El Asombroso Spiderman

El Asombroso Spiderman #7 (#259): Vuelta a tierra

El Asombroso SpidermanAl final la trama espacial de Peter y sus trasuntos de los Guardianes de la Galaxia ha durado mucho menos de lo que pensábamos. Máxime cuando en El Asombroso Spiderman #6 se daba a entender que aún restaba un nuevo asalto entre Hellgate y Spiderman y que -aunque estuviera camino a casa- todavía le quedaba cruzar unas cuantas lunas antes de retornar al sistema solar.

 

«Espero que sea suficiente»

 

Las sensaciones son rarísimas porque nos quedamos la imagen de que ha habido un acelerón para cerrar situaciones y el cajón de las elipsis se ha llenado de un buen puñado de aventuras y dilemas en torno a esa búsqueda de Peter de más poder para derrotar a Hellgate. Obviamente algo se recuperará (no creemos que Joe Kelly sea capaz de desterrar esa historia como si nunca hubiera sucedido), pero cuando llegue habrá dinamitado buena parte del sendero construido.

 

Sea por injerencias externas o por inmolaciones de los propios autores, es evidente que Spiderman hace mucho tiempo que es incapaz de asentar una etapa. Puede que dentro de algunos años alguien recuerde estas aventuras y decida marcarse una suerte de «Los años perdidos» para narrar, como se merece, esas semanas que Peter permaneció fuera de casa.

 

Esto se traslada también a las correrías de Osborn como trepamuros. Bien es cierto que la conclusión de sus andanzas no resultan tan anticlimáticas como las de Parker en el espacio, pero la resolución sigue pareciendo atropellada, con revelaciones sacadas de la chistera y desarrollos abocados a finales abruptos. ¿Quizá el inminente cruce con la serie de Veneno ha pillado desprevenido al guionista y ha decidido cortar por lo sano? Esa parece la explicación más verosímil, pero fuera lo que fuese, solo podemos hacer de tripas corazón y ver qué será lo próximo.

 

Pero dados los acontecimientos, Joe Kelly parece haberse quedado sin margen y no nos extrañaría que antes que después asome algún nuevo equipo creativo para hacerse cargo de una colección tan enredada en sí misma como la tela de una araña.

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