Hereditary

Hereditary: Quiéreme mamá

En uno de los momentos clímax de la película australiana Babadook (Jennifer Kent, 2014) vemos a su protagonista vomitar un líquido negro después de lo que se podría llamar su exorcismo, la expulsión del monstruo que lleva dentro supone el fin de una violenta relación hacia el hijo que no era capaz de aceptar psicológicamente y al que su subconsciente rechazaba; esta excreción física sirve como redención femenina al ser capaz de reconocer el amor hacia su hijo a quien protegerá de ese momento en adelante. En contraposición a esta redención cabe mencionar la actitud de Charlotte Gaingsbourg, la protagonista de Anticristo (Lars Von Trier, 2009) que después de dejar estéril a su marido agarra unas tijeras y se corta el clítoris acabando así con un posible acto de procreación y la proliferación de su estirpe. Es interesante como ambas historias involucran a mujeres que, a contracorriente de lo que dicta la sociedad, se rebelan contra su propia naturaleza y se resignan (de forma diferente) a la maternidad; lo más destacable de todo esto, y lo que deja ver el machismo del entorno en el que se mueven, es como se convierten en protagonistas de películas de terror y a una se la ve como un monstruo y a la otra como una bruja.

 

Toni Colette

Toni Colette, madre ¿coraje? en ‘Hereditary’

 

El planteamiento de Hereditary podría asociarse con el de estas dos películas: la muerte de la matriarca de una familia desatará una serie de brutales acontecimientos que afectarán especialmente a su hija y su nieta. Sí, el pretexto de la obra es el de un drama familiar, de hecho, la primera hora de metraje, la cinta es un drama femenino acerca de la pérdida y el duelo, drama que poco a poco se va volviendo más oscuro para dar paso al tema sobrenatural y el terror, siendo esto una consecuencia de la primera parte.

 

El terror no aparece solo, el director no quiere ser evidente o tomarse licencias simplemente por el hecho de estar en una película de género y por ello deja a la cámara respirar durante toda la primera hora, la acción es escasa y todo lleva unos tempos lentos y alargados: la cámara se mueve con sigilo dentro del hogar familiar, hogar en el que reina el silencio propio del luto, silencio que se rompe sólo con los gritos de dolor de Annie (Toni Colette). La introducción del personaje que interpreta Ann Dowd será el punto de inflexión de Ari Aster para transformar su obra, en la película de terror que todos esperábamos, algo que realiza con una sutileza extraordinaria porque sin darnos cuenta la atmósfera que él ha creado nos ha absobido por completo y después de ver todo ese drama familiar asumimos que el desenlace de todo aquello no puede ser otro, que uno asociado a lo sobrenatural.

 

La clave de su sutileza y de que todo no resulte abrupto o gratuito es como Aster introduce simbología durante todo el primer acto especialmente asociada a la numerología que tendrá una relevancia fundamental en el desenlace de la película. Esta forma de construir una historia denota el genio que hay detrás porque entiende que la metáfora es algo que ha de aparecer de manera natural, que las verdades han de ir insinuándose poco a poco hasta esclarecer el verdadero significado de lo expuesto y ahí residen todos los aciertos de esta obra. El plano final de la película supone el sumun de algo que se ha ido cociendo a fuego lento y, por primera vez en dos horas observamos de forma explícita todas esas insinuaciones y misterios que en cuestión de cinco segundos se vuelven, si cabe, más abstractos.

 

Tony Colette y Milly Saphiro

Tony Colette y Milly Saphiro, madre e hija atormentadas en ‘Hereditary’

 

Se alude a la abstracción porque cuando se llega a ese final, el espectador se da cuenta de que lo que estaba viendo era una mínima parte de la realidad y aunque en una primera lectura es fácil llevarlo todo a lo psicológico o psiquiátrico, hay toda una historia femenina asociada a la tradición medieval.

 

Como ya se destacaba al principio del texto, es clave la figura de la mujer en la película y es por ello que todo el peso recae en la sólida y desgarradora interpretación de Toni Colette que hace un viaje de la depresión a la locura digno de estatuilla dorada, eso sin deslegitimar la labor del resto de la familia: Gabriel Byrne como marido de Colette quien, en silencio sufre las consecuencias de esta psicosis colectiva, la misteriosa Milly Saphiro como la hija pequeña y Alex Wolf (su hermano en la ficción) que protagoniza uno de los planos más escalofriantes de la cinta.

 

Sorprende ver una ópera prima tan completa y sólida como Hereditary, es evidente que A24 tiene un ojo impresionante a la hora de producir y comprar películas y, sin quererlo, están convirtiéndose en la vanguardia del cine independiente norteamericano (han distribuido y producido películas tan importantes como Lady Bird, Moonlight o A Ghost Story).  Hereditary supone todo un descubrimiento en el cine de terror norteamericano porque su director a encontrado la forma de hacer todo mucho más creíble, de conectar con el espectador a través de un proceso de identificación al partir de una idea tan universal como es la pérdida y, además, se ha llevado códigos del cine de autor más elitista como planos de larga duración o sutiles e inapreciables paneos para reencuadrar que crean un complejo montaje interno. Hereditary es triste y aterradora pero, por encima de todo eso, un bárbaro ejercicio cinematográfico.

Acerca de Alex Manzano

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Cine, arte y tebeos. Amarás el musical sobre todas las cosas. John Cameron Mitchel es mi dios. Si quieres encontrarme, busca en mi habitación. Si no, en cualquier rincón de Madrid.

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