Saga #2

Saga #2: Familia

Saga #2Vivimos unos tiempos en los que hablar de la familia puede convertirse en un acto de auténtica violencia, capaz de generar enormes disputas entre quienes se creen con el deber (y el derecho) de preservarla y mantenerla enclaustrada en su concepción más básica y doctrinal, y quienes luchan por equiparar el concepto teórico con el práctico. Saga se posiciona al lado de estos últimos.

 

Marko y Alana, un lunero y una terrana. O una pera y una manzana, lo que se prefiera. Dos parias de dos especies diferentes que han concebido a una mestiza llamada Hazel y tienen en un fantasma de nombre Izabel a su canguro. Mientras para ellos esta situación es de lo más normal, para el mundo en guerra en que viven es una aberración a la que hay que poner fin. No pueden ni deben estar juntos. De esta forma nuestros enamorados protagonistas deben luchar contra todo y todos para lograr su objetivo: criar a su hija tranquilos y felices. No es pedir mucho, ¿verdad?

 

Porque no hay un único tipo de familia

 

Si en el primer tomo Brian K. Vaughan presentaba a los actores de esta space opera y nos mostraba cómo es una familia en su concepción más simple: unos padres y su hijo, o una pareja sin niños; en esta segunda entrega se centra en esa cualidad hermosamente trágica inherente a cualquier tipo de familias: están en constante transformación. Un aspecto que los personajes estén siempre buscando el modo de conformar sus familias. Y esto es algo común a todos ellos.

 

Así, no es extraño ver a La Voluntad, a quien arrancaron el corazón (no literalmente, claro) en el libro anterior, intentando recomponerlo a través del cuidado de una niña a la que quiere rescatar de un prostíbulo intergaláctico. O el Príncipe Robot IV, otro de los enemigos declarados de nuestra querida pareja, que actúa de forma implacable contra ellos solo para que su embarazada esposa no acabe siendo utilizada como «estímulo» para que finalice su misión con éxito. Las motivaciones aparentes de los distintos protagonistas de la obra esconden esta inmutable y común aspiración: la familia.


Familia, en lo bueno y en lo malo

 

¿Y que sería de una familia sin los abuelos? El Capítulo Uno terminó con lo que puede ser todo un shock para cualquier pareja… conocer a los suegros. Ahora, a lo largo de este segundo capítulo, podemos ver cómo se traducen esos prejuicios y temores de la sociedad hacia nuestra pareja en sus círculos más cercanos. El primer instinto es actuar con desconfianza, pero una vez se superan los razonamientos obtusos y se atiende a los sentimientos, se refuerzan los lazos afectivos. De esta forma, el «encontronazo» con los progenitores de Marko sirve al autor para profundizar en la relación entre este y Alana, acudiendo a los flashbacks para relatar como se conocieron y enamoraron. Vaughan fortalece a la pareja y utiliza a los abuelos para protegerlos de las amenazas presentes y venideras. Porque lo de «dos contra el mundo» es muy bonito pero nada práctico. Y cuanta más ayuda, mejor.

 

Presumir de familia

 

Los seis galardones obtenidos en los premios Harvey 2013 (mejor serie nueva, mejor serie regular o limitada, mejor guionista, mejor dibujante, mejor historia o número [para Saga #1 USA] y mejor colorista) hablan por sí solos.

 

Saga #2

 

Porque si la aventura ideada por Brian K. Vaughan no fuera suficiente reclamo, el trabajo de Fiona Staples en el apartado gráfico es soberbio. Juega al contraste con unos personajes bien definidos y perfilados, muy expresivos (muchas veces sobran los diálogos, basta con mirarles a la cara para saber que sienten en ese momento) y unos fondos etéreos, realizados directamente en la fase de coloreado, para potenciar la sensación de irrealidad, de fábula, pero que esconde poderosas lecturas (algo que hace el propio guionista a través de ficticia novela El humo nocturno). Com ya comentamos en la anterior reseña «el trabajo de Staples es excelente, ya que infunde de personalidad a cada nuevo personaje que vamos viendo y no sólo al personaje, sino a todo lo que le rodea«. Poco más que añadir a la labor de una artista que aúna talento y originalidad.

 

Saga es un cómic im-pres-cin-di-ble.

 

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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