Prisioneros

Prisioneros: En la senda del mejor thriller

Aún con la alargada sombra del hombre de moda en Hollywood, Ben Affleck, y su estupenda ópera primera Adiós pequeña, adiós presente en todo momento, Denis Villeneuve consigue crear un thriller absorbente, metódico como el mejor Fincher y con una atmósfera opresiva que sabe elegir bien sus focos. El director canadiense (con quien tuvimos el placer de hablar en San Sebastián sobre Enemy, otro de sus inminentes estrenos) demuestra un gran conocimiento del género que aborda, utilizando de forma eficiente los recursos de los que dispone para meternos de lleno en la historia. Así, su fotografía (obra de Roger Deakins, habitual de los hermanos Coen) nos traslada a films como El Silencio de los Corderos (Jonathan Demme, 1991), con unos tonos fríos que potencian las terribles sensaciones de inquietud de las sufridoras familias protagonistas. Es interesante también la utilización de los espacios y la función de la lluvia para generar la atmósfera claustrofóbica de la cinta. Las calles son lugares desapacibles y solitarios. Salvo en un par de momentos puntuales están desiertas. La lluvia, recurrente, genera la misma desazón que en Seven (David Fincher, 1995), y la acción también transcurre en lugares cerrados en los que predomina la oscuridad y la luz artificial. Se mata casi cualquier esperanza.

 

Jake Gyllenhaal y Hugh Jackman en Prisioneros

 

Mientras, su trabajado montaje y la meticulosidad de su discurso evoca a otro de los clásicos modernos del thriller policiaco, Zodiac (David Fincher, 2007). Como en aquella cualquier detalle importa, tanto en la investigación como en la creación de los personajes, en donde una simple comida dice más de estos que cualquier conversación. A este respecto, de entre los actores, es obligatorio destacar la labor de un Jake Gyllenhaal para definir a su personaje: sus tics, tatuajes, corte de pelo, actitud…

 

Villeneuve hace especial hincapié en la dimensión humana del conflicto, posando su mirada en los personajes de Keller Dover (Hugh Jackman) y el detective Loki (Jake Gyllenhaal), las dos caras del drama: El padre capaz de bajar a los infiernos y sumergirse en una espiral autodestructiva y de violencia por salvar a su hija y el policía expeditivo, entregado en cuerpo alma al caso, capaz de enfrentarse a quien sea y forzar la situación para responder a las expectativas y seguir siendo el mejor, obligado a no fallar. Ellos son los verdaderos prisioneros de la película, arrastrados por la visceralidad y crudeza de la pesadilla que les agarrota.

 

153 minutos filmados con un excelente pulso. Prisioneros es de esos títulos que logran conciliar a crítica y público con el cine de aspiraciones comerciales pero que no renuncia a su espíritu autoral. Una película de director que se engrandece con un reparto que hipnotiza al público con sus actuaciones: Melissa Leo, Paul Dano, Viola Davis… ¿quién da más?

 

Con todo, es una lástima que el último acto se le vaya de las manos a Villeneuve por culpa de Aaron Guzikowski, que dibuja unos personajes que se traicionan a sí mismos y se comportan de forma incoherente a como lo han hecho hasta entonces (en especial el personaje encarnado por Hugh Jackman), lo que resta verosimilitud y fuerza al desenlace. Un pero que no desmerece un trabajo capaz de competir con los films a los que referencia sin ningún tipo de pudor.

 

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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