«Sólo eres un hombre«
No quiero emocionarme. No debo emocionarme. Su etapa en Veneno me emocionó al comenzar y mira cómo ha terminado. Y la primera parte de esta etapa de Al Ewing al frente del dios del Trueno me descolocó desde el principio, así que mejor templemos los ánimos y… ¡Joder! ¡Sí! Puede que este primer número (con tras capítulos, ahora Marvel se lee así en España chavales, cosas de Panini y su exceso de materiales), digo que puede que esta primera entrega de El Mortal Thor sea lo que más me haya gustado de cuanto ha escrito este autor para el mítico personaje desde que se hiciera con las riendas de la serie hace ahora un par de años. Ewing le ha quitado al personaje a Mjolnir (aunque algo encontrará para sustituirlo), lo ha despojado de sus recuerdos y de sus poderes y divinidad y lo ha arrojado a los inhóspitos Estados Unidos de la actualidad, donde cualquiera puede ser discriminado y perseguido sin más razón que la crueldad.
Y es ahí, libre por fin del peso de la corona y de las responsabilidades que conlleva convertirse en el Padre de Todos, cuando Thor (ahora Sigurd) puede por fin desmelenarse y repartir justicia a martillazos. Ewing baja, literalmente, al dios de la mitología nórdica al suelo donde huellan los mortales y lo enfrenta no a otros dioses o seres de leyenda, sino a bandas de moteros y matones al servicio del poder corporativo. Es decir, que el autor de la etapa más punki, transgresora y terrorífica de Hulk vuelve a lo que más le gusta: a darle de golpes en la cara (y donde más duela) al poder establecido, ése que se está cargando el planeta en el que vivimos y haciendo de las vidas de los simples plebeyos un insoportable infierno para el que ni tan siquiera la muerte parece ofrecer escapatoria.
«Ése es quienes somos«
No es sólo que el personaje se haya librado de las cadenas que le oprimían (algo que, intuyo, es el destino final que persigue toda esta etapa), sino que Ewing escribe en El Mortal Thor a un Sigurd que es más Thor que el propio hijo de Odín. Libre por fin de todas las imposiciones que le han ido cayendo encima desde tiempos de Jason Aaron (no ha llovido ni nada), Sigurd simplemente se limita a vivir según como la consciencia le va dictando y da la casualidad que esa vida es justo la que siempre añoró el bueno de Thor cuando se vio obligado a heredar el título de su difunto padre.

El Mortal Thor #1 (#168)
Quiero decir con esto que este El Mortal Thor #1 (#168), aparte de contar con un dibujo maravilloso (y a veces brutal) por obra y gracia del gran Pasqual Ferry, es un cómic cien por cien disfrutable que, además, no exige al lector haberse empollado todo lo que viene de antes en la(s) serie(s). Baste con saber que hay un nórdico nuevo en la ciudad y que este tipo no va a tolerar que un tipo trajeado le diga cómo y cuándo debe trabajar por una miseria al mes.
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