Tiempo (Old)

Tiempo: La vida y sus trucos

Spielberg, Hitchcock, Buñuel… son varios y muy lustrosos los nombres que se le vienen a uno a la cabeza al buscar posibles referentes para M. Night Shyamalan en la concepción de Tiempo, filme que bien puede funcionar de metáfora sobre lo efímreo de la vida, como puede pasar por un capítulo de En los límites de la realidad con todos sus vicios y virtudes.

 

Tiempo (Old)

 

La premisa del filme es tan desconcertante como sugerente: una familia de vacaciones va a pasar el día a una idílica playa, pero pronto descubren que algo en dicha playa acelera su envejecimiento a un ritmo terrorífico y que no pueden salir de ella. Siguiendo un esquema similar al del cómic en el que se basa (Castillo de arena, de Pierre Oscar Lévy y Frederik Peeters), Shyamalan concibe un relato en el que el tiempo como entidad intangible y fatal, inevitable, es causa de angustia y desesperación. El tiempo y sus efectos físicos y emocionales son implacables.

 

A través de los diferentes personajes se fija en temas como la futilidad de la apariencia física, el error de querer crecer demasiado rápido o la desazón de los padres al comprobar que sus hijos ya son mayores, el duelo, el miedo a la muerte y la comprensión de esta como algo natural… El cineasta indio es ambicioso en los temas a tratar; y gracias a una cuidada elección de castin y una puesta en escena minimalista pero muy rica en lenguaje alegórico llega al público, al que hace partícipe del sufrimiento y drama de sus protagonistas y le invita a reflexionar sobre las cuestiones que va planteando según avanza la historia.

 

Ambicioso es también en la ejecución, convirtiendo por momentos Tiempo en una sucesión de golpes de efectos que enfatizan la premura del tiempo y la vida que se escapa a los personajes, y proponiendo unas acertadísimas soluciones formales (ya sea jugando con el desenfoque o el sonido, o con los cambios de perspectivas y el fuera de campo) que subrayan su talento como ilusionista.

 

Muy a su pesar, sin embargo, el tiempo es un juez implacable y Tiempo no está falta de imperfecciones. La premisa es todo un reto de mantener y el montante de casualidades que exige la película es tal que, parafraseando a Guy, el personaje interpretado por Gael Cargía Bernal, es estadísticamente imposible aceptarlas todas, forzando hasta el límite el pacto de verosimilitud. Además de presentar situaciones e ideas que rozan el ridículo, a poco que se rasque, se detectan con cierta facilidad algunas de las trampas e inconsistencias de la propuesta. Pero como siempre con el cine de Shyamalan, la clave está en entrar o no en la ilusión.

 

Ahí entra también el desenlace, la dichosa revelación del truco, que arrasa con todo. Viniendo de una secuencia calmada y reflexiva, expuesta a modo de última voluntad que da al filme su halo de fábula, la estrambótica resolución (cuyas pistas pasan extremadamente desapercibidas en un primer visionado) torpedea el viaje previo, transmuta el tono del filme y afianza un ridículo no pretendido del que se destila una posible falta de ideas para cerrar el filme de una forma más orgánica y la imperiosa necesidad de sacar un último conejo de la chistera con el que asombrar al espéctador; costumbre esta harto vista en una corriente del género que basa su éxito en descabellados e impactantes giros finales y de la que Shyamalan -siempre partícipe de ella- parece no saber o querer escapar.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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