El Tiempo Contigo

El Tiempo Contigo (Weathering with You): Cuando cesa la lluvia

Ha querido la casualidad que esté sobre mi escritorio el manga de Jun Mayuzuki Amor es Cuando Cesa la Lluvia, una deliciosa comedia romántica que se escapa de los estándares a los que estamos acostumbrados. Y justo, haya tenido ocasión de disfrutar de El Tiempo Contigo (Weathering with You), lo nuevo de Makoto Shinkai quien, después de volvernos locos con Your Name en 2016 (a España llegaría algo más tarde y de mi reproductor de Blu-Ray no ha llegado ha irse nunca del todo) había generado una enorme expectación con su nuevo trabajo. En ambas obras la lluvia juega un papel importante, pero mientras que en el manga es una mera excusa para los personajes, en este nuevo filme Shinkai lo convierte en un ente vivo y mágico y en la principal razón de ser de la historia. Tenki no ko, como se llama el largometraje en Japón, ha triunfado en su país de origen y ahora Selecta Visión lo trae a España con la esperanza (nada infundada) de que volverá a llenar salas.

 

Son varias las cosas que se conservan desde Your Name. Por un lado tenemos el regreso de RADWIMPS para la banda sonora (cada director tiene su música fetiche y éste parece haberla encontrado en los acordes de esta banda), por otro regresa el espectacular apartado visual de la película. Si la cinta de hace unos años nos deslumbraba con sus paisajes del Japón rural, sus montañas y sus bosques, ahora Shinkai se centra exclusivamente en la ciudad de Tokio para extasiarnos con cada una de sus esquinas y sus lugares (emblemáticos o mundanos). También regresa el realismo mágico que imprime a sus obras, con un toque de misticismo sobre un lienzo de relato costumbrista del Japón actual. Y seguiría, porque regresan muchas más cosas de las que ha hecho este director su firma y su estilo, pero no quiero aburrir, ni destriparos alguna de las simpáticas sorpresas que nos depara la película.

 

El Tiempo Contigo (Weathering with You)

El Tiempo Contigo (Weathering with You)

 

Cambian los protagonistas, esta vez una dupla de adolescentes (más o menos) a los que el director dibuja un pasado y un presente complicados. Hodaka Morishima es un chaval que se escapa de casa y huye a la capital nipona sin saber muy bien qué hacer con su vida. A su lado pronto conocemos a Hina una chica que ha madurado a marchas forzadas y que vive con su hermano pequeño sola y privada de sus padres. Entre ambos se forja una hermosa amistad que se basa en los aparentes poderes de la chica para hacer que pare de llover a voluntad. La dinámica (tan interesante por novedosa) del filme anterior se acaba aquí y queda sustituida por un relato mucho más orgánico acerca del despertar del amor que contiene no pocos mensajes acerca del cambio climático y la manera en que la humanidad ha desafiado a la naturaleza y luchado por domarla desde tiempos inmemoriales.

 

Y la cosa es que funciona a las mil maravillas. Puede que esta sea la película más larga que haya rodado Shinkai (Your Name se queda a unos diez minutos de ésta), pero se nos hace corta. Sus personajes desprenden un carisma arrollador (y no sólo los protagonistas, muy atentos a Suga y a su compañera) y la historia es tan bonita y agradable que casi me da pena que vaya a llegar a los Oscar de este año como ‘la apuesta nipona’ que se queda siempre ahí, en una apuesta. El Tiempo Contigo se disfruta en su primer visionado, pero pide, como hacía la anterior, nuevas vueltas sobre ella para hacernos con cada uno de sus detalles y disfrutar de la magia y el buen rollo que desprende.

 

El Tiempo Contigo (Weathering with You)

El Tiempo Contigo (Weathering with You)

 

«Vivimos entre el cielo y la tierra, luchando por seguir en pie. Pero nuestra existencia no dura más que un suspiro» dice uno de los personajes en un momento de la película. Pues bien, yo personalmente me alegro de que esta existencia fugaz que llevamos se vea regada de joyas tan brillantes como ésta. El Tiempo Contigo vuelve una vez más a sacudirnos el corazón y a encumbrar a su director.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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