La mujer de negro 2

La mujer de negro 2: No hubo escarmiento

Como no viene al caso comentar la primera parte de La mujer de negro, salvo para decir que es mucho más sobresaliente que la segunda, o que tiene sustos infinitamente más auténticos y necesarios (los mejores de esta segunda parte, sin lugar a dudas, están contenidos en el tráiler que, teniendo en cuenta el resultado final, se podría decir que es una auténtica obra maestra); o que cuenta con distinto director, guionista y reparto, o incluso, poniéndome un poquito más pesada, que la mencionada primera parte tiene una trama que sin ser nada del otro mundo, entretiene que es un primor… intentaré no volver a mencionarla, pero no sé si lo conseguiré.

 

La mujer de negro 2

 

La mujer de negro 2: el ángel de la muerte, tiene lugar durante la Segunda Guerra Mundial, cosa que para empezar y según los gustos, podría resultar bastante prometedora, ¿no es cierto? Pero más prometedor es que nuestra protagonista, una joven, atractiva y cándida profesora (Phoebe Fox), junto con la militar pero también directora del antiguo colegio (Helen McCrory, con pinta de Señorita Rotenmeyer), se deban encargar de un grupito de niños que, dada su reciente y dramática situación personal, se ven obligados a salir por patas de Londres y esconderse para mantenerse a salvo. Pero, ¿he dicho niños? ¿Un grupo de ocho infantes en la trama? ¿Y hay algo más espeluznante que un niño inocente en una película de terror, sabiendo además que la infancia es la principal víctima del espantajo negro?

 

Hasta aquí, todo bien, salvo porque desde el principio quieren darnos elementos que alguien debió considerar indispensables, como es el caso del love affair de la protagonista (Jeremy Irvine), que para colmo, se ve venir como si fuera un tren de mercancías. Aún así, de acuerdo, que sí, que la cosa no pinta nada mal: tanto la ambientación, maravillosa, como las primeras pinceladas de los personajes principales, e, insisto, como el rollo de meter en el ajo a un grupo de niños para procurar ponerlos a salvo (inocencia y desgracia juntas, como es el caso del que termina siendo el favorito de la prota; Edward (Oaklee Pendergast, el pequeñajo de Lo imposible), huérfano y mudo desde que se quedó solo), hacen que el espectador se interese rápidamente por la trama, advirtiendo además que, como es de esperar, se dirigen directamente a la boca del lobo: la dichosa Eel Marsh House, en Crythin Giffor.

 

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Pero, vaya hombre, la cosa cambia desde el momento en el que llegan a la casa. Una vez en su interior (reconozco que me gustó volver a verla con los nuevos cambios imprimidos merced al paso del tiempo), no tardan demasiado, gracias a los juegos infantiles, en ubicarnos en los focos donde más mal rollo hubo en la primera entrega. Y tras estos primeros momentos, llega la lentitud; el querer contarnos más de la cuenta sin saber dónde o cómo echar el freno para dinamizar la historia. De este modo, con la pereza a cuestas, en una cinta que no dura más de hora y media (el trasero del espectador discrepará), veremos amplia y demasiado sosegadamente los preparativos para transformar una casa «mal rollera» (léase fantasma) en una casa escuela, eso sí, entre sustos casi siempre predecibles y a veces incluso torpes y sorprendentemente estúpidos.

 

Por otra parte, faltaría más, conoceremos más de cerca a nuestra luminosa protagonista (tanto su actuación como la del resto del reparto, todo hay que decirlo, son otro de los puntos más respetables de la cinta), cuyo sobado trauma pasado se va imbuyendo más leeeeeentamente todavía, hasta llevarnos a la conclusión de lo que ya era de cajón según lo visto. Por supuesto, también tendremos nuestra dosis de pasado por parte de los principales secundarios: ninguno brillante, pero con dramas bastante bien encajados.

 

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Y por si todo esto fuera poco, hay momentos como rayos de esperanza convertidos más tarde en ridículo cartón piedra; trucos muy deshonestos que un película de suspense que se precie no debería emplear; reglas que, con un guión redondo, no tendrían por qué saltarse. Y para concluir, para más inri, tenemos un final que intenta rizar el rizo procurando dejar al espectador más o menos conforme, pero que al atar hilos palpablemente a la desesperada, lo único que consigue es darle menos sentido a todo el conjunto.

 

Lo dicho, más que La mujer de negro 2: el ángel de la muerte, tenemos en cartelera una cinta que debería haberse titulado La mujer de negro 2: no hubo escarmiento, puesto que si ya en una interesante primera parte no supieron resolver el entuerto, ¿por qué deberían hacerlo en una segunda en la que ya ni siquiera cuentan con el factor sorpresa de la historia seminal?

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