Viaje Mágico a África: La grandeza de los sueños; la minucia de lo mundano

TitularUn viaje. Un sueño. Toda persona puede pensar eso cuando se embarca en algo que cree, o que aparenta, ser extravagante. El volar por la ingeniera es ya común; en cambio, lo realmente insólito de alzarse a lo intangible, a lo no ponderable, a un sueño; es lo que supone, en mayor o menor medida, una forma de introspección inconsciente. Por imposibilidad, por adicción o por niñez, en Viaje mágico a África se produce culto a otro mundo, el que es África, el que son los sueños.

Este paisaje es plasmado, nunca mejor dicho, por Jordi Llompart, que dirige, produce y escribe Viaje mágico a África, un resto de su cuento, publicado en 2005, El corazón sobre la arena. La proeza, con estigma de pionero conquistador con casi 10 millones de euros en presupuesto, es que se ha convertido en la primera producción de ficción nacional, y europea, que se realiza con 3D estereoscópico aunando en un compendio animación y efectos visuales. Lo ilógico, pero razonable atendiendo a razones económicas, es que no toda España podrá disfrutar de este viaje en su forma tridimensional ante la falta salas adecuadas.

TitularEl punto de partida se cimenta en un encuentro fortuito, el de Jana (Eva Gerretsen) con un niño bosquimano hospitalizado; Jana, a sus 10 años, iniciará un viaje fantástico en busca del niño por África. Acompañada por un caballo alado, que hace de llave en el mundo de los sueños, Jana conocerá a Mel (Raymond Mvula), con el que vivirá aventuras, un tanto nimias, en el paisaje, con sus durezas, característico de África. Entre tanta búsqueda, librarán obstáculos, nada temerosos, en su intrépido camino proporcionado por la imaginación. A pesar de tan buenos elementos, los momentos de tensión, escasos, no son capaces de motivar el énfasis del espectador. La relación de necesidad, de Jana hacia el niño bosquimano, está un tanto forzada y no une bien como hilo para el mundo de los sueños. Se plasma de forma demasiado directa. El resto del film supone una aventura, la de un anhelo, el de Jana por encontrar al bosquimano, con momentos demasiado obvios que no aportan nada a la trama. En esta película, primera incursión de Jordi Llompart en la ficción, podemos encontrar mucha imagen bella alargada con poca carga emotiva.

En el reparto priman caras conocidas que apenas ocupan metraje; el peso recae en Eva Gerretsen y Raymond Mvula. El empuje de Leonor Watling (La hora de los valientes) en el papel de hada queda deslucido por una interpretación sin atino. Vaga por el film en dos momentos contados y ni de lejos se asemeja, ni tiene por qué querer hacerlo, a esa Campanilla que fue Julia Roberts. Adriá Collado (El arte de morir), en el papel de padre de Jana, y Verónica Blume, en su primera incursión en la gran pantalla, están correctos en sus escasas apariciones.

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