Mientras que Wonder Woman #18 sirve para que Tom King y Daniel Sampere (con la colaboración de Jorge Fornés) cierren la trama dedicada a Mouseman el aspirante a dictador y den nuevos pasos en la historia de la Matriarca, su gran villana; en Wonder Woman #19 todos se toman un descanso (Diana incluida) para que Stephanie Williams y Jeff Spokes arranquen un pequeño arco de transición centrado en las wonder girls e Isla Paraíso.
«Ahora siempre se trata de mi hija»
A este respecto, la aventura que tiene lugar en Themyscira puede mostrar la apariencia de relato menor, sin mayor trascendencia. Y aunque algo de cierto hay en ello, se trata de una aventura que nos permite profundizar en la idiosincrasia amazónica, además de recuperar a una villana a la que hacía bastante que habíamos perdido la pista, siendo su último gran momento durante la ya icónica etapa de Cliff Chinang y Brian Azzarello.
Williams y Spokes ofrecen un descanso a Diana (ya decidiréis en vuestra lectura si la excusa funciona o es forzada) para que Donna, Cassie y Flora disfruten de su propio espacio, sobre todo en un momento en DC Comics en el que ninguna cuenta con una cabecera en la que pode reivindicarse. La guionista apuesta para la ocasión por una dinámica que no se aleja demasiado de la trazada por King en sus incursiones durante el arco dedicado a la caída del soberano, haciéndolas competir entre sí por ver quién es la mejor de las tres. Y es que de un tiempo a esta parte entre las tres se ha forjado una relación de aliadas, pero rivales. Algo que en pequeñas dosis puede funcionar por contraste, pero que a la larga, además de generar discordia, puede resultar artificial, ajeno a todo lo que profesa su mentora, Wonder Woman. Quizás sea porque en la duplicidad del rol que representan, los diferentes equipos creativos aún no han sabido cómo manejarlas.
La chicha está, sin embargo, en el número anterior, en Wonder Woman #18. Visto cómo acababa el número anterior, os podéis hacer una idea de los derroteros por los que transcurre este desenlace. Mouseman ha mordido el polvo y Batman y Superman se presentan con el ceño fruncido. ¿Qué tenemos aquí? A Wonder Woman marcando su posición con aún más determinación. Y ello sin necesidad de alzar la voz o perder la compostura. Serena, pero firme, Diana señala sus líneas rojas y el motivo por el que se saltaría cualquier regla. Este arco ha servido a King y Sampere para ilustrar la maduración que ha experimentado la amazona al convertirse en madre y, en consecuencia, cómo han virado sus prioridades, lo que genera choques con quienes son incapaces de aceptar los cambios.
De fondo, además -como ya apuntamos- la Matriarca vuelve a enseñar sus dientes en un perverso teatro que si no diera tanto miedo sería paródico. La villana, eso sí, parece pecar de la altivez de sus predecesores. Tanto Mouseman como el soberano se creyeron mejores, intocables incluso, y mordieron el polvo. La Matriarca, por más que los lápices de Fornés hayan mostrado un futuro con Diana y la Liga de la Justicia muertos, aquejada de los mismos vicios, correrá el mismo destino. La pregunta es cuándo y cómo. Ahí radica su interés inmediato. A largo plazo albergamos dudas sobre su legado como la gran némesis en la que quieren convertirla Sampere y King.
Deja un comentario: