Devilman

Devilman. The First #1-2: El diablo metió la mano

DevilmanLa división manga de Panini tiene el placer de presentarnos Devilman: The First del mangaka Go Nagai, autor también de la influyente Mazinger Z. Erotismo, violencia, gore, drama, mitología, un sinfín de demonios y el fin del mundo son los ingredientes principales de esta obra que a lo largo de los años ha contado con no pocas secuelas y series derivadas, adaptaciones animes y reimaginaciones en el manga.

 

El añadido «The First» al título sirve para remarcar que esta es la historia original de Go Nagai. Desde hace unos meses Ivrea viene publicando también su propio Devilman, pero en este caso se trata de Devilman G (o Devilman Grimoire), una suerte de reboot realizado por Rui Takato a partir de la historia de Nagai. Todo sea por evitar confusiones y presumir de legado.

 

El éxito de la actualización que la serie de Netflix (Devilman Crybaby) ha hecho de la obra de Go Nagai es clave para entender este renovado interés por un manga que ya tiene 47 años (se publicó originalmente entre 1972 y 1973). Y con todas sus diferencias en cuanto a tono, lenguaje y tratamiento de diferentes temas, el anime y el manga que nos ocupa se presentan como dos visiones complementarias, cada una reflejo de la sociedad que las ha visto nacer. La premisa, tan simple en su forma, como demoledora en su fondo, nos presenta a un joven que para impedir que los demonios destruyan nuestro mundo, tiene que convertirse en uno de ellos. Es decir, para salvar a la humanidad, el protagonista tiene que renunciar a su humanidad.

 

Hay que entender el contexto en el que se realizó el manga, con la Guerra Fría en plena ebullición, entrando la Guerra de Vietnam en su etapa final, mientras que Japón seguía semiaislada del continente, pues no sería hasta el último tercio de 1972 cuando se retomarían unas relaciones diplomáticas normales entre el país nipón y la República Popular China. Estamos también ante una sociedad en plena expansión, pero que sigue recuperándose de las secuelas de la 2GM y tiene interiorizado el temor a amenazas ante las que no hay refugio posible, canalizado a través del manga o el cine. Devilman se nutre de este miedo latente y el peligro de una chispa que puede prender en cualquier momento. Nagai concibe una obra oscura y trágica en la que los personajes están destinados a fracasar. La violencia es peligrosa en tanto que envilece y provoca un placer adictivo, y los protagonistas se ven arrastrados hacia ella, en muchos momentos sin pensar en las consecuencias y siguiendo la máxima de que el fin justifica los medios.

 

Devilman

 

Así, detrás de la apariencia de un relato del bien contra el mal, hay un fuerte aviso contra la violencia y el precio que se nos obliga a pagar por ella. El autor, para darle más potencia a la aventura, no se corta en las imágenes que muestra, muy explícitas en la crueldad y sadismo de los demonios o en las escenas que dan con la muerte de algún desventurado personaje. La sexualidad y el erotismo también son parte importante del «envoltorio» de la historia, aunque manteniéndose firme en la barrera del ecchi o softcore (esto es, insinuando, pero sin mostrar genitales o actos sexuales).

 

Todo ello se traslada también a unos diálogos y situaciones que a ojos actuales herirían a unas cuantas asociaciones de ofendidos, pero que hay que saber poner en el contexto de su creación. Personajes como Miki, que se mueven en unos parámetros de incorrección e ingenuidad, hoy serían impensables, pero le aportan cierta comicidad al conjunto que desahoga la fatalidad en la que vive condenado Akira, el protagonista y héroe accidental de Devilman.

 

Devilman

 

A falta del tercer y último volumen, Devilman: The First se presenta como una interesantísima propuesta que más allá de su carácter lúdico y su lectura sociológica, nos ofrece un cachito de la historia del manga y nos acerca a uno de sus autores más destacados. Si además hacéis el ejercicio de comparar la obra con su adaptación al anime promocionada por Netflix, veréis que a pesar de la notable evolución artística y de sensibilidades, hay miedos que permanecen inalterables.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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