Estamos de vuelta con una doble entrega de Absolute Wonder Woman, obra de un equipo (Kelly Thompson, Hayden Sherman y Jordie Bellaire) que no debería romperse nunca. Será interesante ver cómo Panini Cómics decide publicar esta colección en su segura recopilación en tapa blanda. Lo lógico sería que ese futurible primer tomo ocupe Absolute Wonder Woman #1-7, dejando para el segundo el arco que aquí empieza.
«Entonces… ¿tú eres un plan?«
Y es que Absolute Wonder Woman #8 es prácticamente un nuevo punto de arranque para la cabecera después de que el número anterior funcionara como epílogo al primer arco argumental. Es más, según abrimos la grapa lo primero que nos encontramos es una página dedicada a narrar la historia hasta el momento presente, de tal manera que resume la posición de Diana (condenada por Zeus, criada en el infierno y liberada por su propia mano para convertirse en protectora de la humanidad) a fin de sumergirnos de lleno en su nueva realidad.
Sin una anotación concreta, damos por sentado que han pasado unas pocas semanas entre la lucha contra el Tetracida y la aventura que ahora comienza. En ella Diana ya parece haber naturalizado las dinámicas de su nuevo grupo, en el cual Steve Trevor parece un calco de su versión tradicional y Bárbara confunde el no aceptar órdenes de nadie con la falta de respeto y educación con quien te acoge en su casa. Sea como fuere, lo cierto es que Thompson tiene mucho trabajo en esta faceta para despegarse de las convenciones ya establecidas respecto a Diana y su relaciones mundanas.
Otra cuestión es la heroica y la que linda con sus orígenes divinos y mágicos. Aquí tenemos de primeras a Veronica Cale (ya presentada números atrás) erigiéndose como villana en la sombra con el beneplácito del gobierno de los EEUU. Moviendo hilos e influencias aquí y allá, de momento no tiene la necesidad de mancharse las manos… para ello hay otros personajes que hacen su aparición por primera vez en estas páginas. Primera aparición en su versión Absolute, ojo, porque el trío de personajes que debutan entre Absolute Wonder Woman #8-9, tienen ya un largo recorrido en la continuidad tradicional.
Uno de ellos, Ferdinand, lo podéis anticipar por la portada del número #9. Thompson acude al laberinto y lo reconfigura como una suerte de prisión con sus propias normas. Porque, y en este punto se subraya la soberbia de Cale, quién sabe si es ya una pista inconsciente de su caída, se señala que el laberinto, si bien apropiado por Cale y EEUU para sus poco éticos fines, ya estaba habitado. Es decir, han usurpado dicho laberinto sin considerar su naturaleza salvaje y mitológica. Y ya sabemos qué ocurre cuando alguien se entromete en cuestiones mágicas o divinas sin considerar precios y consecuencias… Ahora bien, ¿Thompson habrá pensado en esto? El futuro dirá.
Guardándonos otra de las caras nuevas que aquí debutan, nos queda la doctora Poison, inmortalizada en la gran pantalla por Elena Anaya, y que se presenta con una actitud ambigua hacia nuestra heroína. Alineada con Cale, para quien trabaja (desconocemos bajo qué régimen), su interacción con la amazona plantea estimables dudas respecto a sus lealtades. Amén de su particular apariencia física. Con ella Thompson y Sherman juegan y se atreven a retorcer las expectativas.
Al final, como siempre, cuanto más se abraza el concepto Absolute y nos alejamos de las convenciones es cuando más luce y se disfruta el cómic. Sucede aquí y sucede en Absolute Batman, la otra gran cabecera de esta línea.

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