The Last of Us: Parte II

The Last of Us. Parte II: El dolor de la venganza

Cuando The Last of Us terminó dejando en el aire que pasaría después de aquel “Vale” de Ellie a Joel, a las puertas de Jackson, después de mentirla sobre los luciérnagas pensábamos que no íbamos a tener una continuación a una de las obras más importantes de los videojuegos de las últimas décadas. Neil Druckmann dijo muchas veces que una segunda entrega de The Last of Us solo vería la luz si tuviera algo que contar. Y lo tiene. The Last of Us: Parte II es una historia de venganza, si, pero también sobre el odio, sobre el fanatismo, sobre la religión, sobre el respeto y la tolerancia, sobre las consecuencias de nuestros actos y, en especial, sobre el perdón. Lo de Parte II añadido al título viene perfecto porque es una secuela con otra historia y otros personajes, es la continuación al mismo mundo, a los mismos personajes y sobre las consecuencias que tuvieron los actos con los que termina el primer juego. Es una historia visceral, violenta, sangrienta, adulta y muy inteligente. Neil Druckmann ha sabido dosificar la información para ir entrando poco a poco dentro de la historia y terminar enganchando de una manera tan adentro que la sientes como propia. Y poner al jugador en situaciones en las que jamás se había encontrado. Y eso hacen de The Last of Us: Parte II el mejor juego de la actual generación y uno de los mejores de la historia.

 

The Last of Us: Parte II

 

Creo que muchos de los jugadores se esperaban que Naughty Dog hiciera una secuela algo continuista, que Ellie y Joel fueran de nuevo los motores de toda la trama y no solo Ellie. Muchos pensaban que Neil Druckmann iba a realizar un juego que fuera fan service y los jugadores estarían dando aplausos a cada paso que daban por las solitarias y terroríficas calles de Seattle. En cambio, Naughty Dog y Neil Druckmann han decidido arriesgarse a contar una historia mucho más adulta y oscura que el original sin deber nada a nadie. Por eso The Last of Us: Parte II funciona tan bien, porque arriesga en cada momento de la trama haciendo que el jugador tenga que hacer cosas o tomar decisiones que nunca antes se habían planteado en un triple A donde casi siempre se intenta satisfacer al jugador. En The Last of Us teníamos la sensación de que nosotros éramos los buenos y todos los que nos encontrábamos eran los malos, pero en The Last of Us: Parte II, Neil Druckmann consigue cambiar eso de cierta manera para que en el mundo donde nos tenemos que mover no haya buenos, sino que todos somos demonios egoístas y sin escrúpulos a los que nos da igual todo. Y hay cierta toma de decisiones que nos dejan ver que Ellie ya no es aquella chica inocente, ahora el odio y la rabia la llenan por dentro y se llevará por delante lo que haga falta.

 

En este sentido, se nota que el tema de la venganza y el odio que plantea el juego está conseguido, pues hay ciertas escenas en donde nosotros como jugadores nos planteamos si de verdad merece la pena todo esto que estamos haciendo por vengarnos. Y es aquí donde surge el tema principal del juego, el dolor y la pérdida que supone la venganza. Y porque la venganza de uno si está justificada y la de otro no. Es aquí donde el juego posiciona al jugador ante un debate moral al que no estaba preparado cuando instaló el disco y donde se verá la naturaleza del propio del jugador ¿Quién es el villano del juego? ¿Por qué buscamos esta venganza? ¿Somos consecuentes con todo lo que conlleva? Después de terminar The Last of Us: Parte II estaremos durante mucho tiempo pensando aquello que nos ha propuesto y como lo ha hecho. Y es que el juego cambia el por completo el concepto de narrativa y consigue que otros juegos puedan plantearse como querer contar su historia a partir de ahora. Y es que lo mejor que tiene es el riesgo que tiene al no querer complacer a todo el mundo, el querer llevar sus ideas hasta el final sin importar las consecuencias y el ser mucho más complejo que el primero con sus temáticas.

 

En cuanto al nivel jugable y de gráficos, The Last of Us: Parte II es un portento. Quizás más a nivel gráfico, pues en las mecánicas jugables han apostado por no querer tocar demasiado lo que ya supuso el original, lo han perfeccionado y añadido un par de cosas como el salto, el esquive (que es espectacular), el poder tirarnos cuerpo a tierra para evitar ser detectados en momentos de hierba o el poder lanzar una botella a nuestro adversario para dejarle aturdido y atacar en ese momento. Por lo demás es igual que The Last of Us. Pero donde llega a otro nivel nunca visto y que parece que ha avanzado dos generaciones es en los gráficos. Son una auténtica obra de arte. Las animaciones faciales, el movimiento de la ropa, del cuerpo o como las gotas de lluvia caen sobre nosotros es de quedarse alucinando a cada paso. Y es que hasta las animaciones de tocas la guitarra, un minijuego dentro del juego, se ve realmente alucinante. Lo que han hecho con este juego es otro nivel y puede que tardemos en ver algo así en mucho tiempo, incluso en la nueva generación. Por ponerle un pero, quizás que llega un punto que comienza a repetirse las situaciones a las que estamos sometidos, en especial en la segunda parte del juego, pero que es una tontería comparado con todo lo que da al jugador y lo que hace por el medio.

 

Sé que muchos querrían que Naughty Dog hubiera hecho un juego sencillo, continuista y que contentase a todo el mundo, pero el estudio de california ha decidido entregarnos una obra diferente, polémica y alejada de lo que los jugadores hayan experimentado alguna vez. El viaje que propone es doloroso, es sangriento y violento. No estamos en un mundo alegre, estamos en uno que ha sucumbido a la oscuridad donde no hay buenos ni malos, sino personas que han ido evolucionando por las circunstancias a las que hemos sido sometidos. Al final ninguna venganza está justificada, pues el dolor que trae detrás es de los que no se borran nunca en la vida y nos perseguirá siempre. The Last of Us: Parte II es una obra maestra, al igual que fue el primero, no diré si es mejor o no que el primero, pues ambos se complementan perfectamente. Estamos ante uno de los juegos más importantes de la historia y uno que merece ser jugado y experimentado.

Acerca de Christian Leal

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Desde niño me apasioné por el séptimo arte, por ello decidí licenciarme en Comunicación Audiovisual, pero después amplié mis miras también hacía la pequeña pantalla en la que devoro, bebo y me alimento de series y cine. Mi vida podría resumirse en un guión de Aaron Sorkin dirigido por David Fincher o Michael Haneke.

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