There's Nothing There

There’s Nothing There: Terror influencer

There's Nothing ThereSin terminar de despuntar como merece en el competitivo mercado norteamericano, el sello Black Mask Studios de vez en cuando consigue presentarse como una alternativa más auténtica a los fotocopiados estándares de la extinta Vertigo o la actual Aftershock con propuestas que abrazan sin pudor el fantástico y que en no pocas ocasiones hacen bandera de la diversidad normalizando roles de género, raciales y de sexo. There’s Nothing There es una de las pocas apuestas que ha logrado cruzar el charco (y esperamos que sea la primera de muchas), aunque lo hace por el (bienintencionado) interés de Norma Editorial, pues la obra cuenta con el personalísimo dibujo de María Llovet en su primer trabajo para el llamado “cómic USA”, y la editorial española siempre ha tenido predilección por la artista catalana, de la que ya ha publicado algunas obras.

 

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El relato, escrito por Patrick Kindlon, busca combinar el mundo de las influencers y el terror de tintes fantasmales. La editorial define el cómic como “un remake de Arrástrame al infierno hecho por Darren Aronofsky”, y si bien resulta una comparación un tanto exagerada, da buena cuenta cuenta de las intenciones del guionista al plantear la historia, tanto su componente psicológico como su tono pretendidamente cínico en no pocas ocasiones. En este sentido la sensación que se nos transmite es la de que el elemento sobrenatural no es tanto un condicionante, sino un aspecto que se complementa con el día a día de su protagonista como influencer, al estilo de Snotgirl y el thriller (también publicado por Norma Editorial). Esto solo se entiende atendiendo a las intenciones del autor, que expresa con mucha claridad en el prefacio aludiendo al adjetivo de «divertida«.

 

Esta es la pretensión fundamental de There’s Nothing There: divertir a su público. Lo hace además intentando conectar con la audiencia contemporánea, ávida consumidora de la burbuja de las redes sociales y la moda, construyendo un mundo que le puede resultar reconocible. Y ello -aquí va el más difícil todavía- acudiendo a un tono que evoca sin sutilezas al componente lúdico y perverso del género de los años 80, siendo relativamente fácil pensar en filmes como Society (de Brian Yuzna) donde con no poca mala baba chocaban el refugio idealizado de los protagonistas con terribles realidades y la imaginación del público jugaba un papel importante para imaginar (si quería) las explicaciones que no siempre se daban.

 

 

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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