«Vamos a sacar un corazón«
Me estaba planteando cómo encarar la reseña de este último número de la que puede que sea la mejor etapa de Nightwing de la historia, no tanto por grandes aventuras como por la manera en que Tom Taylor y Bruno Redondo han captado el alma y la esencia del personaje creado por Marv Wolfman y George Pérez en 1984, y he terminado pensando, precisamente, en que no estamos hablando de una etapa en la que Dick Grayson haya recogido el manto de Batman (eso ya ocurrió) ni que hayan lanzado al héroe a otro planeta poblado por monstruos (porque eso le pasó a Hulk y no le sentó nada bien). No. Esta etapa que Panini ha recogido en siete tomos se ha caracterizado por mostrarnos la cara más luminosa y optimista de la versión de Batman que salió bien. El huérfano que logró superar el trauma. El héroe que nunca dejó de sonreír.
Y esto me ha llevado a pensar en qué es lo que esperamos de los cómics. Nos encantan las grandes aventuras, eso está claro, pero no es eso lo que de verdad nos atrae de un tebeo. También nos encantan las grandes reflexiones sobre la vida, pero eso también acaba por cansarnos, igual que los dramas, las grandes historias de amor, las peleas de instituto, los zombies… Al final, en un cómic buscamos dos grandes cosas: un espejo en el que mirarnos y una ventana hacia un mundo mejor. La primera parte es algo que, por ejemplo, Marvel ha sabido siempre contar con gran acierto (y de ahí sus Spiderman, Kamala Khan, los mutantes…) en unas historias que son más o menos oscuras dependiendo de la luz que le esté dando al mundo en determinado momento (de ahí que ahora estemos ‘disfrutando’ de una época verdaderamente lúgubre en los cómics de la Casa de las Ideas).
«Nadie te recordará, te lo prometo«
La otra parte, la que nos ofrece las vistas al mundo que podría ser, está perfectamente representada por la etapa que cierra este tomo. Nightwing no es infalible, para nada, ni es el mejor hombre ni el mejor ser humano, y precisamente por eso es tan fácil empatizar e identificarse con un tipo que va haciendo acrobacias por los tejados de Blüdhaven y que golpea a sus enemigos con dos palos que parecen baquetas de batería pintadas de azul. Es fácil porque no sólo es como nosotros somos, sino que, además, es lo que muchos de nosotros aspiramos a ser. Es la clase de adulto funcional que nos gustaría llegar a ser algún día y que, además, es guapo, rico, y reparte hostias como panes.

¿Qué mejor villano para un héroe que es todo corazón que Heartless?
Escribir (e ilustrar, por supuesto, porque Redondo ha hecho un trabajo formidable con esta colección) un cómic que nos inspire y que nos haga querer ser como su protagonista es complicado, pero ya lograr que se convierta en una de las cosas más divertidas que hacer cada mes cuando salen a la venta las novedades en cómic es… Bueno, es algo fabuloso y es algo que nos hace ver que no siempre las historias de superhéroes tienen que estar plagadas de peleas contra villanos, contra amigos poseídos, contra otros héroes por error, contra versiones malvadas de nosotros mismos… A veces basta con tomar a un personaje y llevarlo de la mano desde el lugar en el que lo dejó el anterior autor y hasta otro en el que los lectores puedan percibir que ha crecido, que ha madurado y que ahora es un poquito mejor y un poquito más sabio.
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