Absolute Wonder Woman

Absolute Wonder Woman #12-13: Huellas de Themiscyra

Absolute Wonder WomanAl igual que sucediera después de que finiquitaran el primer gran arco argumental de la serie, el dibujante Hayden Sherman vuelve a gozar de un pequeño descanso de dos números que la guionista Kelly Thompson aprovecha para dar nuevas pinceladas sobre el pasado amazónico de Wonder Woman.

 

«¿Por qué eso no me sirve de consuelo?«

 

Aunque antes de marcharse de vacaciones, Sherman pone el broche a la saga del laberinto en Absolute Wonder Woman #12. Un arco argumental en cinco partes (dio comienzo en Absolute WW #8) en el que hemos conocido a las versiones Absolute de aliados habituales de Diana como el minotauro Ferdinand y que ha abierto la puerta a la esperanza respecto a isla Paraíso. El que debía haber sido hogar de Wonder Woman (recordad que en este universo fue condenada a criarse en el infierno junto a Circe) se había dado por desaparecido desde el propio arranque de la cabecera, pero la presencia de Io, aún en las desesperadas condiciones del laberinto, llenaba a nuestra protagonista de nuevas esperanzas.

 

Y es a ellas a las que se aferra en el desenlace del arco argumental, revelando así mismo la naturaleza del tridente que le roba a Clea en el número anterior. Un tridente que es propiedad del mismísimo Poseidón. Salvo puntuales apariciones en los flashbacks, apenas hemos tenido la oportunidad de ver a las deidades griegas. Sí que notamos su presencia cada vez que otorgan alguno de sus favores a Diana, pero de forma física apenas se han dignado a aparecer. Por ello no es un detalle menor que la amazona porte y blanda un arma divina. Y no menos importante resulta la forma en la que liquida el enfrenamiento con Clea y sus peces-hombre (cuya relación se revela aún más perturbadora de lo que podríamos imaginar), que nuevamente empareja a esta Diana absolute con su contrapartida tradicional.

 

El gran atractivo de este final de aventura está en los detalles, en qué se dice y a qué se referencia. Sin mostrar demasiado, Thompson da muchas pistas en torno al mundo de Wonder Woman y la Tierra Absolute. Io es la prueba de que Themyscira sigue en pie, por más de que Diana no haya podido encontrarla (lo que nos evoca -con todas sus diferencias- a la etapa de Renacimiento); Clea implica lo propio para Atlantis; y el vistazo al Área 41 dirigido por Veronica Cale, que en la comparación deja a Amanda Waller como una aficionada, supone el distanciamiento de personajes como Barbara Minerva de su sosias oficial y subraya -una vez más- el enorme peso de la magia en la realidad Absolute de Wonder Woman. En cuanto a la construcción de mundo, Absolute Wonder Woman #12 es un capítulo tremendamente importante.

 

Absolute Wonder Woman

 

Como decíamos, para Absolute Wonder Woman #13 Sherman se toma un descanso, no así Thompson, que se acompaña del dibujante Matías Bergara para este y el siguiente número en una historia que pone a Diana contra sí misma. Lo hace en un sentido más metafórico que literal, pero que se relaciona con la misma naturaleza de la heroína, que no se ha cansado de repetirnos que la magia siempre exige un sacrificio.

 

Se trata, en cierto sentido, de una cuestión de equilibrio. El poder conlleva un coste. Y generalmente se paga en sangre (ya hemos visto cómo perdió Diana su brazo por salvar a Steve Trevor), pero el precio tiende a ser más intrincado cuanto más poder se reclama. Desde que escapó de su prisión infernal, la amazona no ha dudado en emplear la magia cuando ha sido necesario, pero… ¿y si Wonder Woman no es la única que ha de pagar el peaje? Thompson deja caer la pregunta, al tiempo que proporciona un rastro a seguir en torno a la historia de Themyscira. Parece evidente, quizás demasiado, que ambas cuestiones (el precio mágico y las migas «themysciranas») están conectadas.

 

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