Hombres, mujeres y niños

Hombres, mujeres y niños: Connecting people


Jason Reitman se aleja de la picaresca que mostraba Juno y Up in the air. En Hombres, mujeres y niños prosigue con su crítica pero disminuye en mordacidad; ahora parece aburguesarse con este argumento de historias entrecruzadas, protagonizados por integrantes de clase media en todos los rangos de edad.

El protagonista principal es Internet, el motor que pone en funcionamiento esta muestra, el canal de comunicación de la sociedad, por el que circulan mensajes a exhibir o por el contrario esconder. La herramienta del Siglo XXI solamente facilita nuestras relaciones sean de la índole que sean. El guion no juzga Internet, pero sí a sus personajes, ejemplos de nosotros, los habitantes de la aldea global. Por la fibra óptica correrán secretos, curioseos, confesiones, buenos y malos consejos, pero las reacciones se harán en nosotros mismos.

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La primera lectura de la película es que las redes sociales acaban con las relaciones entre las personas. Son los accesos los que han evolucionado. El largometraje es una crónica actual que no enjuicia como el relato de Her sobre el la inventiva venidera que se aproxima. Pero hoy los humanos no estamos atrapados por la tecnología: son nuestras herramientas para saber de los demás humanos. De ahí que los temas tratados en la película nos son familiares: la anorexia, las ansias por descubrir el sexo, el deseo de alcanzar la fama, el adulterio, los primeros amores, el excesivo control de los padres con los hijos,… Ni el wi-fi ni Whatsapp han inventado nada nuevo; son una vía más ágil para compartir primicias, transmitir lo incómodo o lo prohibido, para avisar a un amigo si tenemos un problema, enterarnos por Facebook de las nuevas parejas de nuestros allegados, esconder un comportamiento no demasiado correcto.

La nueva herramienta está al servicio de los ciudadanos sin importar la edad de estos. Los problemas de los padres a mediana edad suelen ser similares: se prodigan los abandonos y la chispa del amor o del sexo decae. Tampoco cambia mucho el adolescente actual al de hace quince años. A día de hoy tienen más facilidades para satisfacer sus necesidades. Qué bien le hubiera venido a Jim el tener acceso a tantas webs porno en vez de la cámara pixelada en American Pie. Tienen las mismas preocupaciones: les inquieta la línea, sus conquistas o sus amoríos mientras hacen trabajos de historia para clase, sólo que ahora investigan sobre el 11-S.

Kaitlyn Dever y Ansel Engort en Hombres, mujeres y niños

Para la narración hay unos actores entregados a la causa que saben reflejar muy bien la contención, pese a que sean arquetipos ya vistos. Entre los mayores está Adam Sandler alejado de la vis cómica que le acompaña siempre. Jennifer Garner es la madre controladora y sobreprotectora, un rol demasiado exagerado. Su antagónica es Judy Greer, que crea una progenitora que peca de exponer demasiado a la suya, o Dean Norris que no sabe desenvolverse como padre soltero con hijo adolescente (Ansel Elgort sumando puntos en su carrera). Por encima de todos ellos habla Emma Thompson en voz en off rigiendo el cotarro como una fuerza omnipresente del universo, una divinidad dentro del cosmos que enseñan desde el inicio, haciendo referencia a “Ese pequeño punto azul”, nuestro hogar -el guion es muy insistente en recordarnos el sentimiento de comuna dentro de la Tierra-. Aun así, el vecindario seguirá con las taras.

Hombres, mujeres… no es un trabajo sobresaliente, pero con ésta se le perdona la anterior, Una vida en tres días. El ritmo y evolución son atractivos hacia el público, que en esta ocasión recibe sólo unas pocas moralinas. El estilo es muy neutro y se sigue bien. Se mueve dentro de los parámetros de lo políticamente correcto y el relato está muy contenido, pero ahí radica su fuerza: en enseñar las breves conversaciones cara a cara, en la importancia de un viral, en las muy bien diseñadas páginas de contactos, en los videojuegos online… Bienvenidos al presente.

Acerca de María Aller

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Madrileña. Comunicadora. Periodista. Sagitaria. Bonne Vivante. Cine. Y festivales, series, libros, cocina, deporte... recomiéndame!

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