La saga de la tablilla tiene en este volumen su agónico final. Tan agónico que a estas alturas ya nadie se acuerda de ella, un mcguffin exprimido hasta el imposible, pero que sirvió de excusa para, por ejemplo, traer a Johnny Storm hasta la cabecera en el cierre del enfrentamiento entre Spiderman y el Lagarto.
«¡Cuidado! ¡Un chiflado nos ataca!»
Y es que así es como empieza este volumen número #17 de la Biblioteca Marvel que Panini Cómics dedica al trepamuros. Entre las muchas vicisitudes derivadas de la infame tablilla, la última fue la que concernía a Curt Connors, secuestrado para revelar su secreto y posteriormente convertido una vez más en el incontrolable Lagarto. Es en estas donde se produce el accidentado tie-in entre el más joven de Los 4 Fantásticos y Spiderman. Como siempre, la falta de comunicación (aquí lo normal es pegar y luego preguntar) enreda el conflicto y regala más problemas que soluciones a nuestros protagonistas.
Esta será la tónica del presente volumen, bastante funcional en muchos aspectos, pero poco inspirado para lo que venía aconteciendo en las últimas aventuras. Porque seamos sinceros, ¿quién conocía al Canguro antes de leer este tomo? Junto al Merodeador, este villano australiano, más preocupado por esquivar a las autoridades migratorias que por delinquir, hizo su debut en estas páginas en un olvidable número y luego tendría una participación testimonial en una entrega posterior (ya llegaremos a ella en algunos meses), pasando décadas enteras hasta verle de nuevo ya durante los acontecimientos de La conspiración del clon.
Mayor fortuna tuvo Hobie Brown, cuya carrera en los cómics tampoco es que haya sido especialmente destacada, pero con su llamativo aspecto logró agarrarse al imaginario colectivo, hasta el punto de dejar la villanía para convertirse en aliado del trepamuros, de saltar a medios como la televisión y los videojuegos e, incluso tener su propia versión arácnida. ¿Spider-Punk? Exacto, es Hobie Brown. Así, aquí podemos disfrutar de su presentación en sociedad.
Y quiénes también merodean por estas páginas son dos clásicos entre clásicos: Camaleón y Electro. El primero tiene el honor de ser el primer enemigo al que se enfrentó el trepamuros y aquí hace su segunda aparición en la colección. Mucho, mucho tiempo para un personaje con esa importancia histórica y que luego ha seguido apareciendo en la vida de Peter; aunque, eso sí, a cuentagotas. Ambas historias, la de Electro y Camaleón se resuelven de manera casi funcionarial, pero permiten poner también el foco en algunos de los secundarios civiles, en concreto de los Stacy y de Jonah Jameson. La creación de mundo es uno de los valores diferenciales de Spiderman y aquí, entre peleas entre tipos disfrazados y los lloros habituales de Peter, podemos disfrutar de la irascibilidad del director del Daily Bugle o de cómo se fortalece el noviazgo entre Peter y Gwen a pesar de los continuos boicoteos del primero.

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