El chico que me gusta no es un chico

El chico que me gusta no es un chico #3: Sobrepensar

El chico que me gusta no es un chicoCasi año y medio después de la publicación del segundo volumen, Panini Cómics nos trae de vuelta a Mitsuiki y Aya en el tercer tomo de El chico que me gusta no es un chico, el manga tritono de Sumiko Arai. Una carta al amor y a la música para celebrar con orgullo.

 

«¿Se puede saber qué capítulo me he perdido?«

 

Una de las cosas más terribles que pueden pasarte cuando no hablar claramente de tus sentimientos con la persona correspondida es la de sobrepensar. Esto lleva a crear muros invisibles, a tomar distancias con la persona amada e, incluso, a valorarte menos. ¿Por qué? Puro y simple miedo.

 

Esta es la situación en la que se encuentran Aya y Mitsuki en este tercer volumen. Las cosas habían acabado muy bien en el tomo anterior, con Mitsuki abriéndose a compartir su música con su estrecha amiga. Poco a poco se iba fortaleciendo la complicidad entre ambas y el amor, aún no verbalizado, aporreaba a la puerta. Pero ¡ay! Nuestras protagonistas van con tanto pies de plomo que empiezan a pensar en lo que pensará la otra si ellas piensan que la otra piensa que tal cosa. Menudo lío. Sin ánimo de hacerse daño ellas mismas generan pequeños obstáculos en una incipiente relación que todo el mundo ve con alegría y nadie entiende tanto rodeo.

 

El chico que me gusta no es un chico

 

Pero claro, sin rodeos, dudas o malentendidos no habría drama. Y sin drama no habría serie. Nos toca sufrir junto a las protagonistas a la espera de que hagan click y arreglen los miedos. Y es que, hasta cuando estos las invaden, no hacen más que pensar en el bienestar de su amada. ¡Y eso sí que da rabia! Porque las dos tienen cierta consciencia de los sentimientos de la otra. Así, Aya no duda en «bautizar» a Mitsuki como Hachikō, el famosísimo akita que profesó un amor y una lealtad que fueron más allá del fallecimiento de su dueño (si no conocéis su historia y os gusta llorar, tenéis hasta tres versiones fílmicas de la misma). Ello después de mimarla varias semanas tras un pequeño accidente (del que tuvo cierta parte de culpa). Ambas se cuidan y protegen de forma que solo lo haría una pareja de verdad… pero entre el sobrepensar y que por cuestiones de trama -de momento- solo pueden ser amigas, nos toca seguir sufriendo.

 

Este volumen también permite a las protagonistas vivir algunas nueva primeras veces, como el primer festival de música de Aya… nada menos que en compañía de Mitsuki y su familia, lo que nos da la oportunidad de seguir conociendo a Joe y Kanna (estos saben otro rato de no decirse las cosas a tiempo y arrepentirse de ello); o de prepararse para una prom al más puro estilo americano que conduce a un cliffhanger que esperemos resolver más pronto que tarde, porque Arai nos deja con la miel en los labios una vez más.

 

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