Todas las canciones hablan de mí: Una historia de amor entre la Nouvelle Vague y Nacho Vegas

Titular«Cuando escribes algo provocas que te suceda. Es la autobiografía a posteriori. Mucha gente lo deja en el cajón, pero hay que sacarlo para que te lean porque se crean sensaciones que se cumplen. Aquí sucede lo del cajón de los recuerdos -en referencia a esta imagen habitual del personaje principal, Ramiro-«.

Así de reflexivo se mostró Jonás Trueba antes del estreno de su primera película como director, Todas las canciones hablan de mí, que escribe junto a Daniel Gascón. Hijo del oscarizado Fernando Trueba, tiene una expresión muy familiar que la gente cree conocer. Igual que la historia de su Ópera prima, con una apariencia seria e introspectiva empapada en los crujidos del amor frustrado con guiños a François Truffaut, del que recuerda «La noche americana«.

Estacas, picas y alabardas recitaba un soldado en Romeo y Julieta, de Shakespeare. Amor, reencuentro, y decepción pugnan el protagonismo en Todas las canciones hablan de mí. Con un tono romántico al más puro estilo Nacho Vegas -que incluye un tema suyo en la banda sonora- nos presenta una historia de amor caduco entre Ramiro (Oriol Vila) y Andrea (Bárbara Lennie). El punto de partida es el final. El resto, la reconstrucción del pasado que ambos compartieron; los actos y palabras que rompieron este amor que aún repiquetea. Una historia que perfila el Romanticismo, del que Trueba afirma «tener miedo«.

La puesta en escena que plantea Jonás Trueba nos explica todo lo que rodea a Ramiro. Amigos y pasado que han conformado una persona que no puede olvidar el amor. La solución: huir a otro país que no recuerde a las calles de Madrid, o el barrio de La Latina, por el que Trueba suele moverse, y que es perfectamente reconocible para el espectador. «En la puesta en escena hemos usado clichés de una manera elegante y con humor. Sin caer en el exceso. Por eso he querido hacer una película con cierta distancia, fría y caliente al mismo tiempo. Por eso ponemos un narrador. Me viene muy bien jugar con la primera y tercera persona. Eso hace la película más objetiva. Quería jugar con cierta ambigüedad«, explicó Jonás Trueba a LNA.

TitularA pesar del intento de aunar comedia y drama, la película se pierde en la parte cómica. Destaca Bruno Bergonzini en el papel de Lucas como sincero amigo de Ramiro y poco más. Sin embargo, en la parte que predomina, la dramática, Jonás Trueba acierta en el tratamiento situando al espectador en el cauce adecuado durante 100 minutos que pueden hacer más comprensible el amor. El director dice tener «poca idea sobre el amor, como cualquiera. De ahí surge la necesidad de hacer una película para indagar en aspectos que te preocupan. Tampoco la película te da la respuesta, pero te ayuda y te complica más; te haces más preguntas. Eso me gusta del cine. Es una forma de complicar la vida«.

Bárbara Lennie está espléndida en su papel de Andrea. Bella y sugerente se muestra en un personaje del que sabemos más por el ambiente que le rodea. Apenas habla de su interior, pero aún así centra la atención con una mirada de ojos negro azabache que llega y trasmite al espectador. Por su parte, Oriol Vila responde al enclaustrado romántico con tendencias literarias. Ellos son la película junto al grupo del bar, los amigos de Ramiro, y la librería donde él trabaja. El resto del reparto «es muy difuso, como la vida. He querido algo más indefinido. Una película con personajes que no sepas qué pensar. Son momentos en la película. Historias de amor que no se producen y que están ahí de alguna manera«, comentó a LNA el director mientras agregó que «la desorientación es donde estamos todos. A cualquier edad. La insatisfacción o las inseguridades se reflejan en todos los ámbitos de la vida«.

TitularEl resultado final brinda el post-amor en el día a día. Un buen debut para un hijo de la fama que ha sabido labrarse un presente con dos guiones muy alabados por la crítica. Vete de mí, dirigida por Vicente García León y coescrita por Jonás Trueba, obtuvo dos nominaciones a los Goya de 2007. Y Más penas que Gloria (2001), también como coguionista junto a García León, fue un gran inicio en el cine profesional con tan solo 20 años. Ahora escribe y dirige, «algo que forma parte del mismo proceso que es hacer cine, no me gusta aislarlos«, destacó el joven madrileño. En Todas las canciones hablan de mí, su padre, Fernando Trueba, ya ha visto el material y Jonás comentó el «respiro aliviado -del padre- al ver que los planos pegaban y tenían sentido. Cuando la gente que te conoce ve la película y te reconoce en ella, es buena señal. Para mí el cine es uno mismo«.

Así concluyo este romántico asustado de su amor que «echa de menos escribir cartas a mano, en una generación a medio camino entre lo digital y lo analógico, entre otras muchas cosas«.

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