«¿Cómo iba a odiar a una madre como ella?«
Esta serie es brutal. Sé que llevo ya cuatro años repitiéndolo y diciéndoos (a los que quedéis aún por caer rendidos ante el manga de Yukinobu Tatsu que publica Norma en España) que deberíais darle una oportunidad a una obra que ha revolucionado el concepto de shonen. Y es que, ¿en qué otro manga podemos pasar de un capítulo que nos narre al detalle el intento de asesinato y posterior suicidio de una madre hacia su retoño a otro en el que el crío, ahora convertido en un adolescente, se muestre capaz de perdonar y pasar página? ¿En cuál vamos a ser testigos de un gesto de puro amor y sacrificio como el que observamos en la Turbovieja? Y todo ello regado de unas ilustraciones que ya quisieran para sí otros muchos cómics de este género. Dandadan es pura magia de principio a fin y estos dos volúmenes vuelven a ser un claro ejemplo de ello, cerrando la trama del baúl maldito por un lado (adiós a la relación Zuma–Momo y a sus aventuras en Jumanji) y lanzándonos de cabeza a una nueva trama en la que las consecuencias de ésta sobre Momo van a ser el motor principal.
El cierre de la saga que nos ha tenido ocupados los últimos meses se convierte, por arte de magia, en la puerta de entrada a un nuevo arco argumental cuando nos damos cuenta de que todo lo que ha ocurrido se ha dado de tal manera que simplemente sirve a los intereses del personaje que lleva todo este tiempo apareciendo y desapareciendo de la memoria y el presente de nuestros protagonistas. Pero no sólo eso, la saga nos deja con un personajazo como Zuma uniéndose al cada vez más numeroso grupo que acompaña a Momo y Okarun y con la sensación de que Tatsu nos puede contar cualquier clase de historia que se proponga.
«No me compares con esa desgraciada«
Y, de pronto, todo se acaba.
¿Todo? No, claro que no, pero sí al menos lo que sirvió como punto de partida a toda esta historia. Que Okarun recupere al fin sus pelotas (con perdón) supone otra manera con la que el mangaka decide romper con algunos de los clichés típicos del shonen, al solucionar la principal premisa del mismo sin que esto afecte lo más mínimo al interés que nos suscita la trama. De golpe y porrazo decimos adiós al personaje de la Turbovieja y, por extensión a los poderes prestados por ésta que utilizaba Okarun para pelear. Y esto es otra decisión la mar de valiente por parte de Tatsu, porque, entre otras cosas, se traduce en una de las señas de identidad de este maravilloso manga.

Dandadan #19
Y es que a partir de aquí, sin que el peso en la trama de Okarun se vea resentido, el papel de todos sus amigos en cada nuevo conflicto se va a ver multiplicado y, con ello, su importancia y protagonismo coral. Basta con ver la pelea que cierra Dandadan #20 para darnos cuenta de lo mucho que se fija el autor en cada uno de sus personajes. De verdad que es una gozada leer una historia así.
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