Antes hablamos… En el último número comentábamos con algarabía el entorno galáctico en el que se estaba moviendo Peter, encabezando una alineación de ovejas descarriadas que bien podría resultar en un divertido trasunto de Guardianes de la Galaxia, máxime cuando los originales no parece que vayan a juntarse a rocanrolear en el futuro más inmediato. Pues nuestro gozo en un pozo. Joe Kelly ya deja claro en este cuaderno que la aventura espacial del trepamuros tiene los días contados.
«Has hecho suficiente… amigo mío»
Y es una pena, porque la disfuncional familia empezaba a coger forma -y de manera tan sorprendente como divertida. A Mapache ya le conocemos de sobra, aunque con Kelly parece algo más desquiciado que de costumbre; Simbio es la mascota simbionte que no sabíamos que necesitábamos; Nial es profundamente perturbador a pesar de su apariencia infantil; una vez le han quitado la ciencia malvada, Xanto no parece tan villanesco; Raelith combina la fiereza de Gamora con la inocencia de la Mantis fílmica; y por último resulta que el traje que diseñara Pepe Larraz para esta aventura es un paisano de Warlock llamado Glitch. Ojalá una miniserie tipo «los meses perdidos» con todos ellos. No puede quedar en anécdota.
En fin. En este cuaderno dos de los tres capítulos están dedicados a explorar la vida de aventurero espacial de Peter y compañía. Kelly nos regala una misión al más puro estilo guardianes, expone la historia de algunos de sus componentes y avanza significativamente en la trama de Hellgate.
Esto último es determinante para entender que la aventura galáctica encare su prematuro final. Eso y que en casa las andanzas de Norman Osborn como Spiderman se empiezan a ir de madre. Y eso sin contar con la enésima frustración del envidiosillo Ben Reilly. La vuelta de Peter se va a convertir casi en una cuestión de vida o muerte para evitar que todo salte por los aires. Hay mucho de responsabilidad en todo esto, y no tanto de Kelly, sino de los personajes. Osborn está aprendiendo a base de golpes lo que realmente significa ser Spiderman, el sacrificio del mantra «un gran poder conlleva una gran responsabilidad» y lo que implica al confrontarlo con su propia historia. El guionista está elaborando un perfil muy interesante del oscuro personaje.
Y, cómo no, la responsabilidad de Peter. Si bien ha estado demorando su retorno al hogar con el objetivo de hacerse más fuerte de cara al segundo asalto contra Hellgate, en el espacio sus compañeros están descubriendo más de Peter que de Spiderman. Es Peter y no Spiderman quien marca la diferencia, a riesgo de poner en peligro su propia integridad física, como bien vemos en su pelea con Betty en el primer capítulo del cuaderno. Y es Peter quien ayuda a Raelith (vaya personajazo han creado Kelly y Larraz) a romper sus cadenas.
Hacía mucho tiempo que no disfrutábamos tanto de la cabecera principal de Spiderman.

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