Petra Volpe: «Hay una visión demasiado romántica del cine de autor y limitamos experiencias artísticas»

El orden divino, ganadora del premio del público a mejor película de ficción en el Festival de Cine de Tribeca, transcurre en 1971 en Suiza, donde, a pesar de las revueltas sociales que se suceden en la década anterior en todo el mundo, se sigue negando a la mujer su derecho al voto. La guionista y directora Petra Volpe es la artífice de esta reivindicativa propuesta, de la que nos habla en profundidad en esta entrevista.

 

Petra Biondina Volpe

 

Pregunta: Naciste en 1970, la fecha en la que se ambienta la película y en la que fue reconocido el voto femenino en Suiza, ¿hasta qué punto la película fue un reconocimiento a las generaciones de mujeres que te precedieron?
R:
Sí, sin duda estoy rindiendo homenaje y realmente es importante porque socialmente no tuvieron reconocimiento y ni siquiera nos hablan de ellas en la escuela. En clase siempre estudiamos batallas y guerras contra Italia, pero no de los 100 años de lucha por el sufragio femenino: nunca fue algo estático, fue un proceso en el que las mujeres salieron a la calle y en el 1959 se votó por primera vez  esta ley y veinte años después se consiguió al final. Es una pena que no se conozca esta historia porque deja entrever que Suiza no fue una democracia real hasta 1971 y la gente no sabe lo suficiente de estas mujeres que lucharon tanto tiempo.

 

P: ¿Has querido desmitificar Suiza como país de lujo, paraíso fiscal o lugar del progreso al margen del mundo?
R:
Sí, disfruto muyo deconstruyendo la idealización de Suiza, no creo que seamos mejores o peores pero hay que tener una perspectiva crítica y, de hecho, mi anterior película va sobre la trata de mujeres y prostitución en nuestro país y ahora estoy escribiendo una miniserie sobre todos los trapos sucios de Suiza después de la Segunda Guerra Mundial, un tema del que apenas se sabe nada y nuestro país protegió y ayudó a los nazis.

 

P: ¿Cómo te explicas que el voto fuera reconocido tan tarde?
R:
Hay varios factores que influyen, pero es interesante ver como en un país donde un hijo votaba antes que su madre y donde los políticos echaban la culpa al pueblo, alegando que nunca habían querido. Esto deja ver que Suiza es una sociedad muy conservadora consecuencia de que la Segunda Guerra Mundial no tuvo ninguna consecuencia para nosotros y, como nos iba tan bien en todo, lo del sufragio femenino era algo muy irrelevante mientras que en otros países fue algo con muchísimo peso político.

 

Marie Leuenberger y Maximilian Simonischek

 

P: ¿Crees que el caso Weinstein va a abrir una nueva ola de cine feminista ambientado en la actualidad y siempre desde una mirada femenina?
R:
Creo que empezó antes de ese escándalo, las mujeres llevan un tiempo ya revelándose contra lo machista que es la industria cinematográfica. Por ejemplo, en Suiza, los hombres reciben el 80% de subvenciones para las películas y eso ha credo cierta rebelión. El caso más vistoso, evidentemente, ha sido el Me Too que ponía sobre la mesa las desigualdades que también venían por cuestiones económicas, este movimiento ha provocado el bloqueo de los hombres a ciertas actitudes que antes eran habituales.  Lo que más falta hace son más mujeres detrás de las cámaras, más mujeres que produzcan y dirijan… igualdad al fin y al cabo.

 

P: El retrato que haces de la Suiza de los 70 es muy extrapolable a las sociedad actual imagino, hay un grupo de mujeres que se oponían al propio sufragio. ¿Por qué crees que hay personas que se oponen a derechos de los que son los primeros beneficiarios? ¿Existe todavía este tipo de actitudes?
R:
Es una cuestión de poder, cuando hice la investigación para la película, leí un documento en el que las mujeres hablaban de por qué estaban en contra y todas eran burguesas, con maridos ricos o que habían heredado, ellas no querían compartir su parte de la tarta con otros hombres. Cuidé mucho el tratamiento de los personajes masculinos porque no quería que mi película pareciese una batalla entre unos y otras, quería mostrar una lucha entre el patriarcado y un conjunto de personas que piensan en el bien de una sociedad, gente que trata a todo el mundo de forma igualitaria y humana porque el patriarcado acaba destruyendo también a los hombres porque les obliga a tener cierta actitud social y esto les impide crecer como seres humanos. Creo que el tema de la desigualdad y la lucha social es una cuestión de poder, especialmente económico y al final se puede decir que el feminismo puede ayudar a dar igualdad de oportunidades a otra gente más desfavorecida.

 

P: Cuando te planteas como cineasta en contar una de estas historias, ¿piensas antes en tus ambiciones artísticas o prefieres darle un tono más divulgativo y coloquial para que llegue a más gente?
R:
Una cosa no quita la otra y siempre intento hacer una declaración artística de intenciones, obviamente con esta película era muy consciente de que quería llegar a mucha gente. Para mi fue un reto hacer una cinta política y feminista llegando a mucha gente  porque no son temas muy atractivos para los espectadores comunes. El cine debe seducir a la gente y esta película usa el humor desde el principio porque creo que cuanto más dramático y existencial sea el planteamiento mayor espacio hay para la comedia, por ello trato de encontrar ese equilibrio desde el principio. El cine debe comunicar y no quería hacer una película para cinco cinéfilos, siento que mi trabajo debe estar en contacto con el mundo.

 

Marie Leuenberger

 

P: Entonces ¿Crees que es más útil para denunciar lo que denuncia la película recurrir al cine de autor (que es un territorio más restringido) o recurrir a formas más populares?
R: Creo que depende mucho del tema que se trate, pero yo vengo de una clase trabajadora y no tengo padres adinerados: él trabajaba en una fábrica y mi madre era secretaria. Yo he visto mucha televisión y sé lo importante que era para mi padre como ocio cuando volvía de la fábrica; esto no quiere decir que haya que hacer cualquier cosa, pero creo que, a veces, hay una visión demasiado romántica del cine de autor y limitamos experiencias artísticas. Las historias son la comida del pueblo al fin y al cabo.

 

P: Cuando uno se enfrenta a tu película piensa que se va a encontrar algo cercano a Ken Loach que, al final, es un cine muy seco, sórdido y en ocasiones denso pero uno acaba encontrándose algo mucho más cercano a la película Pride. En esta película que reivindica los derechos LGTB el proceso de identificación es mucho más sencillo que en una de Loach ¿Has cogido algún referente del mundo actual para crear a la protagonista aunque ella ya es un personaje histórico?
R: Sin duda, las comedias inglesas como Pride son un referente para mi porque creo que cuentan muy bien estas historias ya que lo hacen con mucha autenticidad, humor y vivacidad. Quiero hacer una película que quieran ver mis padres porque son las personas que tienen que ser conscientes de estos temas, no quiero hacer una obra para un público elitista feminista que ya conocen esto y la cuestión era acercar temas como el coraje civil o la igualdad a la gente que de verdad tienen que plantearse estos temas que les afectan. Este reto es muy interesante y aunque no siempre funciona es algo que siempre tuve en mente a la hora de elegir a una mujer de la sociedad con la que realmente tienen que identificarse porque, hasta cierto punto, la historia es atemporal y cualquiera puede darse cuenta de hasta qué punto la política afecta a nuestra vida privada y lo importante que es alzar la voz. Puse mucha atención en eso.

 

P: ¿Cómo ha vivido el éxito de la película en Suiza que llegó a ser preseleccionada al Oscar y que haya calado tanto a la opinión pública?
R:
Cuando haces una película esto es lo mejor que puede pasar, que genere discusión en un movimiento social como el feminismo que ahora está recobrando fuerza porque cuando haces una película como esta donde cuentas un hecho real, pero con mucha personalidad es un proceso que conlleva mucha investigación pero, a la vez, piensas mucho en lo que estás haciendo, en que llegue a todo el mundo y ver que funciona es algo maravilloso. Lo de los Oscar es bueno sí, pero lo más bonito es enseñar tu trabajo a todas las personas de las que has hablado. El éxito es algo que me empujó también a trabajar en mi próxima película y supone una responsabilidad porque las expectativas son mayores.

 

P: Cuando proyectaste la película en Tribeca ¿pudiste hablar con la gente de allí? Más allá de los premios del jurado ¿cómo sentiste que reaccionó la audiencia de un festival como ese?
R:
A los americanos les tocó muy de cerca la película por el tema de Trump porque ellos ven que van para atrás en temas como los derechos de la mujer o de los homosexuales y ver una cinta sobre una mujer que lucha con valentía por una igualdad fue algo que les encantó y la recibieron muy bien. No sabíamos si iba  funcionar fuera ese humor, pero nos dimos cuenta que la gente se identificaba de forma personal con situaciones y personajes porque, al fin y al cabo, es una película sobre la igualdad.

Acerca de Alex Manzano

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