Ma Ma

Ma ma: Alegoría de la falta sentido común

Existen ciertos temas que, de forma totalmente inevitable, están condenados a formar parte del universo cinematográfico, a ser carne de historias que remueven la conciencia de quienes se adentran en ellas y a dar un sentido que va más allá del mero (y, generalmente, complejo) hecho de lograr que unos personajes transmitan una emoción. Este tipo de asuntos, sean del tipo que sean, enmarcan de una forma peculiar y casi diferente cualquier tipo de género, y su implicación no se resume a arrancar del modo que sea un sentimiento en el espectador, sino que su finalidad máxima reside en la invitación a una reflexión posterior por parte de aquellos que han observado los hechos sucedidos en una pantalla.

 

Sin embargo, la manera en que se lleva a cabo el traslado de la realidad a la ficción es muy determinante en el resultado final y, en consecuencia, este no suele ser el esperado. Ma ma es, así, un experimento en el que se entremezclan la cursilería y las ganas de conmover a toda costa, sin importar el modo en que esto se lleve a cabo. Si bien es cierto que sus intenciones son totalmente lícitas, la conclusión a la que uno llega cuando finaliza la cinta es que Julio Medem no ha llegado a ningún término lógico con esta propuesta. Quizá es el exceso de motivos que despiertan cierta vergüenza ajena son suficientes para calificar esta obra de ñoña, lo que nos lleva a creer en una cierta frivolización del argumento en cuestión.

 

Ma ma

Fotograma de Ma ma

 

Medem olvida en este largometraje gran parte de lo que hizo en su cine anteriormente. No se trata de cambiar de registro o adoptar un estilo completamente nuevo, sino de emplear recursos narrativos que despistan a quien fija su mirada en la pantalla y que, aun con las buenas intenciones que nacen desde el inicio de la película, no resultan del todo satisfactorias. Lo cierto es que, a pesar de la sobresaliente interpretación de Penélope Cruz, Luis Tosar y Asier Etxeandía, si Ma ma se sostiene es por los (pocos) elementos estilísticos que todavía recuerdan al mejor Medem. La pérdida de fuerza que se denota casi desde el comienzo viene dada, sobre todo, por el empleo de recursos absurdos cuya finalidad es recuperar la atención del espectador y no dotar de un elemento necesario a un guion que se ve plagado de hechos forzados.

 

A pesar de todo, de la historia de amor desgarradora que se muestra durante todo el largometraje, de la superación de los límites impuestos por un fatal destino y de la carga que sostiene un personaje principal que se rodea de otros que no llegan, ni de lejos, a unos límites de infortunio similares, la historia queda incompleta en prácticamente todos los aspectos que la conforman. La gota que colma el vaso llega de la mano de un abuso de símbolos colocados al azar y de canciones que hacen que a uno se le ponga la piel de gallina (y no de emoción, precisamente). La ingente necesidad de Medem por incluir giros de guion que resultan descabellados no hace sino agravar la falta de sentido común que Ma ma desprende de forma inevitable.

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