Jugando a los bolos con cadáveres

Jugando a bolos con cadáveres: Los mundos de Mike Mignola

Jugando a los bolos con cadáveresNorma Editorial, fiel a la obra de Mike Mignola, nos sorprendía recientemente con la publicación de un escueto volumen (en páginas, que no en contenido) de relatos cortos escritos y dibujados por este (con Dave Stewart en funciones de colorista) titulado Jugando a bolos con cadáveres y otras historias extrañas en tierras desconocidas. En apenas nueve historias, el padre de Hellboy sienta las bases de todo un nuevo mundo de fantasía.

 

«A esos retacos les encanta pelear»

 

Y esto es clave, porque conviene subrayar que el mundo que Mignola construye en estas páginas no tiene nada que ver con el universo de Hellboy. Obviamente, si se quiere, se pueden encontrar semejanzas y una atmósfera familiar, pero porque los referentes e inspiraciones parten de un mismo lugar, que no es otro que el folclore europeo; más acusado aquí dado el emplazamiento de las historias en un medievo fantástico en el que las leyendas se convierten en parte sustancial del relato histórico.

 

En este sentido podemos emparejar Jugando a bolos con cadáveres con ficciones como El Cuentacuentos, la mítica serie de Jim Henson con la que comparte la búsqueda de fuentes en cuentos populares (aunque aquella trataba de representar dichos cuentos, mientras que Mignola se sirve de sus premisas para explorar otros terrenos), pero también su carácter fabulesco, de tono oscuro, que recompensa al honrado y castiga al tramposo, respetando (y celebrando) así la naturaleza moralizante de los cuentos. Por haber, hay hasta anfitriones o presentadores que da la puntilla en algunos relatos y apelan directamente al público.

 

Las historias aparecidas en el tomo podemos dividirlas en dos. Por un lado tenemos algunas -las más breves- que dan vida al mundo en sí, relatando el origen del mismo y sus dioses. Sirven para dar sustancia a la estructura del mundo y poner los cimientos a su mitología. Están, a su vez, conectadas entre sí formando un mapa completo del paisaje. Por otro están aquellos episodios -lo más largos- que abordan las aventuras (o desventuras) de gente corriente viéndose en situaciones extraordinarias. Independientes entre sí, todas comparten un imaginario común y hacen referencias a la citada estructura del mundo de las más diversas formas. Hay personajes que se refieren a los dioses como mitos y hay quienes creen en una verdad que va más allá del velo de la razón y la realidad empírica. Como la vida misma.

 

Jugando a los bolos con cadáveres

 

Y es principalmente a través de estos relatos que parten de lo cotidiano y de la anécdota desde donde Mignola hace crecer su mundo. El conocimiento sobre éste surge de manera orgánica a cada paso de sus protagonistas. Advertimos los secretos al tiempo que sus personajes. No hay ningún erudito que nos escupa toda la información de golpe, sino que esta se nos transmite como en una aventura en la que los descubrimientos son siempre una recompensa para el lector.

 

Jugando a bolos con cadáveres y otras historias extrañas en tierras desconocidas supone solo un primer acercamiento a un mundo que apenas acaba de germinar. Las posibilidades son ilimitadas. Cuestión que el propio Migonla reconoce y disfruta al final del tomo. Así que no será de extrañar ver cómo crece y crece en los próximos años, siempre -claro está- que el autor se vea con tiempo y ánimo. El volumen se completa, además, con 16 páginas (17 si incluimos el texto del autor que acabamos de citar) a modo de sketchbook con bocetos, diseños y algunas páginas entintadas antes de pasar por las manos de Dave Stewart.

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