«… y, al hacerlo, cometí el error más terrible imaginable«
Llegamos al final del viaje en el que nos hemos embarcado con Mark Waid y Panini y llegamos a la DC actual, la que lo peta en ventas y que parece haber dejado atrás los tiempos en los que sentía con incomodidad la respiración de Marvel en el cuello. Y este último tramo no podía empezar por ningún otro lugar que no fuera Flashpoint. ¿Por qué? Porque este crossover, que no podía haber salido de ninguna cabeza más que de la de Geoff Johns, marcó una gran diferencia con respecto a las Infinitas Crisis en Tierras Finitas de Infinitas Variables en Crisis Infinitas que veníamos soportando (que ya no disfrutando) en esta editorial. Me explico: Cada vez que DC sentía que estaba en un momento de crisis en ventas (que a finales del siglo XX y principios del XXI fue cada dos semanas aproximadamente) salía con la misma estrategia: montar un episodio de Crisis universal (con diversos y confusos nombres), matar a algunos personajes al azar (a ser posible algunos que no estuvieran protagonizando sagas con buenas ventas) y dar paso a un nuevo y remendado universo DC en el que los supervivientes medraran hasta la siguiente Crisis.
Johns recibió el encargo de crear uno nuevo de estos episodios, pero la cosa no pintaba tan mal como otras veces (de hecho había cabeceras, como la de Batman que empezaba a escribir un tal Scott Snyder, que estaban funcionando) así que la idea fue que la cosa acabara en un ‘soft-reset‘. Lo que el guionista se sacó de la chistera fue un viaje al pasado de Flash que acabaría con la vuelta a la vida de su madre asesinada y con un universo en el que (cosas de la Teoría del Caos) no se desarrollaban los metahumanos. Su posterior intento por deshacer la cagada terminaría por ocasionar daños mayores y mucho más interesantes al continuo espacio-tiempo y nos permitirían conocer un nuevo universo en el que, entre otros muchos cambios, veríamos al padre de Bruce Wayne convertirse en un violento Batman que buscaba venganza por la muerte de su hijo y la caída en la locura de su mujer (que se convertiría en el Joker). La vuelta a la normalidad tras este evento nos dejaría con un universo sólo ligeramente distinto pero con la firme intención de invertir lo que fuera en conseguir alcanzar a una, por aquel entonces, imparable Casa de las Ideas.
«… todavía ignoramos con qué fin, aunque sospecho que pronto lo sabremos«
Sin embargo, y pese a grandes sagas como toda la etapa de Snyder al frente de Batman o toda la etapa de Snyder al frente de la Liga de la Justicia, lo cierto es que DC ha ido a remolque de su más directa competidora durante casi todo este siglo XXI y la cosa sólo ha cambiado cuando la Crisis ha resultado ser de verdad y no una cosa creada para vender cuatro cómics más.

Nueva Historia del Universo DC #4
Resulta que, al igual que pasó con la infame Marvel de los 90, DC ha necesitado verle las orejas al lobo para que alguno de sus directivos de un golpe sobre la mesa y ofrezca algo impensable, aborrecible en un terreno como el de los cómics en el que la creatividad y la imaginación deberían estar prohibidas: libertad creativa. Resulta, decía, que al dar cierta libertada a los autores, dentro claro está de unos determinados límites que el lector no tiene por qué conocer, muchos creativos se han frotado las manos y se han lanzado a crear historias que llevaban mucho (demasiado) tiempo en el tintero. Y así ha nacido (entre otras cosas) el Universo Absolute. Y así nos hemos encontrado con una época en la que es DC por fin quien parece tirar del carro de la creatividad en un mundo, el del cómic norteamericano, que parecía haberse estancado.
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