Panini Cómics presenta un segundo volumen del Superman de Phillip Kennedy Johnson que puede confundir al lector casual o neófito, puesto que poco o nada tiene que ver con las aventuras que recogía el tomo inicial de la colección, aquellas que miraban al futuro del hombre de acero y lo convertían en un gladiador desprovisto de sus poderes y en una figura regia en un futuro aún más lejano.
«Sois parásitos. Encontraremos un modo de liberar a esa gente»
Y es que si bien el autor enlazaría la historia de aquel futuro cercano (creado para el contexto del «evento» Estado Futuro) con la serie regular con el paso del tiempo, al principio no era más que una aventura independiente sin conexión aparente con los relatos aquí contenidos, que suponen el arranque oficial de la etapa de Phillip Kennedy Johnson como guionista supermanero.
Para afinar un poco más el contexto, el Superman de Phillip Kennedy Johnson es justo la etapa que sucede a la de Brian Michael Bendis y se extiende hasta el inicio de Amanecer de DC. Así pues, esto nos da la pista de que -a menos a medio plazo- no vais a ver otra edición de esta saga y que en el futuro, si funciona este modelo, veamos una recopilación similar con la obra de Bendis. ¿Estamos ante el inicio del fin de la línea Premiere? No parece probable, pero resulta ciertamente extraña la elección de este indefinido formato para acoger una serie de la que se presume hasta el punto de subrayar su sello autoral; máxime cuando en Marvel Panini apuesta por líneas ya asentadas en su catálogo como la citada Premiere, los tomos Deluxe o los HC.
Sea como fuere, aquí es donde empieza a gestarse el relato de Kennedy Johnson, pero no así las circunstancias actuales de sus protagonistas, que arrastran las secuelas de lo escrito por Bendis. Es decir, no esperéis un número #1 o un arranque de cero. Por lo que sea (no se explica tampoco en el texto de cierre) Superman se está muriendo y su hijo Jon es una amenaza potencial para el futuro del mundo (sobre esto tenemos alusiones en el primer tomo de la colección). Saltamos, pues, sin red.
Por suerte no dejan de ser aspectos de relevancia relativa en estos primeros capítulos de la etapa, más centrada en explorar las dinámicas padre-hijo y en mostrar cómo ve cada uno al otro.
En este sentido las dos amenazas a las que se enfrentan Clark y Jon en los sendos arcos que recoge el tomo (además de un extracto del especial Frontera Infinita… el «evento» que siguió a Estado Futuro) revisten poco interés. El guionista no pone en verdaderos aprietos a los héroes, que saben salir airosos sin sufrir demasiadas secuelas. Lo importante, como decimos, es la relación entre ellos.
Kennedy Johnson alterna la voz del narrador entre uno y otro para que puedan verbalizar los sentimientos que albergan hacia el otro. Unos sentimientos cargados de amor y orgullo, pero también de dudas sobre sí mismo por el legado que recogen (caso de Jon) y de miedo y añoranza por el tiempo perdido y el que ya pasó (los dramas habituales de cualquier padre al ver crecer a sus retoños). Habrá a quien este enfoque más íntimo en torno al desarrollo de los personajes pueda saberle a poco, sobre todo cuando la trama heroica es notablemente rutinaria, pero es un enfoque que señala el mimo con el que Kennedy Johnson quiere contar su historia, haciendo que crezca junto a sus protagonistas. Se trata de una estimable primera piedra para una etapa vendida como una de las más destacadas de la historia reciente del personaje.

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