Cine de Barro: Sharknado

Sharknado: Doctorado en zurullos

Me imagino al tío Thunder Levin, portento de la naturaleza con ideacas como la de guionizar Atlantic Rim tras el éxito de Guillermo del Toro en la costa oeste. Me lo imagino entrando en el despacho de uno de los jefazos de Asylum y diciendo: “Señor, tengo el proyecto definitivo: un tornado hasta el culo de tiburones asolando California“. También me imagino a dicho jefazo, con un cubo de alitas de pollo a un lado y una caja de galletas llena de coca al otro respondiendo: “Hijo, aquí tienes veinte dólares, a ver qué puedes lograr con ellos“. Levin, entonces, cogería el dinero, robaría la caja con coca y se lanzaría a los bajos fondos de Hollywood a reclutar a un ejército de seres sin alma para dar a luz entre todos a un nuevo paso en la escalada a la cima del desperdicio: El zurullo HD.

 

Sharknado
Los señores de Syfy compran estas cosas a granel en mercadillos

 

Si hay algo que conozco bien es el tempo de las olas

 

Levin rápidamente contactó con alguien con experiencia en el cine de terror para dirigir la película. El tema es que debieron reírse de él, porque a quien tuvo que fichar finalmente para su proyecto fue al director de maravillas de la caspa tales como Scream of the Banshee o (esto me supera) Para-Homeless Activity: Anthony C. Ferrante. Levin y Ferrante se pusieron rápido manos a la obra y sacaron a viejas glorias como Ian Ziering (Sensación de Vivir), John Heard (Big, Solo en Casa) o Jaason Simmons (Los Vigilantes de la Playa) de los comedores sociales que frecuentaban para ponerles al frente de la que habían decidido que sería su obra maestra.

 

¿Por qué, teniendo en cuenta los ingredientes, ha “triunfado” esta película? Twitter es un vasto paraje donde la locura y lo absurdo campan a sus anchas. El día que Syfy proyectó este filme en las televisiones estadounidenses (y habida cuenta de lo crédulos que son nuestros amigos del rojo, blanco y azul no me extrañaría que ya estén construyendo refugios anti-tiburones por todo el país) dio la casualidad que estaban en sus mansiones rascándose la entrepierna gente como Damon Lindelof (co-creador de Lost), Olivia Wilde (maciza de House) o Mia Farrow (señora mayor con mucho tiempo libre). Y con la mano que les quedaba libre se dedicaron a tuitear a diestro y siniestro sus impresiones sobre este atentado contra la dignidad humana y tiburonil. El efecto de estos tweets fue el de llamamiento nacional para que la gente sintonizara el dichoso canal. En las próximas elecciones generales quizás deberíamos pedirle, no sé, a Resines, José Mota y Elsa Pataki que utilizasen sus cuentas para mofarse de los votantes, a ver si tenían el mismo efecto.

 

Sharknado
¿El cazador cazado o un nuevo integrante de KISS?

 

Parece ese momento del mes

 

¿Nos podrías resumir el argumento, oh héroe del Barro, para situarnos de una maldita vez?

¡Claro, voces en mi cabeza!

 

Sharknado nos pone en la piel de Fin Sheppard (Ziering), un ex-campeón de surf reconvertido a dueño de bar con demasiado tiempo libre. Cuando Fin ve en las noticias que se acerca un huracán a California tiene muy claro que él, su amigo del alma Baz (un Jaason Simmons puesto hasta las trancas de cosas caras), su camarera de pronunciadas curvas Nova (Cassie Scerbo) y el borracho que pone el ayuntamiento en cada bar (Heard) tienen que huir de la inminente lluvia de tiburones que, como nos enseñan en la escuela, suele acompañar a estos fenómenos climatológicos.

 

Lo que sigue es una huida a ninguna parte por calles que se inundan y se secan de manera aleatoria mientras los tiburones (22.000 si hacemos caso al capitán-capo de la droga que abre el filme) atacan desde abajo, desde arriba y de todas las formas posibles. No quiero desvelaros demasiado porque SEGURO que queréis verla, pero una cosa queda clara: Sharknado es una de esas películas que no habría mejorado con más presupuesto. Es precisamente el cutrerío que la rodea lo que la hace entrañable y genial. Pena me da no haber conseguido una de las camisetas que Syfy regaló en su presentación para lucirla con orgullo en algún acto oficial.

 

Tiburón con gases en Sharknado
Un tiburón con un grave problema de gases en Sharknado

 

Estos tiburones no tienen educación

 

Syfy presentó esta obra maestra de la miseria humana el pasado día 20 de septiembre en la Academia de Cine (el único sitio con la suficiente falta de escrúpulos como para albergar un acto así). Del evento me cabe destacar el pobre hombre disfrazado de tiburón que se trató de follar (sí sí, follar) a la práctica totalidad del público, Eduardo Casanova (Fidel en Aída) haciendo lo que mejor se le da (el ridículo quiero decir) y el ¿rapero? Álvaro Colina (de Los Protegidos y Un Príncipe para Corina, dos delicias para nuestro intelecto simiesco) pidiendo a gritos un buen enema a la vez que destruía el escenario involuntariamente. El aspecto general fue el de una función escolar en la que el profesor no hubiera tenido tiempo de ensayar con sus alumnos. Sin embargo, la mayoría de edad de estos tres individuos le daba a todo un toque de patetismo bastante difícil de no admirar. Me pregunto qué habría hecho Mia Farrow si los hubiera visto antes de la película, igual en lugar de soltar chascarrillos por las redes sociales habría puesto dinero para que alguna ONG se hiciera cargo de ellos.

 


Como diría el Doctor Maligno: “Es toooodo un poeta

 

Esto debería ser todo lo que dijera aquí sobre Sharknado, pero esto no sería Cine de Barro sin una buena galería de fotos con los personajes de este esperpento para que podáis aplaudirlos con ganas… O rezar por sus almas:

 

Tara Reid en Sharknado
Tara(da) Reid en Sharknado. Es una mujer fuerte, se la pela si su novio vive o muere
John Heard en Sharknado
John Heard, tengo serias sospechas de que su borrachera era real
Jaason Simmons en Sharknado
Jaason Simmons es una mezcla de Milhouse y Nelson hasta arriba de speed
Ian Ziering en Sharknado
Ian Ziering, en una escena que entrará a la historia del cine por la puerta grande

Acerca de RJ Prous

Avatar de RJ Prous

En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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