Niourk

Niourk: Futuro imperfecto

Niourk«El niño negro posee el collar de los muertos«

 

Me estaba reservando este cómic para el momento adecuado, para poder leerlo de una sentada y luego revisarlo poco a poco, disfrutando de cada dibujo y cada viñeta. ¿Y qué mejor momento que ahora que comienzan las vacaciones de Semana Santa para muchos de vosotros? Niourk nos aleja un tanto del cómic histórico de Yermo Ediciones que otras veces hemos reseñado por aquí para adentrarse en el terreno de la ciencia ficción (que, por otra parte, ya ha pisado la editorial con obras como la versión steampunk de Battlestar Galactica) al adaptar una de las muchas obras del francés Stefan Wul al cómic.

 

Olivier Vatine, al que ya hemos visto en otros cómics publicados por Yermo en España (Aquablue, Cixie de Troy) en su faceta de dibujante, se decide en esta ocasión por ejercer como autor completo y la sensación que me deja es la de que, con el tiempo suficiente para dedicarlo a un proyecto en el que cree, tenemos enfrente a un guionista mucho más que capaz que, además, retrata con total espectacularidad las cosas que su imaginación le dicta.

 

«Ha visto los pensamientos del monstruo«

 

Niourk nos desplaza a cientos (quizás miles) de años en el futuro de nuestro planeta Tierra. En él descubrimos a una tribu que sobrevive como puede en la llanura que otrora fuera el templado Mar del Caribe. En ella las antiguas islas se han convertido ahora en montañas y las abandonadas ciudades permaneces como testigo mudo de lo que una vez alcanzó el hombre… antes de tirarlo todo por la borda. El protagonista de la historia es un niño negro (y éste será su nombre durante la mayor parte del libro) repudiado por la tribu por su color de piel pero con la inteligencia y las agallas suficientes como para sobrevivir por su cuenta y atreverse a visitar las abandonadas ciudades humanas en pos de conocimiento e iluminación.

 

Niourk

Niourk

 

La primera mitad del álbum es una absoluta maravilla. Nuestro protagonista vive, crece, se ve obligado a madurar y a tomar decisiones difíciles y evoluciona en medio de unos paisajes post-apocalípticos, sí, pero de una enorme y arrebatadora belleza. A menudo uno se descubre a sí mismo queriendo explorar las ciudades olvidadas en compañía del ‘niño negro’ mientras a su alrededor corren libres animales en cuyas memorias genéticas apenas queda rastro de la presencia de los humanos. Durante toda esta parte del libro, Niourk es un canto a la ecología y a la comunión con la naturaleza y con el misticismo que a veces ésta desprende.

 

«Lo milagroso es que todavía sigan en pie«

 

El gran cambio de rumbo lo observamos cerca del último cuarto de la novela gráfica. Cuando el niño obtiene nombre Wull/Vatine le otorga mucho más que eso y la obra vira al más puro estilo de la ciencia ficción futurista, pasando de un ser una versión imaginativa del Clan del Oso Cavernario a otra cosa bien distinta. No digo que no esté de acuerdo con la nueva dirección tomada, pero quizás me había encariñado demasiado con el relato del chico solitario para cuando me lo juntan con otras almas con las que interactuar. A partir de ahí el ritmo de la narración también cambia para acelerar de cara a el salto final de la obra, propio de las novelas de ciencia ficción cincuenteras en las que pudimos ver esta historia por primera vez y que a día de hoy se consideran de culto dentro y fuera del país galo.

 

Niourk

Niourk

 

Niourk es un cómic visualmente perfecto que, además, viene acompañado de una maravillosa historia de ciencia ficción que no repara en gastos (como dijera áquel). En su compañía vamos a reír, a llorar y a rezar con todas nuestras fuerzas porque aquellos quienes toman las decisiones hoy en día no sean tan estúpidos como Wul en los cincuenta y Olivier Vatine sugieren ahora que son. Yermo Ediciones vuelve a poner en nuestras manos un tebeo único que, encima, viene encuadernado con un estilo avejentado maravilloso que le da un toque único y peculiar. Bravo.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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