Xenia

Xenia: La crítica más onírica

El cometido principal de Xenia es hacer una crítica a la falta de solidaridad entre pueblos, sobre todo basándose en la realidad que padece Grecia, donde la nacionalidad se consigue solamente por los lazos de sangre y no por el lugar de nacimiento. Ese es la raíz, los emperifolles –que son muchos– llegarán después.

 

Para hacer tal reivindicación, el realizador Panos H. Koutras se apoya en la historia de dos hermanos albaneses cuya madre acaba de fallecer. Dany tiene 16 años y Odysseas 18, son muy diferentes entre ellos, pero se juntan y deciden ir en busca del padre, que les abandono de niños. Si les reconoce, conseguirán la nacionalidad griega.

 

Kostas Nikouli, Xenia

Kostas Nikouli en Xenia

 

Los dos actores, que no son profesionales, se toman este reto pisando el acelerador (no hay otra manera con un envoltorio tan rocambolesco). Los roles, sobre todo el de Dany, que le toca a Kostas Nikouli, son un cúmulo de sensaciones nuevas a vivir en todos los sentidos. Al más joven le toca vivir el doble rechazo: a su pasaporte se le añade el sello de homosexual, con lo que el repudio será mayor. El hermano mayor es para Nikos Gelia que le da estoicidad, pero sabe dotarle de dulzura a su sereno personaje.

 

El cineasta heleno hace uso de un estilo abigarrado con descaro y sin conocimiento de la vergüenza. A este drama social añade una mezcolanza que tiñen a la trama con colores chillones; hay de todo, desde huidas por el bosque hasta concursos de talents musicales (“Greek star”). Su anárquica perspectiva hace que la luz que proyecta este drama social sea un arco iris sin dirección fija. Su firma es por tanto vivaz, pero sus ansias de incluir mucho hacen de la película una fantasía descabellada, pero sin embargo, asequible.

 

Koutras traza una historia de rebeldía, porque el trasfondo es duro. Estos chicos son extranjeros en el país que les ha visto crecer, por eso tanta impotencia les arrastra a cada uno a unas circunstancias, según sus personalidades. Su obra es una mezcla de géneros, una aventura, una historia fraternal, números musicales, con el halo de lucha social en todo momento, hasta acabar con reminiscencias de thriller y con un cameo de una diva de la música italiana. Para narrarla cuenta con los dos protagonistas y se apoya en giros con toque onírico para llevarla a cabo. Este mundo de ensoñación, que va en paralelo con el viaje de los chicos no casa en su totalidad con la historia.

 

Kostas Nikouli, Nikos Gelia, Xenia

Kostas Nikouli y Nikos Gelia son los protagonistas de Xenia

 

La suma del todo es un collage muy kitsch. Si al inicio el guion mantiene el interés, el sendero por el que transita después es un revés constante con momentos lúcidos y otros que se sumergen en el descontrol. El desenlace al que llegan es bastante absurdo, y no sólo por su excesiva duración, sino por la situación tan inconclusa en la que se adentran los personajes. Además durante el metraje aparecen escenas poco necesarias, como las que enfatizan demasiado la pluma de Dany.

 

Sin embargo, dentro de este croquis tan colorista se encuentran muchos significados, empezando por el título: La palabra “xenia” (que es como se llama el hotel abandonado donde los chicos pasan la noche) significa solidaridad en griego antiguo. Muchos dirán que no entendieron nada y es normal. Sin embargo, ésta es una película abierta a todo tipo de lecturas, amén de la protesta a la xenofobia.

 

Estrafalaria, en algunos momentos indescifrable y en otros embelesadora. Xenia posee el privilegio de no dejar indiferente, guste o no.

 

Acerca de María Aller

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Madrileña. Comunicadora. Periodista. Sagitaria. Bonne Vivante. Cine. Y festivales, series, libros, cocina, deporte... recomiéndame!

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