Catorce de Julio

Catorce de Julio: Paranoias del mundo moderno

Catorce de Julio«No correremos ningún riesgo, como el año pasado«

 

Cierto que vamos de susto en susto y que en el momento presente lo que más nos acongoja es la amenaza real de un virus descontrolado que nos ha privado del amor y la compañía de nuestros mayores y que nos retiene en nuestras casas mientras se nos echa encima una crisis socioeconómica como nunca se ha visto en el mundo desde la II Guerra Mundial. Sin embargo, antes de que la naturaleza pareciera vengarse cruelmente de nosotros y antes de que constatáramos que nuestros políticos no valen ni el peso de la mierda que escupen por sus bocas, lo que nos quitaba el sueño era la amenaza terrorista proveniente del mundo islámico radicalizado a través de décadas de abuso occidental y de la búsqueda de una grandeza que nunca ha de volver a través de unas ideas que jamás volverán a tener el mismo calado.

 

Nueva York en 2001, Madrid en 2004, Londres en 2005… y París en 2015 y Niza en 2016. Casi tres mil quinientas personas muertas en tan sólo cinco episodios de violencia. Familias rotas y un mundo que, desde los atentados de las Torres Gemelas, primero, y de los vehículos suicidas de Niza y Barcelona (y otros tantos lugares), después, ha debido cambiar muchas de sus costumbres para acostumbrarse a convivir con la incertidumbre que provoca la siempre presente realidad de que un loco decida que sus ideas son más importantes que las vidas de quienes le rodean. Este es el mundo en el que nos movíamos hasta que el coronavirus ha encerrado en sus casas a ricos y a pobres, a buenos y a malos, a terroristas y a sus posible víctimas. Y este es un mundo que sigue ahí, con tenebrosos destellos de cuando en cuando (como el horrible asesinato hace unos días de un profesor de Historia en Francia), recordándonos que aún no se ha marchado.

 

«No lo entiendo. Eran chicos sin problemas«

 

Bastien Vivès no suele prodigarse con el análisis sociopolítico de la actualidad. Sus cómics tienden más a lo íntimo, a lo sugerido y hasta a lo erótico si me apuráis. Sin embargo, en esta ocasión decide prestar su arte a Martin Quenehen (que viene del mundo del documental y tiene con esta su primera experiencia con las viñetas) para retratar a una Francia rural que trata de asimilar esta nueva realidad mientras intenta mantener la fuerza de las tradiciones. Protagoniza el relato un joven policía que ansía progresar para huir del pueblo en el que ha pasado toda su vida y que, tras conocer a un pintor que ha huido al pueblo de los recuerdos de su mujer, muerta en un atentado, comienza a obsesionarse con la idea de una serie de amenazas que no termina de saberse si son reales o si tan sólo están en su cabeza.

 

Catorce de Julio

Catorce de Julio

 

Entre medias, Vivès y Quenehen nos presentan a una dupla de personajes femeninos que aportan poco o nada a la trama (más allá de una serie de tensiones sexuales que ni son resueltas ni buscan resolución) y una historia que transcurre lenta y tranquila hacia un final tan llamativo que no podemos decir que nos lo esperáramos. Vamos viendo como el protagonista del relato va radicalizando sus opiniones acerca de una vaga amenaza terrorista que sólo él percibe y que, en el fondo, instiga a través de una serie de acciones que retratan el estado de paranoia en el que nos sumieron los atentados a los occidentales, poco acostumbrados a una violencia así de gratuita. Se reflexiona, como no podía ser de otra forma, acerca del perdón y de la obsesión y deja que seamos nosotros quienes emitamos el juicio final sobre los protagonistas de este relato.

 

Diábolo nos trae una obra atípica de Bastien Vivés tras Polina o La Blusa sobre un tema que, una vez que lloremos a los muertos por el Covid-19, seguirá estando presente en nuestras pesadillas.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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