El Manco de Lepanto

El Manco de Lepanto: This is War

El Manco de Lepanto«Soy un militar para Dios bajo la bandera de la Cruz«

 

Vivimos una época de mierda (toda mi adolescencia deseando vivir un momento histórico y ahora que sé lo que se siente se lo regalaría a cualquiera). Si algo nos está enseñando la espiral decadente de Estados Unidos, la masacre de Gaza y las guerras de Irán y Ucrania es que nos encontramos en un momento de la Historia en el que nadie está a salvo y en cualquier momento la guerra puede llamar a nuestras puertas, ya sea en aras de la ‘democracia’, por la escasez de fuentes de energía o por la que se nos viene encima con la urgencia climática y la hambruna global a la que ésta puede conducir. Con este panorama tan ‘bonito’ no dejan de aparecer reflexiones, testimonios y creaciones artísticas que nos alertan de la clase de locuras que estamos a punto de cometer del mismo modo que ya estamos permitiendo que acontezcan en otros puntos del globo.

 

Esta misma semana me animé por fin a ver Civil War, el filme de Alex Garland, no la contienda entre Capitán América e Iron Man, y confieso que terminé de ver la cinta con el estómago revuelto por la pérdida de humanidad que se nos relataba a través de los ojos de los cuatro fotoperiodistas que protagonizaban la historia. Ahora, como si hubiera recibido una señal, me leo El Manco de Lepanto, de Juanma Mallen y Jorge G. Tresáncoras, y la sensación que obtengo es tan similar que da hasta miedo la clarividencia y la capacidad para reflejar en tan pocas viñetas el horror de la guerra y la locura que se apodera de quienes la viven con tal de sobrevivir psicológicamente a la atrocidad que les rodea.

 

«Sabed que nadie de entre vosotros verá a su Señor hasta que muera«

 

Escrita originalmente con motivo del último filme de Alejandro Amenábar (la bastante interesante El Cautivo), esta novela gráfica publicada por Serendipia sigue en un principio los pasos de Miguel de Cervantes en la famosa batalla que le valió el sobrenombre no con el objetivo de enredarse con sus gestas (o la falta de éstas), sino con la clara misión de mostrarnos los horrores de una guerra en la que la religión no era más que una pobre excusa y los contendientes meros peones en un conflicto por el control del mar Mediterráneo en el que las banderas, las ideologías y las creencias poco o nada tenían que ver. La principal virtud de este cómic es, sin duda, la capacidad que tiene para trasladarnos al campo de batalla, al caos, el humo, el olor a pólvora, sangre y sudor y a los momentos de clarividencia alucinada que rodean, empujan y alientan a los pobres tipos que baten sus almas en tal torbellino.

 

El Manco de Lepanto

El Manco de Lepanto

 

Y, cuando más metidos estamos en la vivencia ultraterrena del pobre de Miguel, los autores nos llevan en volandas a la cabeza de Suleimán, en el bando contrario, para enseñarnos que lo que es justo y terrorífico desde unos ojos, lo es en igual medida desde los que nos contemplan desde el bando contrario. Un recurso inteligente y una maravillosa forma de clamar contra la deshumanización del rival que se produce en cualquier conflicto.

 

Aplaudo sin reservas la aparición de obras como este Manco de Lepanto que, en una época difícil, se atreven a recordarnos hacia dónde debería seguir apuntando nuestra brújula moral.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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