Absolute Wonder Woman

Absolute Wonder Woman #18: Las cadenas de Kelly

Absolute Wonder WomanCada vez resulta menos una sensación y más una obviedad que en el universo Absolute solo pueden cambiar de verdad aquellos personajes con poca enjundia en la continuidad tradicional. Al menos en lo que respecta al entorno de Wonder Woman. Si un personaje tiene cierto peso en el imaginario colectivo se convierte en intocable. Kelly Thompson puede jugar con él, cambiarle el look y otorgarle un contexto alternativo, pero cuando entra en acción es el personaje que siempre hemos conocido. Zatanna y Giovanni Zatara son los más recientes (pero no lo últimos) ejemplos de esto.

 

«Te oigo, princesa«

 

Ella, miembro de la Liga de la Justicia y principal heroína mágica de la editorial puede albergar matices alternativos, pero es y será nuestra hechicera de confianza. Él, por su parte, liberado gracias a su trágico destino, puede convertirse en puro hueso y convertirse en la amenaza más mortífera contra la que ha combatido Diana.

 

Unas cadenas de las que no se libran ni los personajes que parecían ya asentados. Cuando Barbara se convierta en Cheetah os recordaré que retrocedáis a este AWW #18 y a su primera página para recordar el momento en el que Thompson hincó la rodilla y dejó que -otra vez- el miedo la atenazara y desaprovechara la oportunidad de proponer algo nuevo, limitándose a trasladar situaciones y personajes de la continuidad tradicional. Pero esta ha sido siempre la lucha de Absolute Wonder Woman contra sí misma; una serie que vuela, pero no muy alto. Que tan pronto se atreve a convertir a Circe en la madre de Diana, como mantiene a Steve Trevor como «damisela en apuros» de la amazona.

 

Absolute Wonder Woman

 

Pero después de año y medio de vida, no parece probable que podamos esperar otra cosa de Absolute Wonder Woman. Estas son las reglas o los límites con los que jugamos y (si nadie se los quiere saltar en el futuro) debemos plegarnos a ellos. Así, en este escenario, Cale y su Escuadrón Suicida dan un paso a un lado. En el número anterior la sosias Absolute de Amanda Waller «liberó» a Giovanni Zatara para que diera caza a Wonder Woman y en la espeluznante página final casi lo consigue. En este, mientras el hechicero sigue incendiando las calles cual vándalo, Diana busca refugio para lamerse las heridas y prepara un nuevo plan de acción.

 

Es, en este sentido, un capítulo que podríamos llamar de transición en el que la trama no avanza como tal, pero gana en profundidad porque nos permite poner voz a las motivaciones de sus principales protagonistas. De Diana se recuperan flashbacks  que exploran su dinámica con Afrodita, a quien seguramente sigamos viendo en el futuro a corto-medio plazo mientras siga sin resolverse la pregunta de por qué ha puesto distancia entre la amazona y ella, siendo la única de sus diosas protectoras con las que parece no mantener contacto.

 

De Zatanna, por su parte, constatamos lo que argumentamos al inicio del texto, su condición de heroína y aliada de la protagonista; así como el peligro que supone Veronica Cale, quien -por lo que desliza Zatanna, llegará a cualquier extremo con tal de echar el lazo a Diana. Y entre tanta conversación terapéutica Hayden Sherman desentumece su mano con una pelea entre las dos heroínas que está ya entre las secuencias más vibrantes de la colección. Asunto peliagudo, pues pone el listón muy alto de cara al próximo desenlace de una saga, La estación de la bruja, que dobla la apuesta de Thompson por el carácter mágico de Wonder Woman y su versión Absolute.

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