Mi gran noche

Mi gran noche: La tele era una fiesta

Mamarrachada y carcajadas se unen en la nueva jugarreta de Álex de la Iglesia. Todo al ritmo del descontrol. Compuesto por una serie de rocambolescos personajes (no podía ser menos tratándose de él), y todo muy en la línea del estilo de su creador; ya se sabe, nada podía quedarse comedido ni en estrecheces. Ahora el realizador se inmiscuye en el mundo de la televisión (como en Muertos de risa), pero no en el día a día, sino en una cita anual.

 

Carolina Bang y Hugo Silva

 

Mi gran noche es un cruce de historias en plena grabación del especial de Nochevieja. Dentro del jolgorio, los chascarrillos, la farándula y los bailarines hay espacio también para los chanchullos, las venganzas, la lucha por el share y la casposidad. Todo sucede en unos estudios de una productora, la ficticia Mediafrost, en las afueras de Madrid. La grabación marcha: gente simulando que se lo está pasando fenomenal y famosetes dejando claro que sus vidas no son tan perfectas como parece. Y todo este microcosmos dentro de los estudios mientras fuera los trabajadores protestan por un ERE.

 

En el interior destaca la actuación estrella de la noche, la de Raphael, convertido en un maligno alter ego llamado Alphonso, un divo de la música con la cara y repertorio musical del intérprete de Escándalo. Y ahí unos asistentes a una fiesta disfrutan del festejo sin alcohol, un cantante ingenuo pone su mejor cara, los presentadores son simpáticos aunque estén en tensión constante y la cadena esté sufriendo los males de los trabajadores indignados. Ya se sabe, en la tele es todo mentira, pese al mal humor el espectáculo debe continuar, y esta fiesta con resaca desde el minuto uno se disfruta con aceleración. De la Iglesia no miente, esta es otra muestra de su modo agitado de contar y satirizar las cosas.

 

Raphael

 

Para la cita son muchos los intérpretes a los que ha llamado, unos cuantos ya conocidos del cineasta y varios vistos en Las brujas de Zugarramurdi. A cada uno le asigna un rol relacionado con el mundo del espectáculo: Santiago Segura es un directivo villano, Carmen Machi una realizadora pasota y gruñona, Carlos Areces un desgraciado asistente del cantante, Carolina Bang y Hugo Silva unos codiciosos presentadores de galas, Luis Callejo un regidor desesperado, Pepón Nieto un pobre parado que pasaba por allí, Blanca Suárez una chica con un fatídico don, Ana Polvorosa y Luis Fernández son otros extras de la tele y Mario Casas hace de un exitoso cantante latino, Adanne, rol en el cual está soberbio. Hay muchos más, y todos, como el resto, geniales. De la Iglesia ha sabido extraer la vis cómica de sus actores en esta gran noche mejor que en ninguna otra ocasión.

 

La historia queda más homogénea que en Las Brujas…, que fallaba en la segunda parte; aquí el ritmo está más medido y se sigue vertiginosamente bien, siempre que el espectador sea tolerante al elevado tono del cineasta. Las tramas se entrecruzan y vuelan, cada una con un maquiavélico plan, haciendo así una directa crítica a la tele y otra no tan directa a la miseria del ser humano.

 

Santiago Segura y Blanca Suárez

 

La película es bestial, excesiva, punzante… Si se define con semejantes calificativos, el efecto no podía ser otro: carcajada absoluta, ese es su principal cometido. Ni Raphael aka Alphonso lo podía definir mejor en sus letras: Es un escándalo.

Acerca de María Aller

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Madrileña. Comunicadora. Periodista. Sagitaria. Bonne Vivante. Cine. Y festivales, series, libros, cocina, deporte... recomiéndame!

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