Sam Mendes

Sam Mendes: «‘1917’ funciona más como un thriller o una película de terror que como una película bélica»

Convertido en uno de los favoritos en la carrera por los Oscar gracias a la exitosa cosecha de los Globos de Oro (mejor película y dirección), Sam Mendes se ha enfrentado con 1917 a uno de los mayores retos de su carrera. Surgida a partir de las historias que le contaba su abuelo acerca de la guerra y rodada en planos secuencia, la película nos sumerge en el drama de la Primera Guerra Mundial a través de los ojos de dos jóvenes soldados ingleses. En esta entrevista abordamos con el realizador algunos de los aspectos más destacados de la película, desde el sonido o el trabajo en las localizaciones a las herramientas que le ha aportado su experiencia en el teatro.

 

George MacKay

 

Pregunta: ¿Cuál es la implicación, la utilidad narrativa del plano secuencia en la película?
Respuesta: Espero que dé la sensación de estar viviendo la experiencia con estos hombres y que experimentes el tiempo, la distancia y la geografía. Quería que el público estuviese encerrado con ellos dos de una forma que esté claro desde el principio que no hay escapatoria, tienes que seguir avanzando con ellos. Y crear una especie de tensión terrible acerca de lo va a haber en el siguiente giro o esquina, pero tener que seguir de esa forma. Funciona más como un thriller o una película de terror que como una película bélica. No es una película sobre batallas ni sobre sangre, habla sobre un viaje y me parecía una forma emocionante de contar la historia.

 

P: ¿Cómo se ha trabajado el sonido? Con la complicación de rodar en planos secuencias tan largos, ¿ha sido sonido directo? ¿Se ha doblado luego ?
R: Todo es sonido real. Buena pregunta, es tan importante porque… sí, hay una gran producción de sonido, teníamos un operador muy en forma que estaba siempre corriendo junto al cámara para grabar todos los sonidos reales. Cuando haces una película que quieres que sea una experiencia inmersiva y no  solo la imagen ha de ser inmersiva, sino también el sonido para que funcione. Y una de las cosas fantásticas de hacer películas para cines de estos días es que el sonido es increíblemente sofisticado. Para mí era una gran parte de la película.

 

1917

 

P: En una entrevista promocional, George Mackay decía algo así como que «cada toma era como una obra de teatro. Si algo sale mal, tienes que seguir«. ¿Cómo lo ves tú? ¿Hubo algún tipo de «descubrimiento» accidental que se quedara en la película?
R: Lo que intentamos hacer en la película era una combinación de precisión extrema con la cámara y una especie de vida espontánea frente a ella. Por lo tanto, tenías una gran precisión y una libertad combinadas y había muchos accidentes que sucedían de forma fortuita: de clima, luz, el comportamiento de los animales, el viento, los bebés que también se comportan de una forma particular… Luego hubo un momento al final en donde George se cae, que no estaba planeado. Se levantó y siguió. Quieres esa sensación de una vida que se va desvelando y a los actores les animaba a vivir las escenas más que actuarlas. Y como las tomas eran tan largas podían perderse de alguna forma en ellas. Yo decía que había que seguir adelante, nunca sabes que puede resultar útil. Por tanto estas cosas eran importantes.

 

P: ¿Cuál ha sido el mayor reto a la hora de concebir y construir las localizaciones? Hablamos de escenarios reales que se han tenido que construir sobre las propias localizaciones…
R: Hay que juzgar la distancia entre cada lugar de una forma muy precisa. Está muy bien escribir una escena que empieza en una mina, sube una montaña, baja la montaña a través de un bosque hasta una granja… pero cada distancia tiene que ser exactamente la distancia adecuada porque no puedo cortar. Y si escribes una escena en un huerto, tienes que caminar por un campo vacío, ir marcando con banderas lo que se tarda y luego construir el huerto para que tenga la longitud adecuada. Por lo tanto, todo tiene que medirse para tener la distancia perfecta. Durante meses testuvimos ensayando, noo podíamos construir ningún set hasta que no supiéramos la longitud de la escena, y eso fue un gran reto.

 

Sam Mendes

 

P: Durante toda tu carrera has ido alternando proyectos en el teatro y el cine. Como director, ¿qué te aporta el teatro al trabajo en una película?
R: En esta película ayudó mucho porque se puede utilizar para juzgar el ritmo de la historia en su conjunto. Estoy familiarizado con una toma continua de dos horas y media sin cortes (ríe), porque eso lo hacía en el teatro. Por tanto puedo juzgar el ritmo, el espacio, el tempo sin montaje. Ayudó mucho. Por otro lado en esta película hacíamos cosas muy cinemáticas cambiando constantemente la relación entre el espectador y los personajes. A veces era íntima, a veces era épica, a veces ves lo que ellos no ven, otras veces no. Así que usaba a la vez mis dotes del cine y del teatro.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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