La incipiente etapa de Joe Kelly (y Pepe Larraz y John Romita Jr.) al frente de las aventuras del trepamuros favorito de Jonah Jameson transita como las primeras fases de una relación. Nos engatusa con sus encantos, sus tonterías son adorables y todo lo que dice o hace nos parece bien… ¡hasta los suegros!; ay, la magia del amor. ¿Cuánto durará? No lo sabemos, pero disfrutemos mientras dure.
«¿Estás mal de la cabeza, chaval?«
Tras la paliza recibida a manos de Hellgate, Peter no parece el mismo. Como Spiderman anda subido de revoluciones, más expeditivo y menos dicharachero. Como el jovial Parker está dándole caña a la ciencia, pero desatiende a su familia y amigos. Algo pasa, pero no sabemos qué. ¿La respuesta? La verdad es que no tarda mucho en aparecer (lo hace en el segundo de los capítulos incluidos en el tomo) y conocida no puede ser más evidente, pero la sorpresa tiene gancho. Kelly deja pistas a lo largo del primer capítulo que cobran sentido resuelto el misterio del comportamiento de Peter. Tanto, que no podemos evitar leer de nuevo ese arranque del tomo con nuevos ojos.
El equipo liderado por Kelly (al que en este cuaderno se suma Michael Dowling a los lápices) trabaja con esmero los detalles, reforzando o trastocando dinámicas ya establecidas, de tal forma que aunque anden por terrenos conocidos (a veces manidos), la curiosidad nos siga impulsando. El temor a recaer en errores pasados está presente, pero de momento lo van sorteando. Kelly no deja de jugar con fuego, pero se le nota confiante y lo traslada a los lectores.
Ese ejercicio de retrocontinuidad acudiendo a flashes de la niñez de Peter con May y Ben es también una estimable ayuda al respecto. Si bien en este número tales flashes son escasos y no tienen una significación relevante en la trama, aportan volumen a los personajes y ofrecen una mirada cálida sobre May como madre.
La apuesta sube aún más en el tercer capítulo del tomo, en un giro argumental difícil de prever y que trastoca las ya alocadas expectativas con tanta novedad que viene sacando a Peter de su zona de confort. Nuevamente Kelly se muestra atrevido y lo que le sobra al trepamuros le falta al escritor, que decide saltar sin redes de ninguna clase. En la nube del enamoramiento incluso pasamos por alto ese déjà vu punzante, la trama que sigue abriendo frentes sin ofrecer avances tangibles y las ideas que, sobre el papel, parecen conducidas al desastre. ¿Por qué? Porque el guionista tiene bien tomada la medida al protagonista y al tono de sus aventuras.
En este aspecto el trabajo de Kelly nos recuerda al de Dan Slott, leyenda del trepamuros donde las haya. Slott conocía al personaje y aunque nos ofreciera algún argumento que hiciera aguas, sabía venderlo. Siempre había algún detalle del que rascar. Kelly, por el momento, nos da las mismas vibraciones. Sabemos que vamos a pasarlo bien con él. ¿Cuánto durará? No lo sabemos, pero disfrutemos mientras dure.
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