Servamp #9

Servamp #7-9: La actualizada receta del éxito

Servamp #7No parece que seas tan crío

 

Llegamos al noveno tomo de Servamp en ECC y en él nos encontramos con la confirmación (que ya conocíamos por internet) de que el manga de Tanaka Strike logró su adaptación al anime. Esto, que viene siendo un síntoma más del éxito de una serie determinada, se logra en este caso limando algunas de las cosas que hacían de este un shojo diferente para convertirlo en un shonen al uso, aunque su estilo pictórico y su distribución nipona respondan al género con el que se comercializó originalmente. Esta es, por desgracia, una receta para triunfar muy común en estos días, tratar de parecerse a lo que mejor vende para poder participar en parte de su éxito. Pero tiene el riesgo de que, por el camino, uno puede diluirse tanto en la referencia que deje de tener nada propio y que esto, finalmente, sea uno de los clavos sobre su ataúd.

 

No ocurre eso de momento con Servamp y, pese a haber perdido parte de su esencia, continúa en estos tres tomos con un muy buen nivel. Pese a ello, ya se adivina hacia dónde se dirige la serie y cuál puede ser su último arco argumental. No está mal: si todo sigue por donde aparenta tendremos una serie que se limita a contar la historia que tenía planeada desde un principio sin incurrir en trucos ni trampas para estirarla como un chicle (uno de los problemas comunes a mangas como Naruto, Bleach e, incluso, Bola de Dragón). Cada vez está más claro que el enemigo final de Mahiru Shirota, Kuro y sus amigos va a ser alguien del C3, viendo como el argumentario de la historia va tratando más y más cada vez sobre la integración vs. la segregación. Un tema de primerísima actualidad en estos días en los que países como Italia o Brasil están continuamente en las portadas de los periódicos.

 

Como sigas parloteando te mato aquí mismo

 

Volviendo al presente del manga, en Servamp #7 cristaliza el plan de rescate a Litch y el Servamp de la Avaricia. Esto significa (no podía ser de otra forma) que el confrontamiento con Tsubaki termina por producirse y éste no decepciona a nadie. Esta pelea (si es que podemos llamar así a la escabechina que produce el Servamp de la Melancolía) no sólo pone fina a la trama actual, sino que nos conduce de cabeza a la siguiente (ya en Servamp #8 y #9), que nos presenta a unos nuevos personajes divertidos y muy interesantes. Divertidos porque entre los tres componentes de la Patrulla de Combate de la C3 tienen una química entre ellos muy simpática y que se hunde en una serie de historias bastante profundas e interesante porque pone sobre la mesa algo terrorífico: la humanidad de los ejecutores de cualquier sistema represivo.

 

Servamp #9

Servamp #9

 

Y es que cuando pensamos en la Gestapo o en la KGB de la Guerra Fría solemos imaginarnos a sujetos fríos y crueles con un cierto toque de sadismo y nulas dotes sociales más allá de aquellas ensayadas frente al espejo cada noche antes de la siguiente misión. Strike rompe con esta imagen (ampliamente difundida por otra parte por el cine y la televisión) al presentarnos a unos ‘comandos de la muerte’ de la C3 con familia e hijos y una relación de pura amistad entre sus miembros. Al humanizar a estos asesinos despiadados de vampiros uno no puede sino trasladar la historia al mundo real para darse cuenta de la forma tóxica en que ciertos regímenes del pasado (y quizás no tan del pasado) utilizaban a sus ciudadanos para sus propios fines, haciendo que estos fueran capaces de olvidar la humanidad de sus enemigos, pero conservando intacta la suya propia. Tsurugi y Tsuyuki son dos ejemplos extremos de esta filosofía: el primero es una víctima de la propia organización para la que sirve mientras que el segundo es una persona consumida por el odio que su propia organización (vendida, recordemos, como un ente por la convivencia) alienta entre sus filas.

 

Servamp se va acercando, de forma inexorable, a su final y en éste no sería de extrañar que los que ahora vemos como enemigos se unan para combatir a un villano mucho más peligroso y siniestro: los Estados y su propia intolerancia.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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