Mariposa Mental, Tormenta, Legión… son muchos los nombres que en el nuevo tomo de Tribulaciones de X se enfrentan a secretos propios (y ajenos) y afrontan verdades no siempre fáciles, pero sí necesarias. Autoconocimiento y conocimiento del entorno, esas son las claves que envuelven las aventuras aquí recogidas por Panini Cómics.
«Pero ahora… te veo tal como eres»
Tenemos, en este orden, un capítulo de Infernales, dos de X-Force, otro de S.W.O.R.D. y otros dos de Senda de X, todos ellos con la suficiente enjundia como para acaparar por entero los artículos de entrada y cierre del volumen. Lástima (y ya toca dejar de contar las veces que pasa esto desde que Julián Clemente delegara estas labores) que el articulista de la colección hable de todo menos de Krakoa y los cómics que nos ocupan.
Arrancamos con Infernales, donde Zeb Wells continúa (pero no termina) con las «confesiones» de Siniestro. Unas confesiones que entrecomillamos porque no son tales, sino que le han pillado con las manos en la masa. Entra ahora en juego, además, el otro gran secreto de la cabecera y es el que compete a Mariposa Mental y el chantaje que viene sufriendo del ególatra villano. Por otra parte, quizá nos vinimos muy arriba la última vez respecto a las implicaciones de Quimera, y su revelación decepciona un poco. Pero es un buen golpe de efecto. Por último, resulta interesante la mención a Emma Frost, que la aúpa a una posición de dominio e influencia en las sombras, en paralelo -y quién sabe si en contra- a los intereses de Xavier y Magneto. Es en estos detalles donde se nota la impronta que has dejado las verdades de Inferno en Krakoa.
En X-Force, Benjamin Percy continúa jugando a los espías y explorando las posibilidades de la tecnología basada en las plantas. Este fue (y es) un punto de fricción entre Krakoa y Tierra Verde, alcanzando uno de sus puntos más tensos en la reciente Gala Fuego Infernal. Así, cuando el equipo de Bestia y Sabia aún está haciendo balance de daños, aparecen nuevos actores. Entre ellos un amienemigo del que no tenemos contexto, pues fue presentado (por el propio Percy) fuera de Krakoa. De todas formas no tiene visos de convertirse en un habitual, así que la falta de empatía que nos provoca no es un asunto de importancia. Por lo demás, el enfoque que le da el guionista a la serie, combinando la acción con el thriller de espionaje, le sienta muy bien. Máxime cuando ni los propios héroes parecen de fiar. Obvio, hablamos de Hank McCoy.
Respecto a S.W.O.R.D., Tarn el Insensible hace doblete (le estamos viendo en los últimos capítulos de Infernales) y aquí se erige como juez y confidente de Ororo, de quien reclama verdades expresadas con actos y no con palabras. Lo de esta serie es algo confuso, pues Al Ewing no para de abrir frentes y mirar en diferentes sitios, pero sin centrarse en nada en concreto. Primero el mysterium, la política galáctica, ahora el día a día en Arakko… a pesar de que siempre aporta conceptos interesantes, la dispersión de ideas empieza a jugar en contra de la cabecera. Veremos lo que dura.
Y acabamos con Senda de X, que lo deja todo a punto de caramelo para su gran final. Ahuyentada la noción religiosa de es código o doctrina con la que Rondador Nocturno quiere unir a todos los mutantes. La ambición filosófica de Si Spurrier se ha ido diluyendo con el paso de los números hasta concretarse en algo tan básico y prosaico como ser buenas personas. Es un ideal que todos deberíamos compartir, pero que no necesitaba de cinco números para concretarse. Como suele decirse, mucho ruido y pocas nueces. Por el camino, sin embargo, otorga a Legión una críptica importancia que sí aspira a tener una mayor enjundia. Pasa como con El juicio de Magneto, demasiado bombo y vueltas de tuerca para cuestiones que habrían tenido mucho más impacto narradas de forma más concreta.

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