Bajo la apariencia de evento se esconde el tercer volumen de Amanecer de DC dedicado a Superman publicado por Panini Cómics. Tiene la apariencia, porque si bien aglutina las dos cabeceras supermaneras (Action Comics y Superman, además de un one-shot o special) y Joshua Williamson se cuida de que la puerta de entrada sea accesible a una mayoría de lectores, el argumento de La casa de Brainiac viste una enorme continuidad respecto a la actualidad del hombre de acero (como que Lex está en prisión, pero ayundando a Clark; o que Perry White es candidato a la alcaldía de Metrópolis; sin contar el sinfín de súpers que visten la icónica S).
«Oh, aquello fue todo un espectáculo»
Pero tanto si venís de los anteriores tomos de Amanecer de DC como si entráis en esta aventura por la atracción que arrastra Brainiac, lo que aquí tenemos es todo un espectáculo palomitero que refrenda a Williamson como una de las figuras a tener en cuenta en el panorama heroico actual (ahí está, por ejemplo, metido también en DC K.O.). El autor nos muestra a un Clark en su vertiente de hombre de acción, dispuesto a golpear antes que preguntar. No en vano, un sorpresivo ataque de Brainiac le obliga a llevar una actitud reactiva. Pillado por sorpresa, el kriptoniano debe dar la vuelta a la balanza antes de poder tomar la iniciativa.
Este es uno de los recursos más comunes para hacer blockbusters interesantes en torno al hombre de acero. Ante un ser prácticamente invulnerable, superior a casi todos sus rivales, o se le ataca a través del intelecto o sorprendiéndole. En el cuerpo a cuerpo directo es extremadamente fácil quemar las premisas casi desde que se plantean. Así, Williamson usa la baza de la sorpresa, desorientando a nuestro protagonista y obligándole a reaccionar apoyándose en quien primero encuentre porque el tiempo también se convierte en una variable a tener en cuenta.
De esta manera el autor apuesta todavía más alto proponiendo una alianza aún más extraña que la que compete a Luthor (quien, hablando de la dinámica de Amanecer de DC, sigue sin despejar las dudas respecto a sus lealtades) y presenta a un Brainiac tan estratega como siempre, pero también más ansioso de lo habitual. Quizás sea en el conflicto emocional donde el guionista no termine de dotar de la fuerza suficiente al relato. Todos, a pesar de llenarse la boca hablando de la familia y de hacer lo impensable para salvar a los suyos, se muestran muy fríos. Incluso Superman. De hecho, Luthor se muestra mucho más aefctado por su hija que Clark por todos sus aliados. La soltura que Williamson derrocha en la estructura de la aventura se resiente al retratar las emociones de sus protagonistas. Está todo tan medido, pero tan falto de corazón, que parece que fuera Brainiac quien escribiera este evento.
Con todo, insistimos, la lectura de La casa de Brainiac es muy entretenida, con momentos épicos y más de una sorpresa. Un blockbuster con todas las de la ley. E importante de cara a continuidades y saber de dónde viene cada cosa… de las cenizas de Superman: La casa de Brainicia surge Absolute Power. En este sentido, es una pena que el caos editorial del cese de actividad de ECC y el posterior traspaso a Panini de las licencias deceítas todavía se haga sentir y no podamos disfrutar de estas aventuras en el orden correcto.

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