Daniel Sampere y Tom King siguen metidos de lleno en La isla de ratones y hombre, saga que empezó haciendo poco ruido pero que ha ido creciendo más y más a cada entrega hasta presentarnos a un terrorífico Mouseman que nada tiene que ver con el pelele disfrazado del que Wonder Woman ni siquiera se acordaba, así como a la Matriarca, villana de nuevo cuño a la que los autores desean equiparar con Lex Luthor o Joker como gran antagonista de la amazona.
«Todos estamos salvados ya»
A ambiciosos no les gana nadie. Y es verdad que con el soberano demostraron su habilidad para crear temibles adversarios que aportasen frescura a imaginario del personaje sin traicionarlo, sino aportando más valor al mismo. Pero también es cierto que la empresa que se proponen es complicada y no tanto por crear una némesis que destaque entre la galería de enemigos de Wonder Woman (seamos francos, no es difícil), sino por crear a alguien que esté a la altura de la que fuera diosa de la guerra en tiempos no tan lejanos. Personalmente tengo mis reservas al respecto, pero si un equipo es capaz de calar tanto en la mitología amazona es el formado por King y Sampere.
Basta echar un vistazo a la portada del número #15 de la serie, la imagen que antecede a estas líneas. Emulando la técnica de las antiguas vasijas griegas, en tan solo tres imágenes Sampere resume la que ha sido la guerra de Diana hasta el momento. Representando el pasado tenemos al soberano, soberbio como es él, agarrando el lazo de las mentiras que le otorgó buena parte de su poder. Debajo, en el presente, están Mouseman junto a Etta, Emelie y Lissa, a quienes ha venido a buscar Diana hasta Isla Moray. Y por último, en el futuro, Matriarca parece haber matado a Diana y Trinity.
Con esas expectativas nos adentramos en un par de capítulos en los que asistimos a una narración en dos tiempos. En WW #15 echamos un vistazo a ese posible futuro (dibujado por Jorge Fornés), al tiempo que Diana entra en contacto con la resistencia al régimen dictatorial de Mouseman. En WW #16, en cambio, la mirada se posa en el pasado y mientras que en el presente vemos el reparto de golpes entre nuestra heroína y Mouseman, descubrimos como este logró hacerse con el poder de la que aspiraba a ser una nación pacífica y libre de injerencias súper heroicas.
En el primero de los capítulos se nos invita a elucubrar qué puede salir tan mal para que las cosas acaben de maneta tan dramática para la comunidad heroica. En cierto sentido Sampere y King repiten la fórmula empleada con el soberano, cargando las tintas en las expectativas. Más aún si atendemos a algunos detalles del vestuario de la Matriarca, que luce en la contraportada del mismo WW #15 con dos anillos: el de la Legión de Súper héroes y el de Linterna Verde.
En el segundo, con guiño y todo a Alex y sus drugos, nos toca revisar un par de veces si de verdad estamos leyendo un cómic de Wonder Woman en la continuidad oficial o si se trata de algún Elseworld enfocado expresamente al público adulto. Pocas veces hemos visto un capítulo tan cruento y violento como este, bordeando la explicitud y retratando sin ambages el terror de los autoritarismos, desde su ascenso sibilino sin que nos demos cuenta, hasta su consolidación purgando con sadismo las voces díscolas y penetrando hasta nuestros hogares.
Sobre estas líneas recogemos una viñeta en la que Mouseman le dice a Wonder Woman que siempre le han subestimado y cierra el capítulo aseverando que ha olvidado todo lo que le han dicho desde que llegó a Moray: «Mouseman sabe». King, en su cruzada contra los déspotas que se creen líderes, nos recuerda que los hombrecillos heridos son peligrosos y debemos combatirles.

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