«Toda la gente que creímos que estaba refugiada en su casa…«
Me voy a hacer una camiseta en la que ponga #FreeWriters (Liberen a los Guionistas), en serio (bueno, en serio no, que las camisetas cuestan dinero y yo vivo del aire). Al Ewing nos está ofreciendo mierda de primerísima calidad con la absurdez en la que se ha convertido la cabecera de Veneno con Marvel y, sin embargo, con DC, nos vende puro cine con su reinterpretación del concepto de Green Lantern para la serie de Absolute sobre este personaje que está publicando actualmente Panini en nuestro país. Y uno no puede evitar preguntarse cuál es la diferencia entre ambas situaciones. Y la respuesta es clara: mientras que a Ewing en la serie del simbionte no han dejado de lloverle imposiciones (desde la tontería esa de Matanza no levanta cabeza el argumento), en la versión Absolute de los de la fuerza de la voluntad el guionista se está encontrando con una absoluta (chiste fácil) libertad creativa que le ha llevado a tirar de la Green Lantern más inesperada, a convertir a Hal Jordan en una suerte de villano y a la historia de este apartado del universo DC en un relato de terror y misterio que me tiene enganchadísimo.
Por ahora (y supongo que hasta que termine este primer arco) Ewing nos está contando una historia en dos tiempos: uno presente en el que Jordan se ha convertido en una máquina de matar con un brazo de pura negrura que me trae recuerdos de La Noche Más Oscura y en el que Jo Mullein se alza como la inesperada heroína que hereda sin querer los poderes de Abin Sur en su extraña y aún inexplicable incursión en la Tierra. Y otro en un pasado por el que se están dejando ver los principales personajes de la mitología de los Green Lantern de la Tierra y en el que nos muestran las principales características que los definen antes de… ¿¡pero se puede saber qué demonios les ha hecho Abin Sur a los habitantes de Evergreen!?
«¿A que es lo más bonito que has visto nunca…?«
Porque ya contamos con cuatro capítulos y el misterio parece lejos de resolverse. Es más, el mamonazo del guionista nos ha estado contando un cuento sobre el verde y el amarillo que parecía llevarnos en una dirección (y aún hay tiempo para que ello ocurra) y que, sin embargo, no nos ha preparado para la ANOMALÍA del Absolute Green Lantern #4 que vio la luz el pasado mes de diciembre en España (con los tres meses de diferencia con EEUU que caracterizan a Panini). Y todo esto tocando conceptos, como el tema del amarillo y el verde que comentaba antes, que juegan a alimentar la imaginación de quienes conocemos el pasado de estos personajes al tiempo que ceban la inquietud y el desconcierto de quienes se enfrentan de nuevas a todo este universo. Todo un ejercicio de prestidigitación que no sorprende a quienes ya disfrutamos de la magnífica etapa de Ewing al frente del Inmortal Hulk y que deja bien claro lo importante que es que este autor pueda disfrutar de espacio para desarrollar sus ideas, por locas que éstas suenen.

De la dragonballización de Abin Sur mejor hablamos otro día
Si con Absolute Batman estoy rendido a la reinvención del personaje y de sus relaciones con amigos, enemigos y aliados de mano de Scott Snyder. Con Absolute Green Lantern sé que simplemente me he de dejar llevar por una historia que se regodea en la sorpresa y que tiene muy claro de dónde viene y hacia dónde pretende dirigirse. Normal que el universo Absolute haya tomado las tiendas estadounidenses al asalto: es la mezcla perfecta de tradición y novedad que el lector veterano quiere y es tan inesperado, fresco y atractivo que es capaz de atrapar a lectores que no saben nada de la complicada continuidad de la editorial.
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