Starfield

Starfield: Explorando la última frontera

Recientemente la aventura de rol Starfield, de Bethesda Game Studios, perdía su exclusividad en los sistemas de Microsoft y daba el salto a PlayStation 5, incluyendo para la ocasión todas las mejoras y contenido adicional aparecido desde su lanzamiento original en 2023. Una oportunidad de oro para explorar los confines de la galaxia de la mano de los creadores de Fallout 3 y 4.

 

Como en la aventura postapocalíptica, tenemos la oportunidad cambiar entre la primera y tercera persona (todo un plus de accesibilidad) y desde el primer momento se nos invita a perdernos en su vasto mundo. Hay, como es evidente, una línea argumental central (aquí enfocada en la investigación de unos extraños y antiquísimos artefactos desperdigados por el cosmos), enmarcada en una narrativa mucho más grande en torno a la historia de una humanidad que hubo de abandonar la Tierra y el desarrollo social y político de la civilización surgida de la diáspora espacial.

 

Starfield

 

Dada la enorme ambición del estudio en la creación del mundo es normal que haya ramas argumentales más interesantes que otras, así como cadenas de misiones que decidamos abandonar a las primeras de cambio y otras que nos alejen de la trama central durante horas. En este sentido es fácil dispersarse y que durante los primeros compases de juego sintamos una sensación de agobio, pues Starfield puede llegar a abrumar. Misiones por aquí, actividades por allá, sondear planetas, buscar recursos, combatir con naves piratas… mucho que procesar. Y las misiones que hacen las veces de tutoriales no siempre son claras (en concreto las referentes al manejo y opciones de la nave y exploración). ¿Recomendación? Centraos las primeras horas en la misión principal y cuando esta se asiente, investigad y explorad sin urgencias de ningún tipo.

 

Sobre todo porque la misión principal tampoco es excesivamente larga (la media se encuentra en torno a las 20-25 horas y otras 10-15 sumando las expansiones), mientras que si nos perdemos en las tramas secundarias y la exploración de su mundo, las 100 horas no nos las quita nadie. Para que os hagáis una idea, cuando llevábamos 35 horas de partida, apenas superábamos el 15% de la historia principal según las estimaciones que hace el sistema operativo de la PS5. Obviamente, cuando nos percatamos de eso, de cara a escribir este texto, decidimos meterle caña y concretar nuestro viaje. Y aún así el total de horas se nos disparó.

 

Para viajar por el mundo de Starfield es recomendable atender a la información que proporciona el mapa, pues a medida que se nos abren nuevas rutas de exploración podremos dar con nuestros huesos en sistemas planetarios que recomienden tener un nivel muy superior al nuestro. Es importante también porque los dlc son accesibles desde el principio. Si damos con sus misiones podremos asaltarlas, pero seguramente acabéis muertos a las primeras de cambio. Los desniveles se notan sobre todo en los combates estelares con naves, ahí la potencia de ataque enemiga no os dará ninguna opción. En cambio, en las misiones en tierra, si os hacéis con un buen arma y aprovecháis las coberturas podréis avanzar y obtener un valioso equipamiento que os hará la vida mucho más sencilla cuando retoméis misiones de vuestro nivel. Esto es justo lo que nos pasó a nosotros, que apenas habiendo superado el nivel 5 nos topamos con la estación espacial con la que da comienzo la expansión centrada en los Va’ruun. Y sufrimos, pero el armamento que nos agenciamos en esa primera misión nos ayudó durante buena parte de nuestro posterior viaje (ya vigilando no irnos a entornos muy peligrosos).

 

Starfield

 

En definitiva, viajar por Starfield es una auténtica delicia, es difícil aburrirse. Incluso con tareas más insustanciales como sondear planetas. Y es que en el menú podemos modificar aspectos como el daño enemigo o cómo nos afecta los ambientes extremos de algunos planetas y si la alimentación tiene efectos (o no) al margen de reponer salud. Todo este tipo de opciones, además de hacer más fácil o difícil la partida, influirá en la cantidad experiencia que obtengamos. A mayor reto, más experiencia. Muchas de las cosas buenas que Bethesda ha ido haciendo en sagas como Fallout o juegos como Skyrim tienen su reflejo en Starfield: una narrativa llena de ramificaciones y pequeñas historias y un énfasis en la exploración que nos ofrecen la sensación de estar viviendo nuestra propia aventura. Además (esto ya va de gustos) en un contexto de ciencia ficción.

 

Tanto si os sumergís en su propuesta hasta superar el centenar de horas en busca de descubrir todos sus secretos, como si os hartáis pasadas 20 horas, lo que es seguro es que vais a disfrutar jugando. Y al final eso es lo único que cuenta.

 

Agujeros negros en la galaxia

El juego padece, eso sí, de algunos problemas técnicos que desmerecen la experiencia global. No son dramáticos, pero sí molestos. Aparte de algunos bugs esporádicos de animaciones que no cargan, diálogos que se atropellan o elementos del escenario que se funden con los npc (todos ellos habituales en otras propuestas de la compañía), hay dos, más acusados, que resultan más molestos: el primero viene dado por la caída de frames cada vez que llegamos a un nuevo planeta. Con las actualizaciones se ha ido puliendo, pero sigue siendo un factor reseñable.

 

El segundo, más grave, implica el crasheo de la partida, obligándonos a cerrar y abrir el juego. Estos cuelgues se producen de manera arbitraria cuando exploramos los planetas en busca de recursos. Y la clave es la arbitrariedad. Igual se congela la partida dos veces en veinte minutos, como ninguna en una sesión de cinco horas. Lo recomendable es grabar la partida antes de aterrizar en cada planeta que queramos sondear y, si se crashea la partida, al abrir otra vez el juego, pasar de largo del planeta en el que hemos tenido el percance.

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