«No hay imágenes del asesino saliendo, ¿verdad?«
Durante un breve período de tiempo Oliver Queen fue presidente de Químicas Horton, una empresa propiedad de una buena amiga suya que se la legaría justo antes de morir asesinada, como una invitación para que un Green Arrow en pañales investigase su homicidio, en aquella época en la que el personaje buscaba ser una versión algo más colorida de Batman. En esta corta etapa se basa Chris Condon para añadirle al bueno de Queen un pecado de juventud que ni él mismo sabía que había cometido. Y es que durante el tiempo en el que ejerció de presidente se limitó a firmar los papeles que le ponían delante, enfrascado como estaba en esclarecer el asesinato de su amiga Abby. Y si algo he aprendido después de muchos años trabajando en una gran compañía (y no, no me refiero a La Noche Americana, lo siento Dani) es que nunca se ha de firmar nada que uno no haya leído (y consultado) antes.
Y de ahí saltamos al presente, porque alguien está matando a directivos de Horton implicados en aquella turbulenta época. ¿Por la muerte de Abigail Horton? Ni mucho menos, más bien por las muertes y las enfermedades que esta empresa causó a decenas de familias cuando construyeron una urbanización sobre los restos de un antiguo vertedero ilegal de productos químicos peligrosos. Y ahí es donde llega la culpa. ‘Podría haber investigado más‘, ‘debería haber leído todos aquellos papeles‘… Vale, muy bien, cometiste un error hace unas cuantas décadas. ¿De verdad eres exactamente la misma persona ahora que la que fuiste en aquellos tiempos? ¿No ha cambiado nada para ti en las últimas DÉCADAS? Me niego a creer que todo, absolutamente todo, siga igual.
«¿No se suponía que estabas muerta?«
Con lo anterior no pretendo meterme con la historia que nos está trayendo Condon (lo que me está costando no ser un crío…), sino todo lo contrario. El autor da en la diana (ahora sí que no he podio resistirme al chiste fácil) a la hora de retratar cómo funcionan los mecanismos de la culpa y lo poco racional que ésta es en la mayor parte de las ocasiones. Porque Oliver no podía ser consciente de que la empresa que acababa de heredar por sorpresa de manos de una de sus amigas más queridas era, en realidad, un agujero negro empresarial de moral mucho más que cuestionable. Simplemente no tenía las herramientas adecuadas en el momento preciso. Y remarco esta frase porque es clave: a menudo juzgamos las decisiones (nuestras y de los demás, eh, que esto no sólo aplica a los mecanismos de la culpa) en base a los conocimientos y las herramientas que tenemos ahora. Y eso es increíblemente injusto. No podemos culparnos a nosotros mismos de las malas decisiones que tomamos siendo poco más que adolescentes del mismo modo que no podemos juzgar y sentenciar a nuestros abuelos por no entender correctamente realidades como pueden serlo la homosexualidad o la convivencia fuera del matrimonio cristiano.

All In Green Arrow #2
Desde este punto de vista, y pese a ese inicio tambaleante que me hizo tomarme más tiempo de la cuenta lanzarme a por su segunda entrega, Condon comienza fuerte su etapa al frente de Green Arrow. Lo hace con una historia que, en lugar de echar por tierra todo el crecimiento del personaje hasta la fecha, se apoya en su rica historia para construir un relato que le permita seguir aprendiendo de sus propios errores. Habrá que leerse más pronto que tarde el tercer número de este All In Green Arrow que está publicando Panini.
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