que los personajes empezaban a hacerse carne. Prácticamente desde la primera prueba estaba claro que el grupo iba a funcionar. Y ha sido una gozada.

 

Grupo 7 / Mario Casas y Alberto Rodríguez

 

P: El personaje de Mario es una persona ambiciosa, pero no sabe donde dirigirla, parece estar sin rumbo.

R: Nosotros manejábamos una cosa que nunca se cuenta en la película pero el gran objetivo que tiene el personaje de Mario es que todo el mundo le quiera. Eso como punto de partida ya es un mal objetivo porque es imposible. No puede ocurrir, por el hecho de ser ya ocurre que ante determinada gente te estás posicionando de una manera o de otra. Lo quieras tú o no lo quieras. Ese es su objetivo y es imposible desde el primer momento. Por eso nunca sabes que es lo que quiere. Es un objetivo que probablemente él desconoce también. Era como una razón muy interna que solo usábamos para hablar entre nosotros, pero ni siquiera para que él la usase para el personaje. Era como una especie de superobjetivo que tenía el personaje de Mario. Y nos vino muy bien. Recuerdo que hubo un momento que yo le decía “esta secuencia ha quedado maravillosa, ahora cuando te vea la gente te va a odiar” y Mario me decía “no, porque yo soy bueno” (risas). Y es que había entendido las razones de su personaje. En el fondo se trataba de construir un poco a cuatro seres humanos. Al final es eso lo que tienes. No hay más. Gente contradictoria como lo somos todos. Piensan una cosa y hacen otra y a veces ni siquiera tú mismo sabes porque has tomado ese paso.

 

P: En cuanto a la relación entre los personajes de Mario y Antonio, se da una especie de reflejo entre ellos, van cada uno hacia el punto en el que está el otro.

R: Sí claro, el camino que hace uno y otro es justo el inverso. Uno va de la luz a la sombra y además no se sabe muy bien por qué, porque no tiene ningún problema, es un policía de nuevo cuño, recién salido de la academia, con una mujer guapísima, un hijo… la vida resuelta digamos. Y luego está el personaje de Antonio que está ya metido en unas tinieblas, en una especie de espiral en la que va a trabajar, se emborracha, duerme, va a trabajar, se emborracha, duerme. Y vive así. Y bueno, la idea de la película era un poco esa, ver como se cruzaban esos dos personajes. Quizá lo que tiene la película un poco de diferencial respecto a otras es que no es una buddy movie, no es una historia de dos tíos que se hacen amigos, sino más bien de dos tíos que en un momento dado se entienden, pero finalmente a ninguno le apetece tomar el camino en el que está el otro, que es un poco el final de la película.

 

P: Sobre el contexto de la Expo y los secundarios, donde por ejemplo el comisario en un momento les increpa por sus acciones pero al mismo tiempo esconde los trapos sucios, esa imagen de la España de la época… ¿era algo que queríais plasmar en la película o fue surgiendo a medida que trabajabais en ella?

R: El contexto estaba ahí, era una parte, digamos un poco también lo que hace más universal una película, que esto debe estar sucediendo actualmente en Londres o en Brasil, en las ciudades que están esperando el Mundial. Es lógico y comprensible. Siempre pensábamos que el tema principal de la película es que todo el mundo mira hacia otra parte cuando espera un bien mayor. Y lo hace cada uno de los personajes dentro de la película. Lo hace Mateo a la hora de corromperse, decir bueno la culpa es vuestra, yo no estoy haciendo nada, pero en el fondo estoy metido en el ajo. Lo hace Antonio cuando mete a la chica en su casa y en el fondo lo que quiere es salvarla a ella para salvarse él. No es otra cosa vamos.

 

P: Sí, incluso ella se lo dice.

R: Sí, por eso. Y lo está haciendo Ángel desde el primer momento en que separa su vida privada y empieza a mentir a su mujer. Todos los personajes de la película y toda la película gira en torno a esa idea de bueno vamos a mirar hacia otro lado esperando a que llegue un fin mayor, un objetivo mayor.

 

Alberto Rodríguez / Grupo 7

 

P: El final de la película, no sé si es cosa mía o no… ¿no hay una relación entre Sevilla post. Expo a como acaba Ángel, con el detalle de la mano?

R: Pues podría ser sí, no ha sido consciente. Puede haber algo de eso, claro, de espejismo. Yo creo que el final es muy polisémico, cabe eso y caben muchas cosas. Por un lado lo que queríamos enseñar era precisamente lo que tú apuntabas antes del personaje de Rafael que se da cuenta de que el otro está donde estaba él cuando la historia empieza. Pero también puede estar apuntado lo que tú dices.

 

P: Cuando veía el final era justo eso, por un lado el tema del personaje que se está viendo a sí mismo como era él al principio de la película, pero al mismo tiempo el detalle ese de que la cámara enfoca al anillo que ya no está, dices” todo lo que hemos luchado, todo lo que hemos sacrificado, todo lo que hemos pasado para acabar como lo hemos hecho”. Es decir, que al final se ha evaporado todo.

R: Sí, claro. Esa metáfora creo que también está presente en la película. Vamos de hecho mi hija –que tiene cuatro años ¿eh?, aclaro– dice siempre una cosa muy interesante que es “papá el que gana siempre pierde algo”. Y vamos lo dice porque ella no es muy rápida en las carreras y eso, entonces como suele quedar la última… pero en el fondo encierra algo de verdad.

 

P: Me gustaría que me hablaras ahora un poco sobre la banda sonora. Es muy original, tiene mucho de percusión, no es lo que esperas en un producto de este tipo. Sigue el espíritu de la peli de decir sí, vamos a hacer una peli de género, pero vamos a cambiar cosas, vamos a ofrecer algo diferente al mismo tiempo.

R: Sí, pero nos pasó por ejemplo también a la hora de escribir. En el fondo queríamos hacer una película de género, jugar con las reglas del género, en determinados momentos incluso dudamos si ser más explícitos, pero al final es como lo del escorpión y la rana y su naturaleza, si eres escorpión la vas a picar no hay más. Y con Julio pasó un poco lo mismo. Empezamos pensando incluso en llevarnos una banda sonora que estuviera más próxima a la época, utilizar instrumentos o formas de utilizarlos de la época y finalmente la propia película terminó imponiéndose y llevándonos por el camino que tiene ahora la banda sonora y yo creo que está mucho más próximo a los personajes y a esa sensación que íbamos buscando al final. A esa adrenalina perpetua con la que están viviendo.

 

P: Con el éxito de No habrá paz para los malvados y las expectativas que ha levantado Grupo 7 ¿cómo ves el futuro del género policiaco? ¿Podría haber un resurgir del género?

R: Puede ser. Es muy curioso, pero puede parecer desde fuera que nosotros hemos hecho esta película después de No habrá paz para los malvados, pero en realidad escribimos este guión hace dos años y medio, y por entonces seguramente el equipo de No habrá paz ni siquiera se había leído el guión de No habrá paz (risas). Me refiero a que los proyectos tardan muchísimo en salir adelante. Al final es pura coincidencia que vayan a tener este margen de 8-9 meses las dos películas en cartelera.

 

Pienso en realidad que a lo mejor responde un poco a otra cuestión. En épocas de crisis sí que creo que el cine negro tiene otro tipo de respuestas porque en el fondo habla un poco de los intestinos de la sociedad, de las zonas más turbias, donde quizás los fallos son más evidentes aunque sean cosas pequeñas ¿no?, bueno relativamente pequeñas, como de las que se hablan en las dos películas y ahí es donde yo creo que puede que el cine negro tenga ahora mismo una oportunidad. También no sé si tengo la sensación de que la gente está un poco cansada de cuentos de hadas y tiene la necesidad de un poco de realidad. Hace poco alguien me decía –como aquella canción de Sabina– que las niñas ya no quieren ser princesas sino más bien saber bueno vale y qué está pasando debajo de mi bloque (risas). Si esto se va a convertir en una especie de ola, por mí encantado porque el género me encanta, me gusta mucho el cine negro de siempre, pero no lo sé, no tengo ni idea. Ojalá. Ojalá esta película sea un éxito y se hagan más de este corte. Me parece que están bien y además como espectador me apetece verla, soy de los que les gusta mucho el género.

 

P: Y para acabar… ¿Cuáles son las sensaciones que tienes respecto al Festival de Tribeca, que a habéis sido seleccionados?

R: Bueno, por un lado estoy muy contento porque Tribeca está muy bien, es un festival muy importante dentro de EEUU; por otro lado lo que tengo es mucha curiosidad por ver que piensa un público tan ajeno a una realidad tan local como la que se cuenta en la película, aunque pienso que la película tiene un aspecto universal. Pero esta curiosidad supongo que se me quitará el día que salga de allí. Y por otro lado también es un poco venderle hielo a los esquimales, porque el cine negro como tal prácticamente empieza en EEUU. También es un poco rara esa sensación. Y el festival me hace mucha ilusión, incluso me hace ilusión el viaje porque nunca he estado en Nueva York, con lo cual yo voy con todas las ganas de pasármelo bien y sobre todo de ver si la película aguanta una visión completamente ajena a esta realidad. Así que bueno, será muy interesante sea como sea.

 

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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